Enter your keyword

1. NOTICIAS

Nb Psicología


José Arcadio Buendía, el mítico personaje de García Márquez, nunca pudo entender el sentido de una contienda entre dos adversarios que estaban de acuerdo en los principios.
Quizá nos pueda parecer una obviedad el que las personas involucradas en algo conozcan las reglas de ese algo … Pero en la realidad, no siempre es así: a veces, nos embarcamos en dinámicas con los otros sin estar de acuerdo en sus principios…. al desconocerlos.

Diferentes teóricos señalan la naturaleza no racional y consistente en los patrones de las dinámicas mediante las cuales las personas se relacionan y lo infrecuente de que estas formas de relación sean precisamente lo que parecen, señalándose que tres de cada cinco interacciones sociales que se producen no son auténticas e íntimas, sino juegos. Las relaciones humanas tienen lugar a través de estos juegos: transacciones sencillas que se repiten a lo largo de la relación. Los juegos se podrían definir como intercambios complementarios al mensaje que se transmite, y que progresan hacia un resultado más o menos definido de la comunicación, siendo las motivaciones de los participantes, ocultas. Estos juegos, serían una vía indirecta para obtener de los otros beneficios afectivos o para expresar emociones socialmente castigadas de forma que parezcan legítimas, al no poderse expresar en ese momento de otra forma más adecuada.

En estos juegos, el drama comienza cuando se han establecido los roles, según el Triángulo Dramático de Karpman, así como las dinámicas de intercambio de estos roles. Estos roles son el Perseguidor, Salvador y Víctima:

– El rol de Perseguidor permite sentirse omnipotente, poderoso, especial, legitimado para dominar al resto. Desde él, se justifican las emociones negativas sentidas y lanzadas contra otros y permite imponer limitaciones a los demás a través de autoritarismo y opresión del otro, haciéndolo sentir inferior. Descubrir el error en el otro por parte del perseguidor, sitúa al otro jugador en un estado de inferioridad sobre él, y así el perseguidor se permite reaccionar con ira y volverse más exigente y crítico en las demandas hacia la otra persona.

– El rol de Salvador produce la percepción de ser importante, competente, fuerte, superior a la persona a la que se ayuda y protege por ser más débil, a la vez que superior al perseguidor del que se le protege, e incluso superior a todos los demás, que no hacen nada, que no salvan. En el rol de salvador, se ayuda, aunque esta ayuda no haya sido requerida, y supone, por tanto, dominancia sobre el otro, al igual que la ejercida por el rol de perseguidor, aunque más encubierta que esta.
– En el rol de Víctima, la persona se muestra desamparada y vulnerable. Sin embargo, suele culpar a otra persona -al perseguidor- a la par que coloca la responsabilidad de sus acciones a otra -el salvador-. El rol de víctima se ubica en la queja, colocando a la persona que juega este rol en una falta de resolución de las dificultades de su vida, volviéndola dependiente de salvadores que actúen por ellas, y de perseguidores a los que responsabilizar, logrando que otras personas tomen la resolución de su vida a la par que se eximen de cualquier culpa de sus acciones.

Todos los roles son intercambiables y una persona puede jugar uno en un momento y otro en otro. El problema de los juegos es cuando los roles son estables o anticipables por el resto de jugadores, los cambios en los roles desde los que nos relacionamos son rápidos y tenemos sensación de descontrol sobre la forma de relacionarnos con los otros, quedando un poso de malestar después de ello, y sin saber la razón por la cual nos hemos comportado de una u otra manera -al tomar uno u otro rol-.

La adquisición de las dinámicas que se producen en los juegos se produce durante nuestro crecimiento, en nuestro seno familiar, principalmente en los primeros tres años de vida, por observación y posterior participación en los juegos presentes en la familia, por ello, cuando se establecen no de forma temporal sino como forma de responder al entorno, se convierten en una fuente de malestar para la persona.

Para poder salir de los juegos es necesario tomar conciencia de nuestra forma de comunicarnos para explorar formas alternativas más directas y positivas de obtener afectos de los otros y poder desarrollar relaciones auténticas e íntimas. Solo desde esta toma de conciencia podremos conocer los juegos a los que jugamos, los roles en los que nos situamos, y las posiciones donde situamos al resto, y decidir con libertad si queremos seguir relacionándonos de tal forma, o si apostamos por una comunicación veraz y auténtica, en la que busquemos afecto y ayuda en el otro de una forma directa y sincera, recuperando el control sobre nuestras vidas y sobre nuestra comunicación.

Solo de esta manera sabremos si estamos de acuerdo con las reglas del juego que hemos impuesto, o si, por el contrario, apostamos por su cambio y, por tanto, por establecer relaciones más sanas, y de mayor calidad.

Pilar de la Higuera
Prácticum Máster en Psicología General Sanitaria

La realidad nos expone diariamente a la migración, ya que España es un país “lanzadera” y receptor de migrantes. Más allá de la visión que nos muestran los medios de comunicación (a menudo sensacionalista o limitada a estadísticas) es nuestro deber desde la psicología sensibilizarnos, comprender y saber trabajar este complejo escenario, así como la repercusión que tiene para las personas implicadas.

Los procesos migratorios exponen a quienes los viven a cambios muy drásticos, y ponen sobre la mesa nuestra capacidad de adaptación. Hablamos de cambios que implican ganancias y pérdidas, aprendizajes y duelos, oportunidades y renuncias… de ahí que una correcta elaboración del proceso migratorio implique un equilibrio entre asimilar lo nuevo y reubicar lo que se deja atrás.

El proceso migratorio puede resolverse “fácilmente” si se elige con libertad (es decir, si no se produce por huir del país de origen para sobrevivir), si se realiza en buenas condiciones para la persona, si ésta es acogida amablemente y se le facilita la adaptación y consecución de objetivos por los cuales decidió migrar. Pero no siempre ocurre así. En muchos casos las circunstancias personales y sociales convierten el duelo migratorio en un proceso traumático, doloroso y desesperanzador.

Definimos el duelo como la respuesta emotiva a la pérdida de alguien o algo. En el duelo migratorio el objeto perdido es el país de origen, pero como veremos, este duelo es múltiple. Se pierden muchas cosas a la vez, todas valiosas y significativas para la persona. Joseba Achotegui, psiquiatra especializado en migración, habla de pérdidas en 7 áreas:

  • Familia y amigos: se trata de una pérdida parcial, ya que la red familiar y social del emigrante sigue existiendo, pero éste se separa de ella. Supone sensaciones de soledad, desarraigo, tristeza… y, pese a que suele estar muy presente la idea del “reagrupamiento”, no se da tanto como se querría e incluso si se producen contactos, tras estos se puede reactivar el dolor. Es muy importante para la persona emigrante mantener el contacto con sus raíces, pero de igual manera crear una nueva red social en el país de acogida, que le permita rehacer su vida afectiva y contar con vínculos de apoyo.
  • Lengua: mediante el lenguaje nos comunicamos, expresamos aspectos íntimos, reclamamos, agradecemos… por lo que si se emigra a un país donde no se habla la lengua materna, la adaptación se complica aún más.
  • Cultura: es nuestro país o macrosistema el que, en gran medida, nos enseña valores, costumbres, formas de vida, concepciones acerca del mundo y de cómo comportarnos. Emigrar obliga a esforzarse por aprender un nuevo código, sin que esto signifique rechazar la cultura de procedencia.
  • Tierra: cada persona siente apego a su tierra y a sus paisajes. Este es el marco externo con el que nos identificamos y en el que nos movemos cómodamente. No es difícil entender el estrés que supone tener que enfrentarse a un marco muy distinto, en el que por ejemplo sólo hay 5 horas de luz o en el que se pasa de una aldea a una gran ciudad donde necesariamente te tienes que desenvolver en transporte público…
  • Nivel social: es muy común la pérdida de estatus al migrar y, aun teniendo formación para trabajos más cualificados, tenga que reengancharse al plano laboral en los escalones más bajos. Si esta situación se prolonga en el tiempo, la desmoralización o las dudas por la decisión tomada aflorarán dificultando mucho la adaptación.
  • Grupo étnico: obtenemos seguridad al obtener reconocimiento por las otras personas pertenecientes a los grupos a los que pertenecemos. Al empezar de cero en un nuevo país, no existen tales grupos de pertenencia y al principio se pueden observar reacciones de rechazo, desconfianza… que aumentan el malestar. Es muy importante ver el intercambio cultural como una oportunidad de enriquecimiento, así de ideas fundamentalistas en las que unas culturas prevalecen por encima de otras.
  • Seguridad física: las condiciones del trayecto, de la vivienda, de los riesgos fruto de la xenofobia, de la higiene y del acceso a servicios médicos… pueden suponer una inseguridad notable en el emigrante.

Son tantos los cambios y las situaciones a integrar tras la migración, como hemos podido ver, que la identidad de la persona se modifica. Tendemos a poner nuestra identidad en nuestras raíces, nuestra lengua, nuestros valores, nuestras creencias sobre el mundo, nuestras relaciones… por lo que al emigrar, ¿dónde se queda nuestra identidad? Así, no es extraño escuchar a padres y madres que abandonaron su país relatar con tristeza cómo su descendencia no vivirán lo que ellas vivieron, las tradiciones con las que se identifican, muy relacionadas con su identidad.

Se considera que el duelo migratorio se elabora correctamente cuando la persona construye una nueva identidad más rica y compleja, que no necesariamente es opuesta a la identidad previa. Esto supone integrar la nueva situación y el país de acogida (y sus costumbres, normas o ritos), sentirse parte del mismo, pero sin olvidar el país de origen. Al contrario, es muy importante incorporar los recuerdos a la realidad del presente conciliando ambas vivencias. La conciliación cumple una necesidad psicológica importante para el bienestar emocional, y nos permite mantener conexiones con nuestra historia y desarrollarnos con nuevas incorporaciones. Al fin y al cabo, la identidad es un proceso sin fin, en construcción constante.

PAULA LÓPEZ RODRÍGUEZ

Psicóloga sanitaria y docente en NB Psicología


Pensamos que son las otras personas. Las que nos agreden, las que se portan mal, las que no nos quieren como yo merecería, las que las que las que… Pensamos que es el resto, quien pone malas caras y no cumple nuestras demandas, las que no nos cuidan. Pensamos y volcamos, la responsabilidad, en la otra persona. La responsabilidad de que yo esté bien, de que me sienta cuidada, contenta, segura, feliz. Pero, ¿qué hay de mí en todo esto?


Es evidente que merecemos defendernos y demandar buenos cuidados por parte de las personas que nos rodean, pero en última instancia, los últimos responsables de nuestra existencia adulta somos nosotros mismos. Claudio Naranjo, psiquiatra y escritor chileno refiere que “La responsabilidad no es un deber sino un hecho inevitable. Somos los actores responsables de cualquier cosa que hagamos. Nuestra única alternativa es reconocer tal responsabilidad o negarla. Y percatarse de la verdad, nos cura de nuestras mentiras.”


Pero, ¿qué es la responsabilidad? Sería la capacidad de hacernos cargo de nosotros mismos, de nuestras actitudes, emociones, pensamientos y conductas y responder acorde a esto. Si no somos capaces de hacer este proceso, tenderemos a victimizarnos (a través de la idea de que no puedo hacer nada por mí misma) o a perseguir a las demás personas (creyendo que son ellas los únicos responsables de lo que sucede en mi vida). Estas dos opciones resultan profundamente dramáticas, ya que coloca mis posibilidades vitales en manos de los otros (locus de control externo) y dificulta enormemente poder sostener nuestra propia vida.


Uno de los primeros pasos para ir generando un locus de control interno es tomar consciencia de por qué y para qué hago lo que hago. Si tú y yo estamos frente a frente y ponemos una película invisible entre los dos, yo puedo hacerme cargo del espacio que hay de esa película invisible a mí. El resto de espacio es de la otra persona y son él o ella los que tiene el derecho y el deber de actuar conforme a ella. Incluso en los momentos de la vida en los que sentimos que tenemos poco margen de maniobra, podemos decidir. Como decía Viktor Frankl “si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”.


Ana Moyano Cabrera

La multitarea o la capacidad para hacer varias cosas a la vez se ha convertido en un elemento cada vez más presente
en nuestras vidas. Una tecnología que lo permite y un ritmo de vida que lo fomenta han servido de perfecto sustrato
para su consolidación. Sin embargo, el hecho de poder hacer más tareas en menos tiempo o precisamente en el
mismo tiempo, no necesariamente es sinónimo de bienestar o progreso. Inconvenientes como la falta de
concentración, el estrés y la desconexión personal parecen derivarse de esta práctica cada vez más extendida, por lo
que una alternativa se convierte en necesaria.
Los avances digitales y tecnológicos han propiciado que seamos capaces de hacer más cosas a la vez en distintos
ámbitos de nuestras vidas. Lejos quedan ya los momentos en los que uno se conformaba con escuchar la radio
mientras cocinaba o con tener la televisión puesta de fondo mientras comía. La incidencia de la tecnología ha hecho
que cada vez tomemos un rol más activo en todo ello, y puede ejemplificarse en distintos ámbitos de nuestras vidas
con mayor o menor utilidad:

  • En las tareas domésticas parece ser el ámbito en el que más sentido tiene. Al tratarse de tareas monótonas y
    automatizadas, el hecho de estar escuchando música, hablando por teléfono o incluso viendo un vídeo en
    YouTube de reojo mientras uno se cocina el tupper del día siguiente, hace la limpieza semanal o tiende la
    ropa parece ser bastante lógico. Bien, punto para el multitasking.
  • En nuestro ocio también notamos su influencia y en este ámbito no está tan claro su valor. Podemos incluir
    aquí las actividades deportivas como por ejemplo correr. Ya sea en el gimnasio o al aire libre, cada vez es
    más común ver a gente con el móvil en la mano y unos auriculares. No parece muy cómodo, pero sí es
    comprensible que escuchar música puede hacer más entretenida una tarea repetitiva, incluso motivar a
    correr más y más rápido. Sin embargo, la cosa cambia cuando nos ponemos a mirar el móvil, contestar un
    mensaje para quedar con amigos después del ejercicio o consultar nuestras redes sociales. En ese caso nos
    distrae de nuestra actividad, nos corta el ritmo y hasta nos quita las ganas de continuar. Curiosamente, lo
    contrario al efecto que sí puede tener la música en nuestro rendimiento. En este caso, lo dejaremos en
    empate.
  • En el entorno laboral encontramos al gran caballo de batalla del multitasking. Es una capacidad que de
    manera explícita no se encuentra en muchas de las ofertas de empleo pero que implícitamente se valora, se
    fomenta y se busca en muchas de ellas. ¿Qué jefe no querría en su equipo a una persona que puede hacer
    más tareas y más variadas en el mismo tiempo? Escribir un e-mail al mismo tiempo que se habla por
    teléfono es tan común y está tan normalizado que es difícil pararse a pensar en la interferencia que esto
    genera en nuestro cerebro, la dificultad de hacer ambas acciones correctamente y la presión y estrés que se
    deriva de ese tener que hacerlo. Valoraría dar un empate teniendo en cuenta que la empresa te lo exige con
    el objetivo de producir más, pero la cantidad de errores que pueden derivarse de ello sumado a los
    estresores para la persona que lo lleva a cabo hace que sea un claro punto en contra.

  • Para finalizar la contienda, en el ámbito de las relaciones sociales se ha proliferado el multitasking hasta
    puntos bastante rebuscados. Hemos desarrollado la capacidad de atender a cómo le ha ido la semana a
    nuestra amiga al mismo tiempo que, desinteresadamente, descendemos el dedo por Instagram, y
    conseguimos que no sea irrespetuoso ya que atendemos y hasta asentimos como buenos receptores. Hemos
    llegado al punto de comprarnos relojes que nos notifican cuando nos llega un mensaje para así poder valorar
    discretamente si es lo suficientemente importante como para sacar el móvil o si podemos continuar con la
    conversación. Puede parecer práctico y lo es, pero en términos relacionales fomenta el distanciamiento
    entre las personas. Punto definitivo en contra para la derrota del multitasking.

Es necesario desenmascarar ya al rival con el que se ha enfrentado y que se ofrece como alternativa. Os presento la
monotarea, que no es otra cosa que el realizar las tareas de una en una, de manera secuencial. Con ello se pretende
fomentar una mayor atención sobre lo que hacemos en cada momento, disminuir el estrés y la presión asociados al
hacer mucho en poco tiempo y aumentar nuestra conexión con el presente y con nuestras relaciones. Seguimos con
los ejemplos, pues en los últimos años se ha colado otra moda retro, la vuelta de los “phones”, sin el “smart”
delante. Esta vuelta de teléfonos con tapa, sin internet, responde a una necesidad creciente de estar desconectados
que contrasta con la tendencia común. Estamos tan saturados de estar hiperconectados y es tan difícil desconectar
de este ritmo feroz que nos impone la sociedad digital que algunos atrevidos han optado por tomar medidas drásticas.
No se me ocurre nada más monotarea que usar un teléfono sólo para llamar.

No es mi objetivo demonizar a la tecnología, ni mucho menos. En esta era digital, la tecnología es causa primaria y
facilitadora de muchísimas de las comodidades de las que disfrutamos, sin embargo, cuando se nos va de las manos,
también está ahí para fomentar esa paradoja de la desconexión personal en el mundo de la hiperconexión social. Sí
es mi objetivo ofrecer una alternativa y para ello mostraré las explicaciones por las que la monotarea puede
ayudarnos a desconectarnos lo suficiente de lo digital para re-conectarnos con nosotros mismos y las personas que
nos rodean:

  • Desde las teorías atencionales clásicas se postulan los modelos de recursos limitados de la atención y entre
    ellos destaco el modelo de los recursos centrales (Kanheman, 1973). Según éste, a la hora de realizar varias
    tareas a la vez, ambas compiten por nuestros recursos centrales generando distintas interferencias en
    función del tipo de tarea. Es decir, que difícilmente haremos una de las cosas bien, mucho menos las dos.
    Desde la monotarea se solventa este problema: menor número de interferencias y mayor rendimiento,
    aunque eso sí, mayor tiempo invertido.

  • Relacionado con la atención está la ley de activación Yerkes-Dodson (1908), todavía más clásica. Según esta
    ley se postula que con niveles de activación bajos los recursos atencionales aumentan a medida que
    aumenta la activación hasta un punto en el que se invierte a partir del cual más activación significa menos
    recursos atencionales.
    Entonces, sumando estas dos teorías, hacer varias cosas a la vez genera interferencias y de una manera similar el
    tener que hacer varias cosas a la vez genera activación, siendo esta activación una causa de disminución de
    rendimiento cuando se pasa de rosca. Ambos efectos fomentan un resultado negativo, pues no sólo baja el
    rendimiento al afrontar varias tareas al mismo tiempo, sino que aumenta el estrés, que todavía provoca menos
    rendimiento, ¡qué desastre!
    Por ello, aquí la moraleja no se refiere tanto al rendimiento como al bienestar personal. Si quieres disminuir el estrés
    asociado a las tareas, monotarea.
    Por último, pero no por ello menos importante, tenemos el ámbito relacional. Podemos verlo desde un punto de
    vista más hedónico o personal, ya que tiene que ver con el poder estar presente y disfrutar de lo que nos ocurre en
    cada momento. Al ocupar nuestro tiempo en multitud de tareas nos pasan los días, semanas y meses volando sin
    saber cómo han pasado de largo. El cómo, tras leer este artículo, puede estar bastante relacionado con haber
    intentado hacer todo y por ello no haber hecho nada de manera plena y consciente.
    “Una manera laboriosa de no ser nada es serlo todo; de no querer nada, quererlo todo.” Henri-Frédéric Amiel

Manuel Valdés Vasallo
Psicólogo Sanitario M-33113
Especialista en Psicoterapia Integradora
Terapeuta familiar e individual

 


Si estás pensando iniciar terapia, en
Nb psicología solo hasta el 31 de marzo.
¡50€ TU PRIMERA CITA!
Nb psicología
📱 918 559 347
📩 info@nbpsicologia.es





Desde NB Psicología y el Instituto Español de Psicoterapia Integradora (IEPI) ofrecemos tratamiento gratuito para fobias específicas como parte de un proyecto de investigación. ¿En qué consiste una fobia? Es un miedo intenso e irracional a un estímulo concreto. Por ejemplo, ¿tienes miedo al dentista, a las alturas, a volar en avión, a las cucarachas…? Entonces podemos ayudarte. Participa en nuestro estudio; recibirás terapia breve y focalizada para este problema, totalmente gratuita, y nosotros aprenderemos más sobre este tipo de problemas. Queremos contrastar qué intervención de las que hay en psicoterapia es más eficaz, y cómo podemos ayudar a los pacientes a dejar de tener miedo más rápidamente. Inscríbete ahora aquí: https://forms.gle/F1jJiWdxPEuXombH6


Desde NB Psicología impulsamos la investigación para la mejora de la psicoterapia.

En la actualidad tenemos un proyecto en marcha para contrastar la efectividad de diferentes técnicas terapéuticas en el tratamiento de las fobias simples. Por ello, buscamos personas interesadas en participar en dicho proyecto. Si tienes un miedo intenso a algo concreto (por ejemplo, volar en avión, los insectos, las alturas, el dentista, etc…) y deseas participar voluntariamente recibiendo un tratamiento gratuito que forme parte de la investigación, rellena el formulario que encontrarás en el siguiente enlace y nos pondremos en contacto contigo para explicarte las condiciones.

Pincha aquí para ir al formulario https://goo.gl/forms/ebfvOP6iOvPdu3F63

Correo de contacto para dudas: investigacion@nbpsicologia.es

fobias nb psicologia

Desde el “No es oro todo lo que reluce”, “De tal palo, tal astilla”, “El que calla otorga”, “El hábito no hace al monje”, “Del dicho al hecho, hay mucho trecho”. “El que no la debe, no la teme”, hasta el popular “Dime con quién andas y te diré quién eres”, entre otras muchas sabidurías populares, nos sirven no en pocas situaciones de la vida cotidiana, para interpretar la realidad y tomar decisiones de un modo determinado y rápido.

Quizás esto pueda parecer irrelevante, pero cuando valoramos de forma continua en base a este tipo de creencias y razonamientos sesgados, decidimos con una alta probabilidad de equivocarnos, y las consecuencias de tales decisiones pueden tener graves efectos sobre nuestra vida y la de los demás. ¿Qué sucederá si fuera un tribunal de justicia quien interpretara de forma sesgada que verdaderamente “Quien hace un cesto hace cientos” o que “Quien se excusa se acusa”?, o si nos viésemos involucrados en un proceso de selección de personal como candidatos, y el seleccionador se dejase arrastrar sólo por la primera impresión. Esto ya sí nos puede parecer un problema más preocupante ya que el resultado final podría verse afectado.

“Piensa mal y acertarás”

Constantemente nos vemos inmersos en un mundo que nos obliga a convivir y a relacionarnos con un infinito número de individuos de los cuales desconocemos absolutamente todo. No sabemos cuáles puedan ser sus intenciones hacia nosotros, y esto, de modo consciente o inconsciente puede hacernos sentir cierta inquietud, ya que un error de valoración podría incluso poner en peligro nuestra propia vida.

Para poder terminar con tanta incertidumbre y así tranquilizar nuestros instintos más básicos de conservación, nos volvemos expertos observadores y enjuiciadores del comportamiento ajeno, con el objetivo de poder encasillar lo que percibimos dentro de un determinado estereotipo social. Esto nos tranquiliza y hace sentir bien, pues genera en nosotros un plan de acción, que pudiera ser de acercamiento o huida.

Poder categorizar a otros individuos dentro de estereotipos no es otra cosa que un atajo de nuestra mente para poder tomar decisiones rápidas, especialmente útil cuando el tiempo apremia.

Estos esquemas mentales aúnan ciertas características prototípicas dándonos una visión correcta o no del sujeto que tenemos frente a nosotros, y es en este punto donde podemos caer en los errores de atribución y los sesgos de interpretación que nos pueden conducir a catastróficos e inesperados desenlaces cuando aceptamos tales interpretaciones no confirmadas con absoluta naturalidad, como si de verdades constatables se tratasen.

“Lo qué mal empieza, mal termina”

Si bien la sabiduría popular es un buen ejemplo de cómo unas determinadas creencias trasmitidas de generación en generación pueden servir como atajo cuando necesitamos interpretar de forma rápida y económica en recursos cognitivos una determinada situación, no es la única fuente de la que nos servimos a la hora de interpretar las intenciones de otras personas. Nuestras experiencias previas vividas en primera persona o aprendidas de forma vicaria a través de la experiencia de los demás, también nos sirven a la hora de emitir juicios o tomar decisiones.

Un ejemplo de esto sería, cuando tras un breve contacto inicial, sentimos malestar y falta de afinidad con alguien, o incluso, adivinamos mala intencionalidad hacia nosotros, guiados por ciertos rasgos del otro que nos resultan “sospechosos”.

Esta primera impresión puede hacer que nos mostremos con una actitud recelosa de la que es probable que, de forma consciente o no, el otro pudiera darse cuenta, lo que puede llevar a que la relación no comience con buen pie.

La sensación de tensión inicial, unida al propio convencimiento por experiencia de que “lo que mal empieza mal termina”, podría llevar a que no sólo no busquemos ningún tipo de solución a nuestras diferencias sino que además, podamos creer estar viendo continuamente señales de cómo el otro parece estar buscando el conflicto. Esto reafirmaría nuestra idea de que determinados rasgos del otro se encuentran claramente ligados a una actitud peligrosa de la que deberemos ponernos a salvo de ahora en adelante.

“Más vale prevenir que lamentar”

Sin embargo, aunque esta forma de procesar la información que nos llega de los demás puede resultar bastante útil en muchas ocasiones, no debemos pasar por alto que estos indicios podrían tratarse simplemente de sesgos de atribución que nos pueden inducir a emitir una respuesta interpretativa errónea en una situación puntual, es decir, que pueden llevarnos a cometer una equivocación que en el mejor de los casos nos confunda en un momento puntual de nuestra vida, haciéndonos cometer algún tipo de falta o injusticia a la hora de juzgar las intenciones del otro. O en el peor de los casos, que este fallo interpretativo suceda en diferentes situaciones de forma sistemática, tendiendo a interpretar y dar una respuesta idéntica ante situaciones o sujetos distintos.

Evidentemente, cuando esto último sucede con frecuencia podemos deducir nuestro juicio no funciona de un modo óptimo, y no resulta adaptativo puesto que distorsiona la realidad.

“Si es blanco y va en botija, leche fija”

Aunque parece un problema de sencilla solución, el hecho de dejar a un lado este tipo de inferencias donde los acontecimientos parecieran darnos la razón tantas veces como nos la quita, no lo es en absoluto, ya que en muchas ocasiones confirmamos que efectivamente el saber popular da la razón a la experiencia previa, reforzando unas creencias que nos son de gran utilidad cuando se trata de decidir de forma rápida, por lo que es absolutamente comprensible que sean tenidas en cuenta aun sabiendo que corremos un alto riesgo de equivocarnos.

Sin embargo, conviene no olvidar que para poder obtener una mayor precisión a la hora de emitir un juicio sobre otro individuo, será necesario poder manejar el mayor número de datos posibles de la otra persona. La cuestión es que precisamente la necesidad de utilizar estos atajos de la mente viene precisamente dada cuando carecemos de la información suficiente. Y es en este momento cuando buscamos en el baúl de nuestras experiencias previas las expectativas que tenemos al respecto, es decir, si encaja este sujeto con nuestro prototipo.

“Mañana será otro día”

Conocer nuestras zonas erróneas puede ayudarnos a llevar una vida más saludable desde un punto de vista psicológico, pero es necesario poder equilibrar el conocimiento de estos sesgos para por un lado reconocer cuándo nos ayudan en nuestras interpretaciones y cuándo nos condicionan, y así poder trabajar sobre éstas para lograr un estado de bienestar mental sin caer en el auto-engaño, ya que un sujeto con una realidad perceptiva mal construida cognitivamente, es decir, que interprete mal la realidad del mundo, tendrá serias dificultades para emitir juicios acertados y tomar decisiones correctas, lo que le conllevará a continuas confusiones, sufrimiento psicológico y desorientación en la comprensión del mundo que percibe como real, hasta el punto de poder sentirse constantemente solo e incomprendido por los demás.

Susana Rojas

Lectura recomendada:

“Daniel Kahneman, (2015). “Pensar rápido, pensar despacio” Editorial

DEBATE.

“Susana es una mujer de 36 años que trabaja como jefa de laboratorio en una empresa química. Desde hace un tiempo nota que se ha vuelto más escrupulosa. Siente a menudo que se puede contaminar y que puede contaminar a otros. Esto le obliga a lavarse las manos cada vez con más frecuencia, llegando a los 30 lavados diarios. En su trabajo manipula sustancias químicas peligrosas que justifican adoptar ciertas medidas de precaución. No obstante, reconoce que su cautela va más allá́ de lo razonable y acude a consulta psicológica precisamente porque teme que los demás puedan notar algo y considerarla rara, lo que podría impedir su promoción en su empresa. Cuando indagamos en su vida privada encontramos que esa cautela también se presentaba en casa: necesitaba lavarse las manos casi tantas veces como en el trabajo, la ducha duraba unos 30-40 minutos y debía seguir un orden concreto de modo estricto, cada lavado debía realizarse de un modo determinado para prevenir el contagio de gérmenes que podían quedar en el lavabo. En ocasiones los lavados debían repetirse más de lo habitual, hasta lograr una sensación de descontaminación completa. Lo que más le angustiaba era verse encerrada en una situación absurda: sabía que no se estaba contaminando con nada, pero le producía tanta ansiedad no lavarse que se veía obligada a ello, una y otra vez.” (Moreno, et al., 2008)

Como Susana, entre el 2-4% de la población global, presenta una sintomatología parecida a esta. Hablamos de TOC (trastorno obsesivo-compulsivo) un trastorno que afecta a la vida diaria de las personas que lo padecen y si bien es cierto que cursa con diferentes variantes, hay dos elementos que lo caracterizan: las obsesiones y las compulsiones.

Cuando hablamos de obsesiones hacemos referencia a aquellos pensamientos, impulsos o imágenes que, incurren de forma inapropiada e intrusiva, generando ansiedad o malestar. Todo ello debemos diferenciarlo de las conductas de preocupación cotidianas y que son compartidas por la mayoría de personas porque, aunque aparezcan de forma intrusiva, no son generadores de malestar y pueden controlarse.

Por otro lado, se presentan las compulsiones, es decir, comportamientos (ej:ordenar) o reacciones internas (ej:rezar) que tienen como finalidad reducir los niveles de ansiedad. Suelen ir relacionados con las obsesiones ya que es la forma que el paciente reconoce como más útil para poder rebajarlas y a su vez son el elemento que mantiene las obsesiones.

Dentro del trastorno obsesivo-compulsivo hay algunas modalidades que se repiten con más frecuencia en la población que lo padece, y que no se excluyen mutuamente, es decir, hay varias categorías que pueden darse a la vez. Las variantes que más se repiten son:
De limpieza: La persona que presenta esta variante tiende a realizar conductas de lavado de forma repetitiva como forma de reducir determinados pensamientos.
De orden o simetría: Suele ir relacionado con la idea de que si no se llevan a cabo determinadas conductas de orden o simetría (ordenar los elementos según ciertos criterios, no pisar determinadas baldosas), podría suceder un evento negativo cuyas consecuencias pueden ser irreversibles.
De repetición: Con el fin de evitar ciertos acontecimientos que se consideran catastróficos, estas personas tienden a repetir constantemente ciertas frases o conductas.
De comprobación: Por miedo a que suceda algo negativo, estos individuos necesitan llevar a cabo algunos rituales de comprobación e incluso necesitan de la reafirmación de personas de su entorno para asegurarse de que han realizado ciertos comportamientos.  
De acumulación: Se caracteriza por la necesidad de guardar gran cantidad de objetos ya que constantemente piensan en que en un futuro puedan tener utilidad.
Compulsiones mentales: No se trata de conductas visibles para los demás ya que suelen estar más relacionadas con los pensamientos (repetir frases o números) y que permiten reducir la ansiedad que generan las obsesiones.

El papel que juegan las familias en el caso de este trastorno es de gran importancia ya que ayudan a su entendimiento y normalización. Es un trabajo duro ya que acaba por afectar al funcionamiento normal de la familia, por lo que es importante el apoyo por parte de este núcleo fundamental de la vida de las personas.

Por último, es necesario señalar la dificultad que presentan estas personas a la hora de acudir a tratamiento. Son varias las investigaciones que afirman que la mayor parte de ellos tardan en torno a 7 años en pedir ayuda psicológica, por lo que en gran medida se acaba presentando una mayor dificultad para superarlo. Esto se debe a que muchas de las conductas que se adquieren, pasan a formar parte de su repertorio normal de comportamientos. Por todo lo anteriormente expuesto consideramos de gran importancia no tener miedo a pedir ayuda cuando se considera que un problema como este puede estar apareciendo.

Moreno, P., Martín, J., García, J. y Viñas, R. (2008). Dominar las obsesiones. Una guía para pacientes. Madrid: Desclée de Brouwer.
Lopez, T., Barrera, I., Cortés, J., Guinés, J. y Jaime, M. (2011). Funcionamiento familiar, creencias e inteligencia emocional en pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo y sus familiares. Salud Mental, 34, pp.111-120.
Sánchez, M. Gómez, A. y Méndez, F. (2003). El tratamiento psicológico del trastorno obsesivo-compulsivo en Europa: un estudio meta analítico, Psicología conductual, 11 (2), pp.213-237.
García, G., Belloch, A. y Morillo, C. (2008). Sobre la heterogeneidad del trastorno obsesivo- compulsivo: una revisión. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 13, (2), pp. 65-84.

Por Beatriz Benito Nieto

¿Cuánto tiempo dedicamos a nuestras emociones? ¿una vez al día? ¿una vez a la semana? ¿una vez al mes, al año? ¿o realmente las tenemos en cuenta cuando irrumpe algo en nuestras vidas que nos descoloca de nuestros hábitos cotidianos?
La mayoría de las veces éste suele ser el momento en que todo lo demás pasa a un segundo plano, y nuestros sentimientos cogen el lugar que les corresponde.

Tratamos a las emociones como “cosas que a veces sentimos”, pero que tenemos totalmente desplazadas y abandonadas, como si no tuviéramos necesidad de ellas, ni de cuidarlas y alimentarlas para que crezcan.
Solo cuando invaden nuestras vidas de modo virulento, saltan todas nuestras alarmas, y con ellas nuestro terror por no saber como gestionarlas. En esos momentos, las emociones ya no atienden a razones lógicas, por más que intentemos convencernos a nosotros mismos de que no deberían estar ahí.

Las personas somos auténticos expertos escapistas de las emociones. Ponemos en marcha todas nuestras habilidades para retrasar y evitar el enfrentarnos a ellas, reconocerlas y darles el espacio que se merecen. Pero no todas las emociones suelen ser rechazadas, dependen de cómo las juzguemos. Cuando las emociones son consideradas como positivas, las solemos aceptar, y ceder cierto espacio en nuestra vida. Sin embargo, cuando las catalogamos como negativas, la mayoría de las veces tratamos de unir todas nuestras fuerzas para intentar que desaparezcan, y así poder continuar con nuestra rutina.

Algunas emociones son más tolerables y fáciles de aceptar en uno mismo. Socialmente, ciertas emociones están muy valoradas y se refuerzan constantemente. Sin embargo, hay otras emociones que se niegan y rechazan explícitamente. O ¿es habitual encontrar a alguien que presuma de sentirse envidioso, culpable o humillado?
Desgraciadamente, no se nos enseña a expresar estas emociones, ni siquiera nos permitimos sentirlas, pero sí se nos insta a esconderlas o a actuar como si no existieran. Sentir las emociones, conectar con ellas, las convierte en nuestros sentimientos, y nos revela algo ignorado hasta entonces.

En nuestro temor por descubrir nuestros sentimientos, y que a su vez nos hagan sentir avergonzados por tenerlos o desbordados por su intensidad, obviamos que la solución para equilibrarlos es más sencilla de lo que parece. Reconocer nuestros sentimientos, aceptarlos, darles el espacio que necesitan, aprender a cuidar nuestra necesidad de expresarlos y compartirlos, nos lleva a trascenderlos y superarlos, fortaleciendo nuestra identidad, y permitiéndonos madurar y crecer desde una perspectiva más compresiva sobre nosotros. Pues lo único que calma la angustia, la soledad, el temor, el dolor, la culpa… es el mismo hecho de expresarlo y compartirlo, y comprendernos a nosotros mismos como personas que necesitamos que nos quieran tanto con nuestras virtudes como con nuestros defectos, por muy intolerables que los juzguemos.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies