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Nb Psicología


Desde NB Psicología y el Instituto Español de Psicoterapia Integradora (IEPI) ofrecemos tratamiento gratuito para fobias específicas como parte de un proyecto de investigación. ¿En qué consiste una fobia? Es un miedo intenso e irracional a un estímulo concreto. Por ejemplo, ¿tienes miedo al dentista, a las alturas, a volar en avión, a las cucarachas…? Entonces podemos ayudarte. Participa en nuestro estudio; recibirás terapia breve y focalizada para este problema, totalmente gratuita, y nosotros aprenderemos más sobre este tipo de problemas. Queremos contrastar qué intervención de las que hay en psicoterapia es más eficaz, y cómo podemos ayudar a los pacientes a dejar de tener miedo más rápidamente. Inscríbete ahora aquí: https://forms.gle/F1jJiWdxPEuXombH6


Desde NB Psicología impulsamos la investigación para la mejora de la psicoterapia.

En la actualidad tenemos un proyecto en marcha para contrastar la efectividad de diferentes técnicas terapéuticas en el tratamiento de las fobias simples. Por ello, buscamos personas interesadas en participar en dicho proyecto. Si tienes un miedo intenso a algo concreto (por ejemplo, volar en avión, los insectos, las alturas, el dentista, etc…) y deseas participar voluntariamente recibiendo un tratamiento gratuito que forme parte de la investigación, rellena el formulario que encontrarás en el siguiente enlace y nos pondremos en contacto contigo para explicarte las condiciones.

Pincha aquí para ir al formulario https://goo.gl/forms/ebfvOP6iOvPdu3F63

Correo de contacto para dudas: investigacion@nbpsicologia.es

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Desde el “No es oro todo lo que reluce”, “De tal palo, tal astilla”, “El que calla otorga”, “El hábito no hace al monje”, “Del dicho al hecho, hay mucho trecho”. “El que no la debe, no la teme”, hasta el popular “Dime con quién andas y te diré quién eres”, entre otras muchas sabidurías populares, nos sirven no en pocas situaciones de la vida cotidiana, para interpretar la realidad y tomar decisiones de un modo determinado y rápido.

Quizás esto pueda parecer irrelevante, pero cuando valoramos de forma continua en base a este tipo de creencias y razonamientos sesgados, decidimos con una alta probabilidad de equivocarnos, y las consecuencias de tales decisiones pueden tener graves efectos sobre nuestra vida y la de los demás. ¿Qué sucederá si fuera un tribunal de justicia quien interpretara de forma sesgada que verdaderamente “Quien hace un cesto hace cientos” o que “Quien se excusa se acusa”?, o si nos viésemos involucrados en un proceso de selección de personal como candidatos, y el seleccionador se dejase arrastrar sólo por la primera impresión. Esto ya sí nos puede parecer un problema más preocupante ya que el resultado final podría verse afectado.

“Piensa mal y acertarás”

Constantemente nos vemos inmersos en un mundo que nos obliga a convivir y a relacionarnos con un infinito número de individuos de los cuales desconocemos absolutamente todo. No sabemos cuáles puedan ser sus intenciones hacia nosotros, y esto, de modo consciente o inconsciente puede hacernos sentir cierta inquietud, ya que un error de valoración podría incluso poner en peligro nuestra propia vida.

Para poder terminar con tanta incertidumbre y así tranquilizar nuestros instintos más básicos de conservación, nos volvemos expertos observadores y enjuiciadores del comportamiento ajeno, con el objetivo de poder encasillar lo que percibimos dentro de un determinado estereotipo social. Esto nos tranquiliza y hace sentir bien, pues genera en nosotros un plan de acción, que pudiera ser de acercamiento o huida.

Poder categorizar a otros individuos dentro de estereotipos no es otra cosa que un atajo de nuestra mente para poder tomar decisiones rápidas, especialmente útil cuando el tiempo apremia.

Estos esquemas mentales aúnan ciertas características prototípicas dándonos una visión correcta o no del sujeto que tenemos frente a nosotros, y es en este punto donde podemos caer en los errores de atribución y los sesgos de interpretación que nos pueden conducir a catastróficos e inesperados desenlaces cuando aceptamos tales interpretaciones no confirmadas con absoluta naturalidad, como si de verdades constatables se tratasen.

“Lo qué mal empieza, mal termina”

Si bien la sabiduría popular es un buen ejemplo de cómo unas determinadas creencias trasmitidas de generación en generación pueden servir como atajo cuando necesitamos interpretar de forma rápida y económica en recursos cognitivos una determinada situación, no es la única fuente de la que nos servimos a la hora de interpretar las intenciones de otras personas. Nuestras experiencias previas vividas en primera persona o aprendidas de forma vicaria a través de la experiencia de los demás, también nos sirven a la hora de emitir juicios o tomar decisiones.

Un ejemplo de esto sería, cuando tras un breve contacto inicial, sentimos malestar y falta de afinidad con alguien, o incluso, adivinamos mala intencionalidad hacia nosotros, guiados por ciertos rasgos del otro que nos resultan “sospechosos”.

Esta primera impresión puede hacer que nos mostremos con una actitud recelosa de la que es probable que, de forma consciente o no, el otro pudiera darse cuenta, lo que puede llevar a que la relación no comience con buen pie.

La sensación de tensión inicial, unida al propio convencimiento por experiencia de que “lo que mal empieza mal termina”, podría llevar a que no sólo no busquemos ningún tipo de solución a nuestras diferencias sino que además, podamos creer estar viendo continuamente señales de cómo el otro parece estar buscando el conflicto. Esto reafirmaría nuestra idea de que determinados rasgos del otro se encuentran claramente ligados a una actitud peligrosa de la que deberemos ponernos a salvo de ahora en adelante.

“Más vale prevenir que lamentar”

Sin embargo, aunque esta forma de procesar la información que nos llega de los demás puede resultar bastante útil en muchas ocasiones, no debemos pasar por alto que estos indicios podrían tratarse simplemente de sesgos de atribución que nos pueden inducir a emitir una respuesta interpretativa errónea en una situación puntual, es decir, que pueden llevarnos a cometer una equivocación que en el mejor de los casos nos confunda en un momento puntual de nuestra vida, haciéndonos cometer algún tipo de falta o injusticia a la hora de juzgar las intenciones del otro. O en el peor de los casos, que este fallo interpretativo suceda en diferentes situaciones de forma sistemática, tendiendo a interpretar y dar una respuesta idéntica ante situaciones o sujetos distintos.

Evidentemente, cuando esto último sucede con frecuencia podemos deducir nuestro juicio no funciona de un modo óptimo, y no resulta adaptativo puesto que distorsiona la realidad.

“Si es blanco y va en botija, leche fija”

Aunque parece un problema de sencilla solución, el hecho de dejar a un lado este tipo de inferencias donde los acontecimientos parecieran darnos la razón tantas veces como nos la quita, no lo es en absoluto, ya que en muchas ocasiones confirmamos que efectivamente el saber popular da la razón a la experiencia previa, reforzando unas creencias que nos son de gran utilidad cuando se trata de decidir de forma rápida, por lo que es absolutamente comprensible que sean tenidas en cuenta aun sabiendo que corremos un alto riesgo de equivocarnos.

Sin embargo, conviene no olvidar que para poder obtener una mayor precisión a la hora de emitir un juicio sobre otro individuo, será necesario poder manejar el mayor número de datos posibles de la otra persona. La cuestión es que precisamente la necesidad de utilizar estos atajos de la mente viene precisamente dada cuando carecemos de la información suficiente. Y es en este momento cuando buscamos en el baúl de nuestras experiencias previas las expectativas que tenemos al respecto, es decir, si encaja este sujeto con nuestro prototipo.

“Mañana será otro día”

Conocer nuestras zonas erróneas puede ayudarnos a llevar una vida más saludable desde un punto de vista psicológico, pero es necesario poder equilibrar el conocimiento de estos sesgos para por un lado reconocer cuándo nos ayudan en nuestras interpretaciones y cuándo nos condicionan, y así poder trabajar sobre éstas para lograr un estado de bienestar mental sin caer en el auto-engaño, ya que un sujeto con una realidad perceptiva mal construida cognitivamente, es decir, que interprete mal la realidad del mundo, tendrá serias dificultades para emitir juicios acertados y tomar decisiones correctas, lo que le conllevará a continuas confusiones, sufrimiento psicológico y desorientación en la comprensión del mundo que percibe como real, hasta el punto de poder sentirse constantemente solo e incomprendido por los demás.

Susana Rojas

Lectura recomendada:

“Daniel Kahneman, (2015). “Pensar rápido, pensar despacio” Editorial

DEBATE.

“Susana es una mujer de 36 años que trabaja como jefa de laboratorio en una empresa química. Desde hace un tiempo nota que se ha vuelto más escrupulosa. Siente a menudo que se puede contaminar y que puede contaminar a otros. Esto le obliga a lavarse las manos cada vez con más frecuencia, llegando a los 30 lavados diarios. En su trabajo manipula sustancias químicas peligrosas que justifican adoptar ciertas medidas de precaución. No obstante, reconoce que su cautela va más allá́ de lo razonable y acude a consulta psicológica precisamente porque teme que los demás puedan notar algo y considerarla rara, lo que podría impedir su promoción en su empresa. Cuando indagamos en su vida privada encontramos que esa cautela también se presentaba en casa: necesitaba lavarse las manos casi tantas veces como en el trabajo, la ducha duraba unos 30-40 minutos y debía seguir un orden concreto de modo estricto, cada lavado debía realizarse de un modo determinado para prevenir el contagio de gérmenes que podían quedar en el lavabo. En ocasiones los lavados debían repetirse más de lo habitual, hasta lograr una sensación de descontaminación completa. Lo que más le angustiaba era verse encerrada en una situación absurda: sabía que no se estaba contaminando con nada, pero le producía tanta ansiedad no lavarse que se veía obligada a ello, una y otra vez.” (Moreno, et al., 2008)

Como Susana, entre el 2-4% de la población global, presenta una sintomatología parecida a esta. Hablamos de TOC (trastorno obsesivo-compulsivo) un trastorno que afecta a la vida diaria de las personas que lo padecen y si bien es cierto que cursa con diferentes variantes, hay dos elementos que lo caracterizan: las obsesiones y las compulsiones.

Cuando hablamos de obsesiones hacemos referencia a aquellos pensamientos, impulsos o imágenes que, incurren de forma inapropiada e intrusiva, generando ansiedad o malestar. Todo ello debemos diferenciarlo de las conductas de preocupación cotidianas y que son compartidas por la mayoría de personas porque, aunque aparezcan de forma intrusiva, no son generadores de malestar y pueden controlarse.

Por otro lado, se presentan las compulsiones, es decir, comportamientos (ej:ordenar) o reacciones internas (ej:rezar) que tienen como finalidad reducir los niveles de ansiedad. Suelen ir relacionados con las obsesiones ya que es la forma que el paciente reconoce como más útil para poder rebajarlas y a su vez son el elemento que mantiene las obsesiones.

Dentro del trastorno obsesivo-compulsivo hay algunas modalidades que se repiten con más frecuencia en la población que lo padece, y que no se excluyen mutuamente, es decir, hay varias categorías que pueden darse a la vez. Las variantes que más se repiten son:
De limpieza: La persona que presenta esta variante tiende a realizar conductas de lavado de forma repetitiva como forma de reducir determinados pensamientos.
De orden o simetría: Suele ir relacionado con la idea de que si no se llevan a cabo determinadas conductas de orden o simetría (ordenar los elementos según ciertos criterios, no pisar determinadas baldosas), podría suceder un evento negativo cuyas consecuencias pueden ser irreversibles.
De repetición: Con el fin de evitar ciertos acontecimientos que se consideran catastróficos, estas personas tienden a repetir constantemente ciertas frases o conductas.
De comprobación: Por miedo a que suceda algo negativo, estos individuos necesitan llevar a cabo algunos rituales de comprobación e incluso necesitan de la reafirmación de personas de su entorno para asegurarse de que han realizado ciertos comportamientos.  
De acumulación: Se caracteriza por la necesidad de guardar gran cantidad de objetos ya que constantemente piensan en que en un futuro puedan tener utilidad.
Compulsiones mentales: No se trata de conductas visibles para los demás ya que suelen estar más relacionadas con los pensamientos (repetir frases o números) y que permiten reducir la ansiedad que generan las obsesiones.

El papel que juegan las familias en el caso de este trastorno es de gran importancia ya que ayudan a su entendimiento y normalización. Es un trabajo duro ya que acaba por afectar al funcionamiento normal de la familia, por lo que es importante el apoyo por parte de este núcleo fundamental de la vida de las personas.

Por último, es necesario señalar la dificultad que presentan estas personas a la hora de acudir a tratamiento. Son varias las investigaciones que afirman que la mayor parte de ellos tardan en torno a 7 años en pedir ayuda psicológica, por lo que en gran medida se acaba presentando una mayor dificultad para superarlo. Esto se debe a que muchas de las conductas que se adquieren, pasan a formar parte de su repertorio normal de comportamientos. Por todo lo anteriormente expuesto consideramos de gran importancia no tener miedo a pedir ayuda cuando se considera que un problema como este puede estar apareciendo.

Moreno, P., Martín, J., García, J. y Viñas, R. (2008). Dominar las obsesiones. Una guía para pacientes. Madrid: Desclée de Brouwer.
Lopez, T., Barrera, I., Cortés, J., Guinés, J. y Jaime, M. (2011). Funcionamiento familiar, creencias e inteligencia emocional en pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo y sus familiares. Salud Mental, 34, pp.111-120.
Sánchez, M. Gómez, A. y Méndez, F. (2003). El tratamiento psicológico del trastorno obsesivo-compulsivo en Europa: un estudio meta analítico, Psicología conductual, 11 (2), pp.213-237.
García, G., Belloch, A. y Morillo, C. (2008). Sobre la heterogeneidad del trastorno obsesivo- compulsivo: una revisión. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 13, (2), pp. 65-84.

Por Beatriz Benito Nieto

¿Cuánto tiempo dedicamos a nuestras emociones? ¿una vez al día? ¿una vez a la semana? ¿una vez al mes, al año? ¿o realmente las tenemos en cuenta cuando irrumpe algo en nuestras vidas que nos descoloca de nuestros hábitos cotidianos?
La mayoría de las veces éste suele ser el momento en que todo lo demás pasa a un segundo plano, y nuestros sentimientos cogen el lugar que les corresponde.

Tratamos a las emociones como “cosas que a veces sentimos”, pero que tenemos totalmente desplazadas y abandonadas, como si no tuviéramos necesidad de ellas, ni de cuidarlas y alimentarlas para que crezcan.
Solo cuando invaden nuestras vidas de modo virulento, saltan todas nuestras alarmas, y con ellas nuestro terror por no saber como gestionarlas. En esos momentos, las emociones ya no atienden a razones lógicas, por más que intentemos convencernos a nosotros mismos de que no deberían estar ahí.

Las personas somos auténticos expertos escapistas de las emociones. Ponemos en marcha todas nuestras habilidades para retrasar y evitar el enfrentarnos a ellas, reconocerlas y darles el espacio que se merecen. Pero no todas las emociones suelen ser rechazadas, dependen de cómo las juzguemos. Cuando las emociones son consideradas como positivas, las solemos aceptar, y ceder cierto espacio en nuestra vida. Sin embargo, cuando las catalogamos como negativas, la mayoría de las veces tratamos de unir todas nuestras fuerzas para intentar que desaparezcan, y así poder continuar con nuestra rutina.

Algunas emociones son más tolerables y fáciles de aceptar en uno mismo. Socialmente, ciertas emociones están muy valoradas y se refuerzan constantemente. Sin embargo, hay otras emociones que se niegan y rechazan explícitamente. O ¿es habitual encontrar a alguien que presuma de sentirse envidioso, culpable o humillado?
Desgraciadamente, no se nos enseña a expresar estas emociones, ni siquiera nos permitimos sentirlas, pero sí se nos insta a esconderlas o a actuar como si no existieran. Sentir las emociones, conectar con ellas, las convierte en nuestros sentimientos, y nos revela algo ignorado hasta entonces.

En nuestro temor por descubrir nuestros sentimientos, y que a su vez nos hagan sentir avergonzados por tenerlos o desbordados por su intensidad, obviamos que la solución para equilibrarlos es más sencilla de lo que parece. Reconocer nuestros sentimientos, aceptarlos, darles el espacio que necesitan, aprender a cuidar nuestra necesidad de expresarlos y compartirlos, nos lleva a trascenderlos y superarlos, fortaleciendo nuestra identidad, y permitiéndonos madurar y crecer desde una perspectiva más compresiva sobre nosotros. Pues lo único que calma la angustia, la soledad, el temor, el dolor, la culpa… es el mismo hecho de expresarlo y compartirlo, y comprendernos a nosotros mismos como personas que necesitamos que nos quieran tanto con nuestras virtudes como con nuestros defectos, por muy intolerables que los juzguemos.


Ahora también puedes cursar el Máster en dos años. Si no quieres hacer la modalidad intensiva (1 año de duración) puedes realizar el programa completo en dos cursos.
Durante el primer curso (9 meses) llevarás a cabo la parte teórica del Máster, correspondiente al título de Especialista (30 ECTS). Una vez finalizado éste periodo, comenzarás la parte práctica, equivalente al prácticum en psicoterapia integradora, con atención a pacientes y supervisión durante 1 año (30 ECTS). En esta modalidad el curso tiene una duración de 22 meses.

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2 y 9 de marzo de 10 a 19h. (con una hora de descanso para comer) y 22 de marzo de 17 a 21h.


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Esta titulación está acreditada por NB Psicología Integral y el Instituto Español de Psicoterapia Integradora (IEPI) y la Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA

31 de enero de 2019. De 17 a 20h. Sede de Moncloa.
 
Te invitamos a nuestra próxima jornada de puertas abiertas de NB Psicología en colaboración con el Instituto Español de Psicoterapia Integradora.

Te informaremos sobre nuestras nuevas actividades formativas para este 2019 y además, podrás asistir a 3 charlas impartidas por el equipo NB psicología.
 
El duelo desde la psicoterapia integradora.

El EMDR, una terapia controvertida.

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La inscripción es gratuita y la asistencia puede ser presencial u online.

Es necesario inscripción previa. Si estáis interesados envía nombre, apellidos, teléfono, mail y si asistirás presencialmente u online  a formacion@nbpsicologia.es

Normalmente, cuando pensamos en ir al psicólogo/a nos imaginamos sentados  en un sillón, hablando de nuestros problemas. A través de las preguntas, comentarios y sugerencias que el psicoterapeuta hace, ayuda al paciente a pensar y plantearse cuestiones que abren nuevos caminos (en sentido metafórico y neuronal) a nivel emocional y cognitivo. La premisa es que un cambio a estos niveles, se traducirá en cambios sus vivencias físicas (procesamiento top-down) y eso se realiza mediante el lenguaje verbal. Pero el lenguaje verbal no es el único que nos ayuda a explorar esos nuevos caminos, y a menudo no es el más eficaz, el más directo o el más completo. Las vías que abre el lenguaje no verbal en psicoterapia y el trabajo con lo corporal, nos permiten conectar de forma más directa con emociones, memorias autobiográficas y somáticas y funciones reguladoras sensoriomotrices situadas a un nivel más profundo (y a menudo inconsciente). Otra vía son las intervenciones desde el cuerpo (bottom-up) que también generarán cambios a otros niveles donde el lenguaje verbal no llega. Como expresa una de las máximas figuras en este campo, “cuando hay un trauma psicológico, una psicoterapia que no integre la mente, el cerebro y el cuerpo no será completa” ( Van Der Kolk; 2015).

Lenguaje no verbal e integración

El lenguaje no verbal se refiere a todos aquéllos canales de expresión donde lo que comunica no es el lenguaje verbal sino lo espacial, gestual, corporal, musical, sonoro…Cada hemisferio cerebral habla lenguajes diferentes. El derecho es intuitivo, emocional, visual, espacial y táctil, y mayormente musical  y creativo (aunque la música se procesa en todo el cerebro, el derecho está muy presente en el procesamiento melódico, entre otros). Es decir, el lenguaje emocional y no verbal están en el mismo hemisferio cerebral, el derecho. El izquierdo es secuencial, analítico y linguístico, nos permite organizar nuestras experiencias. Por ejemplo, cuando ha habido algún evento traumático, este hemisferio no funciona muy bien, y no nos permite ser conscientes de que estamos experimentando el pasado traumático en el presente, aunque sí se experimenten las emociones de forma intensa y disregulada: ambos hemisferios no están integrados. Las emociones  y sensaciones físicas asociadas a la memoria traumática están desconectadas (disociadas) de nuestra parte consciente, aquélla que puede dar significados, racionalizar, o relatarlas verbalmente. Por tanto, una psicoterapia exclusivamente verbal en estos casos a menudo será insuficiente si no atiende al aspecto corporal, y es necesario integrar las modalidades de procesamiento de la memoria implícita y explícita, el hemisferio izquierdo y derecho, y el conocimiento intelectual consciente y las sensaciones corporales (Ogden, 2011).  

¿Y qué papel tiene el cuerpo en todo esto?.

El cuerpo está íntimamente relacionado con nuestro mundo emocional, se registra en nuestro cerebro a través de los mismos canales. Las emociones difíciles o no resueltas se manifiestan a través del cuerpo en forma de tensión, bloqueos, posturas defensivas, memorias sensoriales, secuencias de movimientos que no pudimos acabar en situaciones difíciles, el tipo de respiración, etc. Por ejemplo, podemos identificar si una persona está triste por indicadores de tipo no verbal como su postura hipotónica, normalmente replegada sobre sí misma, gesto de la boca hacia abajo, la prosodia de su voz será normalmente más monótona, en un volumen más bajo… A nivel musical (canal de expresión no verbal presente en todas las personas), esta persona conectará habitualmente más con músicas melódicas, con tempos lentos, en tonos menores, etc.

Esa relación entre el cuerpo y el mundo emocional y afectivo se da también en el sentido contrario: si cambiamos la postura y gestualidad, cambian también nuestras emociones, pues nuestra memoria somática esta asociada a situaciones donde sentimos esas emociones. Esto se da porque el cuerpo manda a nuestro cerebro la señal de que aquello que estamos representando a nivel corporal, aunque en un principio no lo sintamos del todo. Por eso, cuando sonreímos (aunque sea fingiendo) el cerebro emite endorfinas y otras hormonas analgésicas responsables del placer y disminuye aquéllas responsables del estrés (cortisol, adrenalina y dopamina). La relación por tanto entre el cuerpo y lo psicológico es bidireccional. Por ello, en psicoterapia, podemos utilizar técnicas corporales como forma de intervención (para ayudar a la persona a conectar e integrar emociones profundas sin el filtro del cerebro verbal y racional) y como forma de evaluación (para conocer procesos internos de la persona que nos comunica a través de lo corporal y no verbal).

Técnicas corporales en psicoterapia

Existen numerosas técnicas y enfoques para trabajar con el cuerpo de forma activa en psicoterapia. A continuación se describirán resumidamente algunas de ellas:

  • Movimiento y expresión corporal: a través de  las terapias creativas (danza, música, arte, o teatro terapéuticos), se ayuda al paciente o al grupo a expresar de forma creativa diferentes estados, de forma que el propio proceso creativo hace conscientes aspectos de la persona, ayuda a transformar  e integrar distintas emociones o recuerdos, a la conexión interpersonal, por nombrar sólo algunas. Este trabajo terapéutico puede ser acompañado o facilitado con intervenciones musicales/vocales con carácter terapéutico (musicoterapia). Es importante señalar que las herramientas corporales y artísticas, aunque de por sí ayuden a conectar a la persona con esos aspectos y emociones profundos, para poder hablar de un proceso terapéutico deben ser realizadas por un profesional sanitario especializado. (El hecho de bailar o hacer música por sí mismo puede ayudar puntualmente, pero no podemos decir que sea un proceso de terapia como tal).
  • Esculturas: Es una técnica común dentro del enfoque sistémico (donde se trabaja el aspecto relacional). Se pide a la familia o al individuo que represente, como si fueran esculturas, una dinámica relacional y/o emocional concreta. Es una técnica que permite tanto la evaluación como el tratamiento de aspectos profundos, a través del leguaje analógico.
  • Psicodrama y técnicas gestálticas:  Mediante técnicas como el cambio de roles, silla vacía, etc. se ayuda a poner en acción problemáticas personales o interpersonales, en lugar de hablar de ellas. La implicación emocional en las técnicas activas es elevada.
  • Psicoterapia sensoriomotriz: Se trata de un enfoque terapéutico aplicado al tratamiento del trauma, donde se trabaja con el cuerpo para completar  e integrar movimientos y secuencias de acción que no pudieron completarse en el momento del evento traumático, altamente relacionadas con emociones y actitudes ante uno mismo, el otro y el mundo. Esa memoria traumática emocional y cognitiva se puede hacer consciente gracias a las señales sensoriomotrices, y por tanto se integrarán con ellas.
  • Musicoterapia: Si bien el canal terapéutico en este caso es lo musical y sonoro, éste es indivisible del corporal. La música, el sonido, el cuerpo y el espacio son canales de comunicación no verbales, a través de los cuales la persona entra en contacto directo con su parte emocional (hemisferio cerebral derecho), con recuerdos y aspectos inconscientes que puede integrar con la parte racional y consciente (hemisferio izquierdo) mediante el proceso creativo y simbólico. De hecho, el área cerebral responsable de este proceso de integración, el cuerpo calloso, está más desarrollado en músicos. Además, es un potente canal de comunicación inter-personal donde entra en juego la parte social de la persona. Por otro lado, el sonido afecta directamente a la fisiología del cuerpo, ayudando a transformar procesos de salud física y mental.
  • Mindfulness: Pertenece a las intervenciones “mente-cuerpo” y puede ser integrado con otras técnicas mencionadas anteriormente. A través de la atención plena, podemos aumentar considerablemente la autoconciencia corporal y la íntima relación existente entre mente (pensamientos y emociones ) y cuerpo (sensaciones físicas).  A través de ejercicios de atención a distintos objetos (respiración, sensaciones corporales, movimiento, etc.) se ayuda a ampliar considerablemente la consciencia y a integrar las experiencias psíquicas y somáticas. Este tipo de atención (con aceptación, ecuanimidad, y sin apego ni aversión) produce calma y capacidad de auto-regulación emocional. Es importante señalar que las distintas intervenciones terapéuticas basadas en Mindfulness deben adecuarse al problema del paciente, a su ventana de tolerancia emocional y a sus capacidades en cada momento.

Referencias

Van der Kolk, B. A. (2015). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria.

Ogden, P., Minton, K., & Pain, C. (2009). El trauma y el cuerpo. Un modelo sensoriomotor de psicoterapia. Ed. Desclee de Bowers.

Eva Muñoz del Mazo

Psicóloga General Sanitaria equipo NB.

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