Normalmente, cuando pensamos en ir al psicólogo/a nos imaginamos sentados  en un sillón, hablando de nuestros problemas. A través de las preguntas, comentarios y sugerencias que el psicoterapeuta hace, ayuda al paciente a pensar y plantearse cuestiones que abren nuevos caminos (en sentido metafórico y neuronal) a nivel emocional y cognitivo. La premisa es que un cambio a estos niveles, se traducirá en cambios sus vivencias físicas (procesamiento top-down) y eso se realiza mediante el lenguaje verbal. Pero el lenguaje verbal no es el único que nos ayuda a explorar esos nuevos caminos, y a menudo no es el más eficaz, el más directo o el más completo. Las vías que abre el lenguaje no verbal en psicoterapia y el trabajo con lo corporal, nos permiten conectar de forma más directa con emociones, memorias autobiográficas y somáticas y funciones reguladoras sensoriomotrices situadas a un nivel más profundo (y a menudo inconsciente). Otra vía son las intervenciones desde el cuerpo (bottom-up) que también generarán cambios a otros niveles donde el lenguaje verbal no llega. Como expresa una de las máximas figuras en este campo, “cuando hay un trauma psicológico, una psicoterapia que no integre la mente, el cerebro y el cuerpo no será completa” ( Van Der Kolk; 2015).

Lenguaje no verbal e integración

El lenguaje no verbal se refiere a todos aquéllos canales de expresión donde lo que comunica no es el lenguaje verbal sino lo espacial, gestual, corporal, musical, sonoro…Cada hemisferio cerebral habla lenguajes diferentes. El derecho es intuitivo, emocional, visual, espacial y táctil, y mayormente musical  y creativo (aunque la música se procesa en todo el cerebro, el derecho está muy presente en el procesamiento melódico, entre otros). Es decir, el lenguaje emocional y no verbal están en el mismo hemisferio cerebral, el derecho. El izquierdo es secuencial, analítico y linguístico, nos permite organizar nuestras experiencias. Por ejemplo, cuando ha habido algún evento traumático, este hemisferio no funciona muy bien, y no nos permite ser conscientes de que estamos experimentando el pasado traumático en el presente, aunque sí se experimenten las emociones de forma intensa y disregulada: ambos hemisferios no están integrados. Las emociones  y sensaciones físicas asociadas a la memoria traumática están desconectadas (disociadas) de nuestra parte consciente, aquélla que puede dar significados, racionalizar, o relatarlas verbalmente. Por tanto, una psicoterapia exclusivamente verbal en estos casos a menudo será insuficiente si no atiende al aspecto corporal, y es necesario integrar las modalidades de procesamiento de la memoria implícita y explícita, el hemisferio izquierdo y derecho, y el conocimiento intelectual consciente y las sensaciones corporales (Ogden, 2011).  

¿Y qué papel tiene el cuerpo en todo esto?.

El cuerpo está íntimamente relacionado con nuestro mundo emocional, se registra en nuestro cerebro a través de los mismos canales. Las emociones difíciles o no resueltas se manifiestan a través del cuerpo en forma de tensión, bloqueos, posturas defensivas, memorias sensoriales, secuencias de movimientos que no pudimos acabar en situaciones difíciles, el tipo de respiración, etc. Por ejemplo, podemos identificar si una persona está triste por indicadores de tipo no verbal como su postura hipotónica, normalmente replegada sobre sí misma, gesto de la boca hacia abajo, la prosodia de su voz será normalmente más monótona, en un volumen más bajo… A nivel musical (canal de expresión no verbal presente en todas las personas), esta persona conectará habitualmente más con músicas melódicas, con tempos lentos, en tonos menores, etc.

Esa relación entre el cuerpo y el mundo emocional y afectivo se da también en el sentido contrario: si cambiamos la postura y gestualidad, cambian también nuestras emociones, pues nuestra memoria somática esta asociada a situaciones donde sentimos esas emociones. Esto se da porque el cuerpo manda a nuestro cerebro la señal de que aquello que estamos representando a nivel corporal, aunque en un principio no lo sintamos del todo. Por eso, cuando sonreímos (aunque sea fingiendo) el cerebro emite endorfinas y otras hormonas analgésicas responsables del placer y disminuye aquéllas responsables del estrés (cortisol, adrenalina y dopamina). La relación por tanto entre el cuerpo y lo psicológico es bidireccional. Por ello, en psicoterapia, podemos utilizar técnicas corporales como forma de intervención (para ayudar a la persona a conectar e integrar emociones profundas sin el filtro del cerebro verbal y racional) y como forma de evaluación (para conocer procesos internos de la persona que nos comunica a través de lo corporal y no verbal).

Técnicas corporales en psicoterapia

Existen numerosas técnicas y enfoques para trabajar con el cuerpo de forma activa en psicoterapia. A continuación se describirán resumidamente algunas de ellas:

Referencias

Van der Kolk, B. A. (2015). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria.

Ogden, P., Minton, K., & Pain, C. (2009). El trauma y el cuerpo. Un modelo sensoriomotor de psicoterapia. Ed. Desclee de Bowers.

Eva Muñoz del Mazo

Psicóloga General Sanitaria equipo NB.