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Día Mundial contra el Cáncer

El cáncer suele marcar un antes y un después en la vida de quien lo padece. No solo por la enfermedad en sí, sino por todo lo que la rodea: una amenaza directa a la vida, un tiempo prolongado de incertidumbre y una exposición continuada a situaciones que ponen a prueba los recursos emocionales de cualquier persona.

Desde la psicología, este tipo de vivencias encajan con lo que se considera un acontecimiento potencialmente traumático. No únicamente por el momento del diagnóstico, sino por todo lo que viene después: tratamientos invasivos, espera de resultados, miedo a la recaída, cambios corporales, dolor y una relación constante con la posibilidad de pérdida.

La investigación lo muestra con claridad. Una parte de las personas con cáncer desarrolla trastorno de estrés postraumático, con cifras que se sitúan aproximadamente entre un 4 y un 6 % para TEPT activo. Si se amplía el foco a síntomas postraumáticos clínicamente relevantes, aunque no siempre cumplan todos los criterios diagnósticos, los porcentajes aumentan hasta situarse entre un 10 y un 20 %.

Apoyo psicológico para personas afectadas por el cáncer

Pero el impacto psicológico del proceso oncológico no se agota en quienes cumplen criterios diagnósticos. Muchas personas atraviesan esta experiencia en un estado de activación emocional intensa y prolongada. 

Dificultades para dormir, ansiedad persistente, altibajos emocionales, hipervigilancia corporal, sensación de amenaza difusa, problemas para proyectarse en el futuro o una relación extraña con el propio cuerpo son vivencias frecuentes. A menudo se asumen como parte del proceso, se silencian o se normalizan.

Pero el impacto psicológico del proceso oncológico no se agota en quienes cumplen criterios diagnósticos. Muchas personas atraviesan esta experiencia en un estado de activación emocional intensa y prolongada. Dificultades para dormir, ansiedad persistente, altibajos emocionales, hipervigilancia corporal, sensación de amenaza difusa, problemas para proyectarse en el futuro o una relación extraña con el propio cuerpo son vivencias frecuentes. A menudo se asumen como parte del proceso, se silencian o se normalizan.

Que estas reacciones sean comprensibles no significa que no tengan impacto. La exposición prolongada al miedo y a la incertidumbre deja huella, incluso cuando la enfermedad está médicamente controlada. Los estudios en psicooncología muestran que una parte de las personas continúa experimentando malestar psicológico relevante una vez finalizados los tratamientos. En esos momentos, el cuerpo puede haberse recuperado mientras la mente sigue intentando reorganizar lo vivido.

El acompañamiento psicológico en cáncer va más allá del apoyo emocional puntual. Implica entender cómo se procesa una experiencia potencialmente traumática que no se concentra en un solo momento, sino que se construye a lo largo del tiempo. Desde la psicología, el trabajo puede ayudar a regular la activación emocional, a dar sentido al miedo y a la incertidumbre, a aliviar síntomas de ansiedad o depresión y, cuando es necesario, a abordar de forma específica los aspectos más difíciles de integrar de la experiencia.

Sabemos también que hay elementos que protegen la salud psicológica en estos procesos: poder hablar de lo que se está viviendo, sentirse acompañado, contar con una red de apoyo y acceder a intervenciones psicológicas ajustadas a cada fase del proceso. En algunos casos, el trabajo terapéutico permite procesar vivencias, recuerdos o sensaciones que han quedado especialmente activadas.

En este Día Mundial contra el Cáncer, queremos recordar que el proceso oncológico puede º que merece ser atendida, tanto durante los tratamientos como después. Acompañar esta dimensión forma parte del cuidado de la persona.