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3. BLOG NB

Nb Psicología

PAULA LÓPEZ 

Psicóloga sanitaria y docente en NB Psicología

Nos movemos en una sociedad que cada vez acorta más los tiempos entre cambios. Seguro que muchos de vosotros escribíais diarios (de esos de papel y candado). Quizá alguno dejó de hacerlo y se pasó al blog. No descarto que ahora lo tenga un poco abandonado porque subir fotos a redes sociales cubre esa función.

Elegíamos dejar en nuestra privacidad el resultado de la introspección, la reflexión y lo más esencial de nuestra intimidad. Sin embargo, las nuevas formas de relación (virtuales, mediante redes sociales) están modificando este patrón. La intimidad ha dado paso a la extimidad.

El psicoanalista Jacques Lacan habló por primera vez de este término, que actualmente definimos como exponer voluntariamente fuera aquello que está dentro, en la intimidad. 

En el contexto de la terapia psicológica es alarmante ver las consecuencias que esto puede llegar a tener. Pero no es necesario ceñirnos a este contexto. A nadie le resulta ajena la retransmisión online de las vidas de los demás. Compulsivamente se publica todo tipo de contenido y, lejos de asustar esta exposición, lo que realmente asusta es no tener nada que mostrar o seguidores que lo quieran ver. 

¿Por qué? ¿Qué hay detrás de esto?

Ser visto y acumular likes influye en nuestra necesidad de reconocimiento, de aceptación, de vinculación y de afecto, entre otras. Si me siento vacío o vacía en alguna de estas áreas, Internet puede proporcionarme píldoras que lo reparen, y automáticamente. Ver cómo suben los “megustas” aumenta los niveles dopaminérgicos del cerebro, neurotransmisor implicado en la obtención del placer. Esto ayuda a comprender lo adictivo que puede resultar consumir y publicar en redes sociales, así como la dificultad para controlar este comportamiento.

¿Cuál es el precio a pagar? 

Son varias las consecuencias de un uso excesivo e inadecuado de la extimidad en las redes sociales:

Es tal la obsesión, que afecta a nuestra forma de vivir, de ser y de vincularnos a los demás. Y nos consume demasiado tiempo que no podemos dedicar a labores más satisfactorias. 

Nos volcamos tanto en construir una imagen que sea seguida que nos olvidamos de quiénes somos, llegando al punto de no reconocernos. Al sabernos observados alteramos lo que mostramos, olvidándonos de vivir para pensar en la siguiente publicación y si tendrá el resultado esperado. Confundimos seguidores con relaciones reales y pensamos que nuestras interacciones con ellos cubren las necesidades nombradas anteriormente.

Pero no es así ya que la verdadera aceptación y seguridad en nosotros mismos debemos procurárnosla desde el interior. Depender de fuera aumenta nuestra vulnerabilidad e inseguridad, y esto nos pone en riesgo.

¿Qué hacer?

Es necesario ser consciente y reconocer que este patrón nos hace daño, así como querer cambiarlo. Ponernos en manos de especialistas que guíen este proceso de cambio, del afuera al adentro, es una buena decisión, porque puede resultarnos difícil enfrentarnos a la vulnerabilidad. El resultado, eso sí, es muy reconfortante ya que lograremos aceptarnos por quienes somos, conectando con lo que de verdad es importante.

En esta línea, me gustaría hacerte una propuesta para los próximos días, que podrás generalizar más adelante si lo consideras: 

Vive, disfruta, date permiso para ser espontáneo, acepta la imperfección y si quieres compañía, rodéate de tu familia, de tus amigos. Diles cuánto te gustan y agradece los likes reales que te dediquen. Suelta la pantalla y mira más allá, lo que hay detrás de ella y a tu alrededor.

INTIMIDAD-EXTIMIDAD






Ana Moyano

Psicóloga sanitaria y docente en NB Psicología

Manuel y Vicent se conocieron en el instituto. Empezaron siendo amigos y conforme fue avanzando el curso escolar estrecharon su relación y comenzaron a salir juntos. Ellos soñaban con dar la vuelta al mundo, montar en globo y bucear en islas de nombres remotos. Compartían tiempo leyendo, viendo películas y riéndose de sí mismos. Cuando se abrazaban sentían tanto bienestar que se preguntaban si el resto de personas tendría la misma suerte que ellos al encontrarse. Manuel y Vicent se querían y apoyaban, es decir, gozaban de una gran intimidad en su relación de pareja. Fueron a la universidad y allí cada uno comenzó a desarrollarse por vías distinas, Manuel quería viajar lejos y Vicent deseaba adoptar un perro y mudarse a vivir cerca del mar. Finalmente sus caminos se separaron, pensaron que quizá se habían conocido demasiado pronto. 

Carla y Xoel comenzaron su aventura amorosa entre las paredes de la oficina en la que trabajaban. Ella estaba casada pero sentía que su cuerpo no podía controlar la irreflenabale atracción que Xoel le provocaba. Xoel acababa de finalizar una relación de pareja y no quería nada serio. Durante un tiempo se generaron múltiples incendios internos hasta que Xoel cambió de ciudad por trabajo y la relación finalizó. Carla y Xoel gozaban de unas grandes dosis de pasión.

Gabriela y Marta se conocieron en su último año de carrera. Cuando terminaron la universidad recogieron las pocas pertenencias que tenían y se marcharon a trabajar y estudiar idiomas al extranjero. Les gustaba vivir juntas y sus familias se llevaban fenomenal, cuando iban de vacaciones con ellos pasaban las tardes jugando a las cartas y charlando animadamente.Ambas quería tener hijos y todo su entorno las consideraba una pareja muy sólida. Su compromiso siguió aumentando hasta que llegó un punto en el que comenzó a decaer y rompieron. A veces el amor se termina sin razones concretas, simplemente sintieron que “ya no era”.

LOS VÉRTICES DEL AMOR

Tener un hijo, desde el momento del deseo de concebirlo a que el bebé cumple sus primeros años de vida, es un gran paso con implicaciones y efectos a todos los niveles. También desde el ámbito de la psicología. Una buena salud mental de la madre es fundamental para el bienestar del bebé, y el contexto familiar supone también una pata muy importante en todo el proceso. El vínculo que se crea entre un bebé y su madre da lugar a un mundo de emociones que no siempre son fáciles de digerir, controlar y expresar. Para que los psicólogos y profesionales del mundo de la medicina relacionados o interesados en este ámbito conozcan todas las variables psicológicas implicadas en este proceso y se formen para saber cómo intervenir, comunicarse, manejar emociones y/o detectar síntomas, la Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA, ofrece el Curso Experto en Psicología Perinatal. La formación, muy práctica, proporciona a los profesionales una base teórica consistente para saber intervenir y apoyar a familias durante el proceso de maternidad, paternidad y a gestionar el apego y vínculo con sus retoños. UDIMA Media conversa con Marta García, directora del curso, sobre la importancia del mismo y todos los elementos que lo componen.


Manuel Valdés Vasallo
Psicólogo Sanitario M-33113
Especialista en Psicoterapia Integradora
Terapeuta familiar e individual

El concepto Mindfullness se ha ganado un merecido puesto en la cultura popular actual. Este término se asocia a la atención plena y a tomar consciencia del momento presente, utilizando la respiración consciente para contrarrestar el ritmo y las inquietudes de la vida cotidiana. Dicho de otro modo, nos viene a decir que paremos un poco y que pisemos firmemente el lugar en el que estamos en este momento para poder ser conscientes y no dejarnos llevar por las corrientes pasadas y futuras de nuestras vidas.

Aportada la teoría, la práctica se nos complica más y se asemeja más a un ideal a alcanzar en los tiempos que corren, teniendo en cuenta los estilos de vida frenéticos que están tan de moda, en los cuales las horas se nos escapan, los días vuelan, los meses galopan y con suerte podemos tomar consciencia del paso del tiempo en los días de nuestro cumpleaños.

Para poder dirigirnos hacia un lugar nuevo es esencial tomar consciencia del lugar de dónde venimos, pues no hay destino sin punto de partida. Si obviamos este importante paso, corremos el riesgo de despistarnos en el camino, de perder la referencia y de frustrarnos por no avanzar como quisiésemos, con el correspondiente machaque posterior por no haber conseguido llegar a nuestro objetivo. El punto de partida, para mucho de nosotros, es el Mindlessness, el estilo de vida en el que tomamos conciencia de lo estrictamente necesario para tener una vida productiva y eficiente, para conseguir nuestros objetivos profesionales y sociales y donde el individuo, sus necesidades, emociones e inquietudes, quedan en un segundo plano arrastrados por un tren de alta velocidad que no para ni espera por nadie.

En este estilo de vida finalizamos nuestro día de la misma manera con la que lo empezamos, con un chorrazo de luz del móvil directo a nuestra córnea. No hay respiro, nos despertamos e inmediatamente estamos estimulados: whatsapps recibidos durante nuestro sueño, notificaciones de nuestras redes que nunca duermen, el tiempo que hará hoy (bastante práctico) y una breve anticipación a lo que será el día. En resumen, llegamos al desayuno bastante activaditos, si es que nos sentamos a desayunar, momento del día reservado para afortunados. Vamos a trabajar y eso hacemos, ejercitamos nuestra preciosa habilidad para atender varios asuntos al mismo tiempo y nos ganamos nuestro pan. Terminamos la jornada y muchos de nosotros seguimos trabajando, ya sea con nuestras familias o con nuestros quehaceres diarios. Incluso si disponemos de tiempo “libre” es probable que lo usemos intentando recordar si una tarea pasada ha quedado bien hecha y el consiguiente juicio de que podríamos haberlo hecho mejor o puede que nos proyectemos al futuro, a mañana, por ejemplo, a esa reunión que tanto nos inquieta. No hay descanso. De manera automática, arrastrados por la fuerza de nuestros hábitos, tendemos a regar y fortalecer las semillas de la prisa, la inquietud y las de no estar en el momento presente.

El primer paso es darnos cuenta de este automatismo que tiene lugar, de este riego automático que rige nuestras vidas, tomando consciencia de cuándo y cómo ocurre para poder pasar a riego manual cuando lo necesitemos. El riego automático no es malo, cumple la función de mantenernos vivos en la abrumadora rutina, nos ayuda a sacar adelante cada día nuestras repetitivas actividades y responsabilidades. El problema viene cuando este automatismo se hace con toda nuestra consciencia y no queda tiempo ni espacio para nosotros mismos, nuestras necesidades y nuestro cuidado.

Es aquí donde hace falta el riego manual. Hace falta que podamos tener la opción de volver al momento presente, tomar las riendas de nuestro tiempo y decidir qué semillas regamos, cuándo y cuánto. Es así como de manera paulatina, ejercitando la paciencia, tomando conciencia de nuestro ritmo y haciéndonos cargo de él, pasamos del Mindlessness al Mindfulness.

La teoría del apego ofrece una explicación lógica y consolidada científicamente sobre las formas en las que el ser humano establece vínculos. Aunque no se desarrolló en un comienzo como una teoría clínica, cada vez son más los profesionales que la incorporan como marco teórico para entender a sus pacientes; y cada vez son más los abordajes terapéuticos que la utilizan como base para desarrollar nuevas herramientas útiles para el trabajo con pacientes. En el campo de la psicoterapia infantil es especialmente útil.

En esta conferencia se expondrán las ideas más importantes de la teoría y su relación con el desarrollo de problemas psicopatológicos en la infancia. Igualmente se hará un recorrido por los tratamientos psicológicos basados en el apego para población infantil.

¡Ya puedes ver la conferencia online!


Alba Villamediana
Psicóloga del Deporte
​Alumna Prácticas MPGS en NB Psicología

“Mens sana in corpore sano” (Mente sana en un cuerpo sano) proviene de un poema escrito entre los siglos I y II d.C. dejando patente, ya desde esa época, la necesidad de un equilibrio entre el bienestar físico y psicológico. 

La práctica de actividad física está cobrando un gran protagonismo en el día a día de las personas del S.XXI y cada vez  le otorgamos más importancia en promoción de la salud física. Pero, ¿y en la salud mental?

En relación a este balance cuerpo-mente, el deporte aporta grandes beneficios, siempre y cuando sea usado de una manera sana y equilibrada. Entre sus contribuciones destaca la ayuda al bienestar de la persona, favoreciendo un mejor  estado de ánimo y autoestima, disminución de la ansiedad, depresión, y un mejor funcionamiento cognitivo.

En jóvenes mejora el rendimiento académico, regulando la actividad cerebral y contribuyendo a una mejor organización y establecimiento de rutina de estudio (teniendo que organizar las horas deportivas con las responsabilidades académicas). Además, en adolescentes, el ejercicio físico genera una mejor imagen corporal propia, aspecto que se relaciona con el aumento de la autoestima.

En adultos, varios estudios han demostrado que la actividad física favorece la creatividad y la eficacia en el trabajo. También se ha demostrado que la actividad física contribuye a la mejora en la memoria ayudando a los procesos de recuperación de información. 

Por último, un mejor estado de forma ayuda a las personas mayores a sentir mayor control sobre sí mismos, sentando así las bases de una gestión emocional más estable y estados de ánimo más positivos. 

Queda patente que el ejercicio físico ayuda tanto a mayores como pequeños, pero su mayor beneficio está en el bienestar psicológico y emocional que éste produce a nivel general. Ponerse retos, esforzarse para superarlos y finalmente conseguirlos, poniendo en marcha recursos para su obtención, contribuye a una mejora de la autoconfianza, sintiéndonos más capaces de superar las adversidades. 

Todos estos beneficios sientan las bases a nivel psicofisiológico, ya que la práctica de ejercicio físico produce un incremento de los niveles de noradrenalina, implicada en la respuesta del organismo al estrés, y de serotonina, relacionada en la mejora de nuestro estado de ánimo y la reducción de la ansiedad.

Finalmente, la práctica de ejercicio físico puede ser una buena oportunidad para conocer y establecer relaciones con otras personas. Tener relaciones sociales puede ayudarnos en momentos de transición o dificultades, sirviéndonos de apoyo social, de distracción de nuestros problemas, de refuerzo, etc.

Dicho todo lo anterior, resulta necesario aclarar que no es el deporte el mero responsable de dichos beneficios y dicho cambio, sino que son las personas las que le ponen las intenciones. Ejercicio regular, sano y de intensidad media tiene los beneficios físicos y psicológicos reseñados. Sin embargo, un ejercicio poco adaptado a cada nivel, con retos poco realistas y una exigencia extrema puede provocar prejuicios físicos, y a nivel psicológico frustración, baja autoestima, niveles elevados de irritabilidad, y por supuesto, poco disfrute.

El ejercicio orientado a la salud tiene el objetivo último de combinar la vida activa con un bienestar psicológico y social que solo se consigue disfrutando de actividades físicas agradables y adaptadas a cada persona.

Eva Muñoz del Mazo

Col. M-27510

Psicóloga Grupo NB Psicología

  • Mi hija adolescente no me habla, es como una desconocida…
  • Eso debe ser duro… ¿Y tú que haces?
  • No le pregunto.

Esta frase es común entre padres y madres desesperados que no saben qué hacer con sus hijos/as adolescentes. En un intento por no agobiar a sus hijos, o por no saber cómo abordarles, terminan por acrecentar el círculo vicioso de la distancia en la relación. Y es que, paradójicamente, a menudo hacemos lo contrario de lo que necesitamos. Otras veces invaden a sus hijos con preguntas, pero no saben cómo hacer para que su hijo/a se abra con confianza, en un diálogo. Otros padres, cuando indagamos en cómo tratan de acercarse a sus hij@s adolescentes, resulta que terminan por convertir la conversación, sin querer, en un juicio, en lugar de empatizar con sus emociones:

“No nos hablas, no sales de tu habitación…  ¡eres un desagradecido!”

Si los padres en esos casos, en lugar de terminar juzgando o dando un sermón, expresaran sinceramente (y sin dobles mensajes) que les gustaría saber más de cómo están sus hijos, es más probable que haya un acercamiento. Es comprensible la rabia, incomprensión y desesperación de los padres, pero al volcarla sobre su hijo/a pierden la oportunidad de acercarse a ellos/as, que es lo que realmente buscan. Por otro lado, el/la adolescente también es presa de una montaña rusa emocional a menudo, y también pueden acabar incrementando el nivel de conflicto con malas formas, gestos de indiferencia, o insultos, por lo que el bucle está servido. Al final no importa quién empieza el bucle, sino que se pare. 

La crianza de un adolescente no es fácil: por un lado, ya no son niños/as, y por otro, aunque tienen una madurez creciente a todos los niveles, no son adultos plenamente desarrollados. Además, su cerebro y sexualidad en desarrollo sufre explosiones hormonales que hacen que vivan intensamente las emociones y el mundo social. Tienen la sensación de que los problemas y sus emociones en ese momento no fueran a acabar nunca. Esto contribuye enormemente a cambios de humor y expresiones emocionales que pueden parecer “exageradas” a ojos de los adultos que les cuesta empatizar con el mundo interno del adolescente.

En la etapa de la adolescencia es vital que los adultos favorezcan la autonomía, la exploración, la socialización, es decir: soltar un poco las riendas. El y la adolescente necesita explorar el mundo, explorarse a sí mismo/a, aprender de sus propios errores.  Pero al mismo tiempo, necesitan límites que les enseñen hasta dónde, hasta cuándo, que les den estructura, porque la estructura también da seguridad y es una forma de educar con amor. Estos límites no implican un autoritarismo adulto falto de afecto, sino que pueden ser ejercidos con firmeza y autoridad, pero a la vez con empatía y afecto.

Los adolescentes, por tanto, siguen necesitando atención, empatía y protección (ojo, no sobreprotección) adaptadas a su madurez.  Necesitan de adultos que estén ahí, pero con dosis adecuadas de autonomía y límites. Ahora bien, cuando la balanza entre afectividad y límites está polarizada hacia uno de los extremos, estaremos pasando por alto una parte importante de su educación. Si sólo protegemos, damos consejos y empatizamos, pero nunca ponemos unos límites firmes o favorecemos su autonomía, estaremos sobreprotegiendo, impidiendo que ganen seguridad en sí mismos y que construyan una sana autoestima. Si, por el contrario, sólo nos centramos en lo que hay que hacer, (por ejemplo, a través de los estudios, las tareas domésticas, cómo han de hacerse las cosas) sin favorecer momentos de escucha empática de lo que les pasa por dentro, o respetando su propia forma de hacer las cosas, no estaremos atendiendo a la persona sintiente (y en el caso de los adolescentes, recordemos, su emocionalidad está a flor de piel). Estaremos perdiendo la conexión emocional que tanto necesitan. Este equilibrio no es fácil, pero es necesario. Y no será igual cuando tengan 13 años que cuando tengan 17. Pero seguirán siendo necesarias ambas partes adaptadas a su nivel de madurez.

Cuando se hace muy costoso establecer esa conexión y ese balance, puede ser que la relación esté dañada. Esto puede deberse a factores como un estilo educativo que recibieron los padres y que no les está funcionando con sus hijos, una  relación dañada desde la infancia pero que se manifiesta con más virulencia cuando el menor llega a la adolescencia, o por problemas en la familia o en la vida del adolescente que le hacen más vulnerable o más evitativo, o una amalgama de varios factores.  En estos casos, la terapia familiar resulta de vital importancia para ayudar a identificar patrones de comunicación dañinos o disfuncionales que dañan cada vez más la relación, así como emociones que se están expresando indebidamente o que se están suprimiendo, etc. La adolescencia, al fin y al cabo, es un período duro para toda la familia y que necesita ser comprendido y atendido, viendo a cada miembro de la familia con sus propias dificultades.

Amaya Navarro Martín

Prácticum Máster en Psicología General Sanitaria

A día de hoy el suicidio sigue siendo un tema tabú, aun siendo tan frecuente como es. Es un tema totalmente silenciado que supone un problema real en el mundo en el que vivimos y sobre el que se han establecido una serie de mitos que es necesario conocer y desmentir, sobre todo para ayudarnos a dar la imagen más acertada posible de una conducta suicida. Algunas de estas ideas erróneas o mitos sobre el suicidio son los siguientes:

1. El que se quiere suicidar no lo dice

Esta información es falsa, ya que la mayor parte de las personas que llegan a suicidarse habían manifestado previamente sus intenciones. Esta idea lleva a las personas del entorno a no prestar atención a las señales que envía la persona afectada, que no tiene por qué estar manifestándolo verbalmente.

2. El que dice que va a suicidarse no lo hace

Esta idea expresa lo contrario a la anterior, también puede llevar a desatender esas señales y restarles la importancia que realmente tienen, ya que la persona está manifestando su intención y deseo de cometer un acto suicida.

3. El que intenta suicidarse lo hace para llamar la atención

El suicidio es un tema muy serio como para trivializarlo y considerar que las autolesiones o intentos de suicidio puedan ser una llamada de atención. Es necesario llevar a cabo una buena evaluación para conocer los motivos de esas conductas, ya que un suicidio puede frustrarse por muchos motivos.

4. El que es suicida quiere suicidarse

No todas las personas que se suicidan quieren acabar con su vida, sino que se encuentran en una situación de desesperación, por no haber tenido éxito con ninguno de los mecanismos que han puesto en marcha para salir de la situación en la que se encuentran.

5. El que lo intenta una vez lo va a volver a hacer

Con esta idea se justifica la sobreprotección y el estigma hacia la persona que ha llevado a cabo un intento de suicidio. Una persona que se recupera de una crisis de este tipo no tiene por qué volverlo a intentar si adquiere las habilidades necesarias para seguir adelante.

6. El que se suicida tiene un trastorno mental

Es muy común escuchar que las personas que se suicidan lo hacen porque están locas. Lo que está claro es que toda persona que se suicida es una persona que sufre, pero no por ello tiene que padecer un trastorno mental. Al igual que padecer un trastorno mental no te pone en riesgo automáticamente de cometer un suicidio.

7. Todo el que se suicida está deprimido

En relación al mito anterior, está muy extendido que las personas deprimidas son las que se suicidan. Es evidente que hay relación, pero existen porcentajes igualmente significativos de personas con otro tipo de psicopatología (por ejemplo, abuso de sustancias, esquizofrenia, trastorno bipolar o trastornos de personalidad) que tienen altas tasas de suicidio. Al igual que existen personas sin ningún trastorno mental que lo cometen.

8. Hablar sobre el suicidio puede incitar a él

Hablar del suicidio nos ayuda a comprender la gravedad de la situación, no estamos “dando ideas”, puede ser positivo para la persona poder comentarlo, aunque sea incómodo hablarlo directamente.

9. El que intenta suicidarse es un cobarde/valiente

En cuanto a esta afirmación se tienen los dos puntos de vista. No está bien darle al suicidio connotaciones tan positivas como la valentía, ni negativas como la cobardía, ya que en cada caso es necesario conocer los motivos y la situación concreta que ha llevado a ese punto. Debemos entender y tratar de prevenir, no juzgar.

10. Los niños y adolescentes no se suicidan

Es una forma de negar la triste situación que supone el suicidio infantil, pero existe y pone de manifiesto la necesidad de programas de prevención.

En este sentido, los medios de comunicación pueden ayudar mucho a la prevención del suicidio, son muy necesarias políticas de prevención y programas específicos que den visibilidad a este tema y aporten alternativas, para reducir los altos porcentajes de suicidio que tenemos en nuestra sociedad.

Juan Romero Alonso

Psicólogo y Neuropsicólogo

Alumno Prácticas MPGS en NBG Psicología

La Neuropsicología es una rama de la Psicología que estudia las relaciones entre estructuras cerebrales y funciones mentales superiores. Dicho de otra forma, la Neuropsicología se encarga de saber qué parte del cerebro está asociada a funciones como la atención, la memoria, la planificación, la orientación… y en último término, la conducta humana. Ésta se basa en el método científico para estudiar la relación entre el cerebro y conducta humana.

Gracias a los descubrimientos de la Neuropsicología, hoy en día podemos saber qué regiones cerebrales se encuentran dañadas en diferentes patologías, como puede ser una demencia, un ictus o una alteración en el neurodesarrollo de un niño.

Basándose en este conocimiento, los profesionales de esta área pueden trabajar, por medio de ejercicios, con las funciones mentales superiores que se encuentren afectadas para su correcta rehabilitación o compensación, haciendo en última instancia que las regiones cerebrales que se encuentran dañadas vuelvan a estar en un estado, lo más parecido posible a su estado basal.

El fin último de la Neuropsicología será por tanto conocer, investigar y trabajar el funcionamiento óptimo de las capacidades mentales superiores necesarias para afrontar los retos del día a día, y su relación con las estructuras cerebrales que las hacen posibles.

¿En qué consiste una rehabilitación o un tratamiento neuropsicológico?

Hay varios tipos de intervención cuando nos centramos en un tratamiento neuropsicológico. El primer paso es hacer una evaluación. Ésta se lleva a cabo con diferentes pruebas que son capaces de medir la capacidad que tienen las funciones mentales superiores, y por consiguiente podremos saber casi a la perfección, cuáles son las regiones cerebrales que pueden estar afectadas. Después de la evaluación se pueden proponer dos tipos de tratamientos en función del problema encontrado: estimulación cognitiva o rehabilitación neuropsicológica.

La estimulación cognitiva está dirigida a personas sin patología o con una patología muy leve, como puede ser un pequeño deterioro cognitivo debido a la edad. Este tipo de intervención proporcionará un mejor rendimiento en las funciones mentales superiores de aquellas personas que quieran incrementar sus capacidades, que noten que en alguna capacidad ha disminuido su rendimiento (por ejemplo, fallos en memoria o atención), o que simplemente quieran mantenerse mentalmente en forma y activos para afrontar los retos del día a día satisfactoriamente.

Por otra parte, la rehabilitación neuropsicológica, se centrará en aquellas personas que tengan una patología más pronunciada, como puede ser una demencia de tipo Alzheimer, Parkinson, lesiones relacionadas con ictus o enfermedades desmielinizantes (como la esclerosis múltiple) entre muchas otras. En este tipo de intervención podemos encontrar tres tipos distintos de tratamiento:

1. Restauración de las funciones mentales superiores afectadas. Este tratamiento se efectúa directamente sobre las funciones alteradas, con el objetivo de que vuelvan a estar normalizadas, suponiendo a su vez, una rehabilitación completa o casi completa del área cerebral dañada. Por ejemplo, trabajar la atención de una persona que ha sufrido un ictus y tiene daños en la corteza parietal posterior, con el objetivo de que la función vuelva a tener un rendimiento lo más parecido posible al que tenía antes del infarto cerebral.

2. Compensación de la función afectada, dirigida a facilitar la rehabilitación de las funciones mentales superiores mediante el uso de estrategias alternativas, o ayudas externas que le quiten peso a las funciones mentales que se encuentran alteradas. Con este tratamiento conseguiremos reducir los requisitos cognitivos que se necesitan para llevar a cabo una actividad que implique la función alterada. Por ejemplo, si hay fallos en la memoria, se trabajará el uso de estrategias mnemotécnicas y se utilizarán notas recordatorias (estímulos externos que ayudan a la función mental).

3. Sustitución de la función. Esta intervención se centra en obtener el mayor rendimiento posible de la función alterada, interviniendo sobre las funciones mentales conservadas y optimizando las funciones alteradas por medio de estrategias sustitutorias. Por ejemplo, si hay fallos en la atención de un paciente, podremos trabajar sobre la visopercepción haciendo que revise bien el espacio y los objetos que hay a su alrededor compensando el déficit atencional.

¿Qué funciones son exactamente las que trata la neuropsicología?

  • Memoria.
  • Atención.
  • Visopercepción y capacidad visoespacial.
  • Praxias (conducta motora voluntaria e involuntaria).
  • Lenguaje (recepción del lenguaje, entendimiento y producción oral y escrita).
  • Orientación (espacial, personal y temporal).
  • Cálculo mental.
  • Flexibilidad cognitiva (capacidad para cambiar de pensamiento o conducta en función de las exigencias del medio).
  • Planificación.
  • Inhibición (capacidad conductual o mental para tomar decisiones de forma no impulsiva, sino reflexiva).
  • Velocidad de procesamiento (tiempo en el que somos capaces de trabajar con estímulos o conceptos mentales).
  • Autorregulación (capacidad de dirigir voluntariamente nuestra conducta y funcionamiento mental).
  • Otras funciones relacionadas con el funcionamiento mental adecuado para hacer las actividades de la vida diaria y esfuerzos mentales.

¿Qué patologías están relacionadas con la Neuropsicología?

En términos generales, cualquier patología que implique un rendimiento alterado de las funciones mentales superiores y, por tanto, de las estructuras cerebrales será objeto de una intervención neuropsicológica.

Algunos de estos trastornos son: TDAH, autismo, discapacidad intelectual, traumatismos craneoencefálicos, ictus o infartos cerebrales, enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer, enfermedad de Huntington, Parkinson, esclerosis múltiple), enfermedades desmielinizantes (encefalitis, neuromielitis, mielitis transversa…), enfermedades priónicas (encefalopatía espongiforme, enfermedad de Creutzfeldt-Jakob…), etcétera. También son susceptibles de tratamiento neuropsicológico aquellas personas que sufren un trastorno mental y sus capacidades superiores se ven alteradas. Por ejemplo, una persona que sufra una depresión mayor, tendrá la capacidad atencional afectada; o una persona con un trastorno bipolar tendrá alterada la inhibición y la autorregulación en su fase de manía. El tratamiento neuropsicológico con este tipo de pacientes es un gran apoyo a la terapia clínica habitual, haciendo que los pacientes mejoren de una forma más rápida y efectiva como demuestran los estudios de los últimos años.

¿Sobrevivir o vivir?: Cómo la psicoterapia puede ayudar a un paciente con enfermedad crónica.

Marta García García
Col. M- 26434
Psicóloga Grupo NB Psicología

El concepto de sobrevivir viene definido por la RAE como: “Seguir existiendo después de la muerte de alguien, de la desaparición de algo o de un suceso”.
No podemos obviar que a lo largo de la vida de una persona aparecen diferentes barreras o dificultades. La pérdida de empleo, el fallecimiento de un familiar o una enfermedad, son situaciones ante las que podemos reaccionar desde la aceptación, el aprendizaje y el empoderamiento, o, por el contrario, podemos sentirnos desbordados, sin recursos e incluso derrotados.
Cierto es, que estas situaciones se presentan principalmente porque estamos vivos.
No obstante, ¿estamos viviendo plenamente?
“Vivir” tiene que ver con experimentar, disfrutar, saborear, comprender, aprender, quererse a uno mismo, amar, notar, entender y crecer con cada paso que vamos dando en la vida.
Así, la Organización Mundial de la Salud reconoce: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.
Precisamente este es uno de los objetivos que persigue la psicoterapia, que el paciente sienta que realmente está viviendo, que comprenda sus emociones y pensamientos, y, por lo tanto, está dirigiendo su vida por el camino que realmente desea.
Pero ¿qué ocurre cuando un individuo es diagnosticado de una enfermedad crónica?
Los pacientes que presentan una enfermedad crónica, tienen que hacer un hueco en sus vidas a una invitada inesperada que pone patas arriba su mundo y el de todos los que le rodean.
Es importante saber que tanto el paciente como la familia más directa necesita ayuda. Contar con herramientas adaptativas es fundamental para poder afrontar todos los cambios psicofísicos que se les vienen encima.
En este sentido, la psicoterapia pretende mejorar la calidad de vida del paciente crónico y de su entorno, que de forma más o menos inesperada, se encuentra ante un cambio de gran transcendencia para su proyecto vital.
Cuando un individuo recibe una noticia de este tipo, pasa por una serie de fases de carácter afectivo-emocional que en función de cómo se gestionen favorecerá o no el proceso de adaptación a la enfermedad y, por lo tanto, en última instancia, mejorará o empeorará a su calidad de vida.
Ante el diagnóstico de una enfermedad crónica es normal sentir pánico, confusión, negación, dificultades para tomar decisiones e incluso intensos sentimientos de decepción ante los profesionales sanitarios.
Durante el tratamiento, el sentimiento más común es la ansiedad.
Tras la finalización de este, pueden aparecer fuertes sentimientos de tristeza, ansiedad y enfado, pues es en este momento cuando se es totalmente consciente de los cambios y las pérdidas.  
Que el paciente tome un papel activo en su enfermedad es fundamental de cara a seguir un tratamiento eficaz, cumplir con las prescripciones médicas y prevenir complicaciones futuras.
Por todo ello, acudir al psicólogo puede ayudar a manejar la ansiedad, la tensión y los nervios. También, a manejar las preocupaciones y los pensamientos negativos. Además, facilitar la resolución de problemas y la toma de decisiones. Así como a experimentar, saborear y disfrutar conscientemente de las situaciones placenteras del día a día.
En definitiva, a no conformarnos con sobrevivir, sino a vivir plenamente.

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