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Nb Psicología

Normalmente, cuando pensamos en ir al psicólogo/a nos imaginamos sentados  en un sillón, hablando de nuestros problemas. A través de las preguntas, comentarios y sugerencias que el psicoterapeuta hace, ayuda al paciente a pensar y plantearse cuestiones que abren nuevos caminos (en sentido metafórico y neuronal) a nivel emocional y cognitivo. La premisa es que un cambio a estos niveles, se traducirá en cambios sus vivencias físicas (procesamiento top-down) y eso se realiza mediante el lenguaje verbal. Pero el lenguaje verbal no es el único que nos ayuda a explorar esos nuevos caminos, y a menudo no es el más eficaz, el más directo o el más completo. Las vías que abre el lenguaje no verbal en psicoterapia y el trabajo con lo corporal, nos permiten conectar de forma más directa con emociones, memorias autobiográficas y somáticas y funciones reguladoras sensoriomotrices situadas a un nivel más profundo (y a menudo inconsciente). Otra vía son las intervenciones desde el cuerpo (bottom-up) que también generarán cambios a otros niveles donde el lenguaje verbal no llega. Como expresa una de las máximas figuras en este campo, “cuando hay un trauma psicológico, una psicoterapia que no integre la mente, el cerebro y el cuerpo no será completa” ( Van Der Kolk; 2015).

Lenguaje no verbal e integración

El lenguaje no verbal se refiere a todos aquéllos canales de expresión donde lo que comunica no es el lenguaje verbal sino lo espacial, gestual, corporal, musical, sonoro…Cada hemisferio cerebral habla lenguajes diferentes. El derecho es intuitivo, emocional, visual, espacial y táctil, y mayormente musical  y creativo (aunque la música se procesa en todo el cerebro, el derecho está muy presente en el procesamiento melódico, entre otros). Es decir, el lenguaje emocional y no verbal están en el mismo hemisferio cerebral, el derecho. El izquierdo es secuencial, analítico y linguístico, nos permite organizar nuestras experiencias. Por ejemplo, cuando ha habido algún evento traumático, este hemisferio no funciona muy bien, y no nos permite ser conscientes de que estamos experimentando el pasado traumático en el presente, aunque sí se experimenten las emociones de forma intensa y disregulada: ambos hemisferios no están integrados. Las emociones  y sensaciones físicas asociadas a la memoria traumática están desconectadas (disociadas) de nuestra parte consciente, aquélla que puede dar significados, racionalizar, o relatarlas verbalmente. Por tanto, una psicoterapia exclusivamente verbal en estos casos a menudo será insuficiente si no atiende al aspecto corporal, y es necesario integrar las modalidades de procesamiento de la memoria implícita y explícita, el hemisferio izquierdo y derecho, y el conocimiento intelectual consciente y las sensaciones corporales (Ogden, 2011).  

¿Y qué papel tiene el cuerpo en todo esto?.

El cuerpo está íntimamente relacionado con nuestro mundo emocional, se registra en nuestro cerebro a través de los mismos canales. Las emociones difíciles o no resueltas se manifiestan a través del cuerpo en forma de tensión, bloqueos, posturas defensivas, memorias sensoriales, secuencias de movimientos que no pudimos acabar en situaciones difíciles, el tipo de respiración, etc. Por ejemplo, podemos identificar si una persona está triste por indicadores de tipo no verbal como su postura hipotónica, normalmente replegada sobre sí misma, gesto de la boca hacia abajo, la prosodia de su voz será normalmente más monótona, en un volumen más bajo… A nivel musical (canal de expresión no verbal presente en todas las personas), esta persona conectará habitualmente más con músicas melódicas, con tempos lentos, en tonos menores, etc.

Esa relación entre el cuerpo y el mundo emocional y afectivo se da también en el sentido contrario: si cambiamos la postura y gestualidad, cambian también nuestras emociones, pues nuestra memoria somática esta asociada a situaciones donde sentimos esas emociones. Esto se da porque el cuerpo manda a nuestro cerebro la señal de que aquello que estamos representando a nivel corporal, aunque en un principio no lo sintamos del todo. Por eso, cuando sonreímos (aunque sea fingiendo) el cerebro emite endorfinas y otras hormonas analgésicas responsables del placer y disminuye aquéllas responsables del estrés (cortisol, adrenalina y dopamina). La relación por tanto entre el cuerpo y lo psicológico es bidireccional. Por ello, en psicoterapia, podemos utilizar técnicas corporales como forma de intervención (para ayudar a la persona a conectar e integrar emociones profundas sin el filtro del cerebro verbal y racional) y como forma de evaluación (para conocer procesos internos de la persona que nos comunica a través de lo corporal y no verbal).

Técnicas corporales en psicoterapia

Existen numerosas técnicas y enfoques para trabajar con el cuerpo de forma activa en psicoterapia. A continuación se describirán resumidamente algunas de ellas:

  • Movimiento y expresión corporal: a través de  las terapias creativas (danza, música, arte, o teatro terapéuticos), se ayuda al paciente o al grupo a expresar de forma creativa diferentes estados, de forma que el propio proceso creativo hace conscientes aspectos de la persona, ayuda a transformar  e integrar distintas emociones o recuerdos, a la conexión interpersonal, por nombrar sólo algunas. Este trabajo terapéutico puede ser acompañado o facilitado con intervenciones musicales/vocales con carácter terapéutico (musicoterapia). Es importante señalar que las herramientas corporales y artísticas, aunque de por sí ayuden a conectar a la persona con esos aspectos y emociones profundos, para poder hablar de un proceso terapéutico deben ser realizadas por un profesional sanitario especializado. (El hecho de bailar o hacer música por sí mismo puede ayudar puntualmente, pero no podemos decir que sea un proceso de terapia como tal).
  • Esculturas: Es una técnica común dentro del enfoque sistémico (donde se trabaja el aspecto relacional). Se pide a la familia o al individuo que represente, como si fueran esculturas, una dinámica relacional y/o emocional concreta. Es una técnica que permite tanto la evaluación como el tratamiento de aspectos profundos, a través del leguaje analógico.
  • Psicodrama y técnicas gestálticas:  Mediante técnicas como el cambio de roles, silla vacía, etc. se ayuda a poner en acción problemáticas personales o interpersonales, en lugar de hablar de ellas. La implicación emocional en las técnicas activas es elevada.
  • Psicoterapia sensoriomotriz: Se trata de un enfoque terapéutico aplicado al tratamiento del trauma, donde se trabaja con el cuerpo para completar  e integrar movimientos y secuencias de acción que no pudieron completarse en el momento del evento traumático, altamente relacionadas con emociones y actitudes ante uno mismo, el otro y el mundo. Esa memoria traumática emocional y cognitiva se puede hacer consciente gracias a las señales sensoriomotrices, y por tanto se integrarán con ellas.
  • Musicoterapia: Si bien el canal terapéutico en este caso es lo musical y sonoro, éste es indivisible del corporal. La música, el sonido, el cuerpo y el espacio son canales de comunicación no verbales, a través de los cuales la persona entra en contacto directo con su parte emocional (hemisferio cerebral derecho), con recuerdos y aspectos inconscientes que puede integrar con la parte racional y consciente (hemisferio izquierdo) mediante el proceso creativo y simbólico. De hecho, el área cerebral responsable de este proceso de integración, el cuerpo calloso, está más desarrollado en músicos. Además, es un potente canal de comunicación inter-personal donde entra en juego la parte social de la persona. Por otro lado, el sonido afecta directamente a la fisiología del cuerpo, ayudando a transformar procesos de salud física y mental.
  • Mindfulness: Pertenece a las intervenciones “mente-cuerpo” y puede ser integrado con otras técnicas mencionadas anteriormente. A través de la atención plena, podemos aumentar considerablemente la autoconciencia corporal y la íntima relación existente entre mente (pensamientos y emociones ) y cuerpo (sensaciones físicas).  A través de ejercicios de atención a distintos objetos (respiración, sensaciones corporales, movimiento, etc.) se ayuda a ampliar considerablemente la consciencia y a integrar las experiencias psíquicas y somáticas. Este tipo de atención (con aceptación, ecuanimidad, y sin apego ni aversión) produce calma y capacidad de auto-regulación emocional. Es importante señalar que las distintas intervenciones terapéuticas basadas en Mindfulness deben adecuarse al problema del paciente, a su ventana de tolerancia emocional y a sus capacidades en cada momento.

Referencias

Van der Kolk, B. A. (2015). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Eleftheria.

Ogden, P., Minton, K., & Pain, C. (2009). El trauma y el cuerpo. Un modelo sensoriomotor de psicoterapia. Ed. Desclee de Bowers.

Eva Muñoz del Mazo

Psicóloga General Sanitaria equipo NB.

“A la hora de contratar a un psicólogo interesa tanto la capacidad de interactuar con las personas como el buen rendimiento académico en la carrera”, afirma Juan Carlos Serrano, psicólogo sanitario y coordinador de Recursos Humanos de los centros sanitarios del grupo NB Psicología. Además es imprescindible tener el Máster en Psicología General Sanitaria, habilitante para ejercer la profesión.

Pero la psicología, por encima de todo, “trabaja con personas y las tiene como eje central” explica el experto.

Esta es la principal conclusión de la openclass ¿Qué se busca en un psicólogo para contratarle?, presentada por Ana Belén Calvodirectora del Máster en Psicología General Sanitaria online de UNIR.


Las empresas del sector valoran dos tipos de cualidades en los procesos de selección, señala Juan Carlos Serrano. Por un lado, las comunes a cualquier entorno laboral del siglo XXI: compromiso, implicación, proactividad, flexibilidad, capacidad de resolver conflictos y tomar decisiones.

Y por otro lado, los contratadores valoran cualidades propias del profesional de la psicología. La más básica de todas es la “capacidad de comunicación con el paciente, que se traduce en capacidad de escucha” enfatiza Serrano. Pero también, la creatividad, adaptando las técnicas y herramientas a cada persona con la que se interactúa.

Son importantes la formación teórica y las competencias técnicas, pero “lo decisivo es la parte personal”. Es decir, “cómo eres tú como persona, como te has trabajado a ti mismo, y qué habilidades tienes para conectar y ponerte en el lugar de otras”. Al final esto es lo que prima en un proceso de selección, ya que “la formación técnica puede adquirirse posteriormente”.

Cómo detectar esas habilidades

Hay pistas que nos pueden ayudar. Por ejemplo, entre quienes hacen prácticas hay detalles elementales, “como por ejemplo si conocen sus casos y a sus compañeros con nombres y apellidos, y cómo se refieren a ellos”.

Se valora la capacidad del candidato para orientarse a unos resultados

Y no se puede olvidar que, como toda empresa, los gabinetes de psicología se marcan unos objetivos que los profesionales deben cumplir: “Se valora la capacidad del candidato para orientarse a unos resultados”.

Esas competencias pueden comenzar a adquirirse en el Máster en Psicología General Sanitaria. Porque el posgrado no sólo proporciona formación científica, sino que enseña habilidades de comunicación interpersonal y de manejo de las emociones adecuadas para una interacción efectiva con los pacientes.

Y familiariza al alumno con el mundo de la empresa, a través de las prácticas obligatorias en centros especializados de psicología general sanitaria.

Cuanta más formación, mejor

En cualquier caso la formación no estorba. “Cuanta más formación mejor” afirma Serrano. Hay nichos de especialidad con futuro y creciente demanda, como por ejemplo, la psicología infantil. Y en España hay carencia de psicólogos de la salud, en comparación con el resto de la UE. Sólo tiene 4 psicólogos por cada 100.000 habitantescuatro veces menos que la media europea.

Además, el trabajo de psicólogo sanitario exige “una formación continuada y prolongada” a lo largo de la vida profesional.

En este sentido, posgrados como el de UNIR abren horizontes al psicólogo sanitario y le capacitan para desarrollar una carrera profesional; “con la ventaja de poder adaptar los estudios a su ritmo”, al tratarse de una universidad online; y de la atención personalizada que supone disponer de tutores tanto académicos como de las prácticas.

“El éxito profesional del psicólogo va a depender, en buena medida, de su inteligencia emocional y de su capacidad para tratar adecuadamente a las personas”, apostilla Juan Carlos Serrano.

El envejecimiento acelerado de la población mundial es una de las características que define al siglo XXI, constituyéndose en uno de los procesos demográficos más relevantes de los últimos años. En España los adultos mayores de 65 años representan el 18,7 % de la población total y se estima que en 2066 ese porcentaje ascienda a 34,6, transformándose en el país más envejecido del mundo con una mediana de edad de 52,2 años (United Nations, 2002).

Dentro de la heterogeneidad de los itinerarios individuales y condiciones contextuales del proceso de envejecimiento, asistimos en la actualidad a un cambio importante en la forma de vida, expectativas, necesidades, auto percepción, roles sociales y familiares, etc. de las personas mayores con respecto a generaciones anteriores. Es cada vez más frecuente que los mayores comiencen a cuestionar la asociación vejez-pasividad-sufrimiento de épocas anteriores y pasen paulatinamente de una actitud de resignación a otra más saludable de optimismo y participación. Por otro lado el aumento de la esperanza de vida hace que cada vez más personas tengan que convivir con enfermedades crónicas y/o degenerativas y sus secuelas (fundamentalmente el sector más envejecido dentro del envejecimiento).

Esta particular configuración demográfica y las nuevas formas de envejecer, interpelan a la Psicología a dar respuestas eficaces que ayuden a los mayores a afrontar el desafío que implica envejecer con calidad de vida y bienestar, retrasar la aparición de enfermedades degenerativas o minimizar su expresión, y afrontar situaciones de pérdida que implican limitaciones de la autonomía.

El envejecimiento entendido como proceso universal, y la vejez considerada como una etapa de la biografía, han sido explicados desde diferentes enfoques teóricos. En la actualidad hay consenso en comprender el envejecimiento desde la perspectiva del Ciclo Vital como un proceso multidireccional y discontinuo, con una gran variabilidad inter e intra individual. Factores como la edad cronológica dejan de ser centrales en la explicación del envejecimiento y toman protagonismo aspectos como las expectativas sociales y personales relacionadas con la edad, la gran variedad de experiencias vitales y estrategias para afrontarlas, el contexto social y cultural, etc.

Envejecer implica afrontar cambios, algunos de ellos con un fuerte impacto subjetivo de carácter negativo. Esto significa que muchos de los cambios implican pérdidas: funcionales (deterioro físico y cognitivo asociado al envejecimiento normal o a la presencia de enfermedades), pérdidas relacionadas con la muerte de seres queridos (generalmente el cónyuge) y pérdidas relacionadas con roles sociales (por ejemplo la jubilación). Es importante tener en cuenta que las situaciones de cambio pueden generar diferentes consecuencias en la calidad de vida de las personas en función no solamente del tipo de situación sino también de la valoración subjetiva y del repertorio de estrategias de afrontamiento con las que se cuente. Por ejemplo la pérdida del rol social activo que conlleva la jubilación en muchos casos afecta negativamente a la identidad y a la autoestima, aumentando la sensación de vacío, aburrimiento, inutilidad, falta de metas y de ilusión. Pero también existen afrontamientos adaptativos que implican bienestar y generación de nuevos proyectos y oportunidades de realizar actividades que en otras etapas de la vida no se han podido hacer.

Es importante tener en cuenta que a lo largo de la vida se suceden situaciones de pérdidas y ganancias que interactúan entre si y frente a las cuales las personas ponen en funcionamiento mecanismos de adaptación para lograr un buen funcionamiento biopsicosocial. Baltes (1997) plantea que a medida que se avanza en el envejecimiento se produce un aumento de las pérdidas frente a las ganancias, es decir se produce una  disminución cada vez mayor de los recursos tanto biológicos, sociales y personales. Ante este balance negativo, el envejecimiento saludable depende de la puesta en marcha de tres mecanismos de autorregulación conductual frente a las situaciones de pérdida: selección, optimización y compensación.

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Le estrategia de selección implica que ante una situación de pérdida o ante la anticipación de una limitación de sus recursos, las personas modifican su repertorio conductual eligiendo aquellas actividades o roles en las cuales perciben una mayor autoeficacia. Por ejemplo es bastante frecuente que los mayores reestructuren su red social invirtiendo más tiempo y esfuerzo en las relaciones más significativas emocionalmente (Carstensen, 1995). El mecanismo de compensación hace referencia a la utilización de estrategias alternativas para minimizar el impacto de una pérdida. Por ejemplo ante la percepción subjetiva del deterioro de la memoria los mayores suelen asistir a talleres de estimulación cognitiva. La optimización consiste en aprovechar las oportunidades ambientales y biológicas para mejorar y mantener las áreas de funcionamiento que estén más preservadas, y que esto repercuta en el bienestar general. Un ejemplo de este mecanismo es el esfuerzo por mantener un buen nivel de actividad física, buenos hábitos de sueño, de alimentación, etc.

Por lo expuesto anteriormente podemos afirmar que el envejecimiento saludable no depende tanto de las situaciones difíciles asociadas a esta etapa del ciclo vital, o al declive funcional, sino a la capacidad de poner en marcha mecanismos de adaptación que permitan gestionar adecuadamente las pérdidas y mantener no obstante un buen nivel de bienestar psicológico. En este sentido la flexibilidad psicológica y la disposición al cambio serían factores claves para vivir un envejecimiento saludable. En muchas ocasiones el adulto mayor deberá ajustar sus metas a nuevas realidades, por ejemplo modificar las rutinas de ejercicio físico ante la presencia de algún deterioro o enfermedad crónica; la vida social ante la muerte o enfermedad de cónyuge o amigos; la forma de administrar las finanzas frente a la disminución de ingresos; la ocupación del tiempo libre frente a la jubilación; etc. La incapacidad para hacer un ajuste flexible a metas en estas circunstancias será fuente de malestar, sufrimiento y deterioro, y en muchos casos generará demanda de intervención psicológica.

Dentro de la psicología asistimos al surgimiento de modelos emergentes que basados en un abordaje contextual de la conducta podrían contribuir a afrontar con éxito las transformaciones que implica envejecer. Uno de estos enfoques es la Teoría de Aceptación y Compromiso (ACT) que según Wilson y Luciano (2002) entiende que el sufrimiento está vinculado a un patrón de inflexibilidad psicológica y de evitación experiencial. Esto significa que el intento reiterado de controlar los eventos privados desagradables (emociones, pensamientos, recuerdos) lleva a la persona a restringir su repertorio conductual para orientarse a sus metas y por lo tanto da lugar al aumento de ese sufrimiento que se quería evitar. La ACT tomando como fundamento teórico los postulados de la Teoría de los Marcos Referenciales (Hayes y Gifford, 1998), plantea la necesidad de desarrollar la flexibilidad psicológica entendida como la capacidad de una persona para vincularse con el momento presente sin necesidad de evitar o defenderse, y ser capaz de reajustar su conducta para perseguir fines valiosos en función de los requerimientos contextuales.

EL modelo de flexibilidad psicológica propuesto por la ACT implica seis procesos que facilitan la adaptabilidad humana. Estos seis procesos son: defusión cognitiva, aceptación, atención flexible al momento presente, yo como contexto, conexión con los valores personales, y compromiso con la acción.

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La defusión cognitiva es la capacidad de diferenciar el pensamiento de la experiencia directa. En muchas ocasiones esto no ocurre y las personas se encuentran fusionadas con narraciones catastrofistas que regulan su conducta. Por ejemplo la fusión con la regla verbal “Los mayores no valemos para nada” puede llevar a una persona a la restricción del repertorio conductual y a no aprovechar las oportunidades de comprometerse con su bienestar.

La aceptación es el proceso que permite a la persona no evitar pensamientos o sentimientos desagradables ya que el esfuerzo por evitar en realidad genera más malestar. Implica el coraje como fortaleza psicológica que hace que una persona actúe a pesar del miedo o el sufrimiento.

La atención flexible al momento presente invita a las personas a conectarse con el aquí y ahora en lugar de refugiarse en la nostalgia del pasado o en la ansiedad frente al futuro. Es frecuente que los mayores al enfrentarse a una situación de pérdida focalicen en el pasado (“cuando vivía mi marido todo era diferente”), o vean el futuro como amenaza (“¿quién cuidará de mi?”). Frente a esto, la ACT propone que la mirada al presente y sus circunstancias regulen y expandan el espacio personal y posibiliten el disfrute de la vida.

El yo como contexto implica una operación de distanciamiento que permite a la persona ser observadora de sus pensamientos y desapegarse de autoconceptualizaciones que impiden buscar opciones conductuales saludables. Por ejemplo una persona apegada a su narrativa “soy muy tímida” o “estoy deprimida”, no buscará establecer nuevas relaciones interpersonales o se negará a asistir a actividades de ocio en su comunidad. La ACT lo que se propone es modificar la relación de apego con conceptualizaciones disfuncionales en lugar de cambiarlas.

La conexión con los valores y el compromiso con la acción son dos procesos que completan el modelo de flexibilidad psicológica. Wilson y Luciano (2002) definen los valores como un horizonte que proporciona un sentido a la vida, impulsa la formulación metas concretas y moviliza conductas para alcanzarlas. En este sentido la clarificación de valores y la alineación de los mismos con las metas personales es una tarea fundamental en el envejecimiento saludable. Es frecuente que los mayores tengan la necesidad de reorganizar sus vidas ante eventos vitales negativos, pero reajustando sus metas pueden seguir alineados con sus valores y esto es fuente de bienestar.

Todos los procesos que componen el modelo de flexibilidad psicológica enriquecen el repertorio conductual para hacer frente a los cambios propios del envejecimiento y poner en marcha las estrategias de autorregulación en función de las oportunidades que ofrece el contexto para perseguir metas valiosas.

Por lo expuesto anteriormente el desarrollo de los seis procesos que propone la ACT puede ser un recorrido potente para que las personas mayores vivan un envejecimiento saludable. Diferentes autores sostienen que la ACT podría ayudar a mejorar el bienestar subjetivo de los mayores al potenciar el mantenimiento de una vida activa y el ajuste psicológico a los cambios (Márquez González, 2010; Ruiz Sánchez, Cangas, Barbero, 2014). No obstante aún son escasas las propuestas de intervención basadas en este modelo.

Carina Cinalli Ramírez Psicóloga Colegiada M-33155 Alumna Master Psicología General Sanitaria UNIR

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Referencias bibliográficas

Baltes, P. (1997). On the incomplete architecture of human ontogeny: Selection, optimization, and compensation as foundation of developmental theory. American Psychologist, 52, 366-380 Carstensen, L. L. (1995). Evidence for a life-span theory of socioemotional selectivity.

Current Directions in Psychological Science, 4, 151-156. Hayes, S. Gifford, E. (1998). Una aproximación relacional a los eventos verbales. En R. Ardilla, W. López, A. Pérez Acosta, R. Quiñones y F. Reyes, (Comp.) Manual de análisis experimental del comportamiento. (pp.499-517), Madrid: Biblioteca Nueva. Márquez González, M. (2010). Nuevas herramientas para la intervención psicológica con personas mayores: la tercera generación de terapias conductuales. Revista Española de Geriatría y Gerontología, 45, 247-249. Ruiz Sánchez, L., Cangas, A., Barbero A. (2014). Intervención breve de Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) en ancianos institucionalizados con sintomatología depresiva. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 14, 445-458. United Nations. (2002). Population Division: World population ageing 1950‐2050. Wilson, K.G. y Luciano, M. (2002). Terapia de aceptación y compromiso: Un

tratamiento conductual orientado a los valores. Madrid: Pirámide.

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Nuestras alumnas Sara Calongue y Leticia Doñagueda nos acercan a una realidad y a la necesidad de llevar a cabo evaluaciones e intervenciones psicológicas en las Fuerzas Armadas. Un artículo para pararse a reflexionar

Todo comienza con unos cuantos psicotécnicos y una entrevista personal con un psicólogo que te pregunta tus preferencias de destino y los motivos por los que has escogido esas opciones, nada más, eso es todo.

Parece lógico que una profesión como la de ser miembro de las Fuerzas Armadas, no es algo que se decida de la noche a la mañana, no es levantarse por las mañanas e ir a la oficina a hacer papeleo, es una profesión en la que la preparación física es una preocupación diaria en los cuarteles, corriendo (muchas veces como “pollo sin cabeza”) casi todas las mañanas, realizando duras e intensas maniobras que preparen al combatiente para un futuro enfrentamiento, pero dejando de lado la preparación psicológica, ni un solo curso, ni una charla, ni rastro de acercamiento al que jocosamente llaman “el loquero”, ese psicólogo, que dicen que pertenece a la plantilla, pero que nadie ve, y que no se encuentra presente en todos los cuarteles.

Y si, para el ingreso en las Fuerzas Armadas, no se tiene en cuenta el adecuado estado psicológico de los aspirantes, mucho menos importancia tiene en el día a día del trabajo, centrándose solo en la parte física, el respeto al superior y la abnegación al servicio, y me pregunto, ¿es cuestión de falta de información, de falta de efectivos especializados que den sus servicios, de asuntos económicos, o sencillamente de dejadez y desinterés en el bienestar de los trabajadores?

Y, lo que es más grave, ¿qué hay de la preparación psicológica antes de ir de misión?. Seis meses antes de montarse en el avión que les llevará a zona de conflicto, los militares, que por decisión propia o por imposición del mando, han sido designados para pasar un tiempo en zona de operaciones, realizan un período de instrucción específica a base de preparación física, ejercicios de tiro, recreaciones de combate en población, y un sin fin de actividades que harán que los futuros militares no se sorprendan ante ninguna situación que se les presente. Pero, ¿que hay de la parte psicológica?, un par de charlas y un número de teléfono parecen suficientes. Y está claro, que no es así.

Lo que en un principio se vende a la opinión pública como una misión humanitaria, se puede convertir poco a poco en una guerra abierta con emboscadas y acciones reales de guerra, por lo que, habrá que preparar a los militares para esas situaciones y no confiar solo en lo que dice el Teniente Psicólogo Villameriel “la clave será la resiliencia de los propios militares a estados de alerta y misiones extremas, amenazas o episodios violentos, es decir, hasta qué punto tienen capacidad de recuperarse y volver al estado anterior a la vivencia traumática”.

Hay que realizar psicoeducación en TEPT (trastorno de estrés post-traumático), trabajar las expectativas que se tienen de la misión, recrear situaciones reales de conflicto para poder experimentar sensaciones, y detectar posibles reacciones inadecuadas. Será importante dedicar horas de terapia con los psicólogos militares, realizar sesiones de grupo para intercambiar experiencias, opiniones, dar voz a los protagonistas, y en definitiva prepararlos psicológicamente.

Pero no todo queda ahí. ¿Qué pasa cuando vuelven?. El trabajo anterior a la misión puede ser bueno, y que los militares se vayan con la lección aprendida, pero nadie asegura que ese trabajo previo vaya a evitar que vuelvan con algún problema, por lo que la “instrucción psicológica” no acaba cuando se montan en el avión y marchan a zona de operaciones, si no que a la vuelta, debería de haber un proceso de vuelta a la realidad, de evaluación de las posibles consecuencias de la misión y por supuesto, de tratamiento si se ha producido algún problema como TEPT o un proceso ansioso-depresivo. Y esto es algo, que por supuesto, no se hace. Se deja que el militar afronte solo la vuelta, y que no se le ocurra darse de baja psicológica, porque entonces el ejército te da la espalda abriéndote un expediente y declarándote no apto para el servicio. ¿Cuál es la solución ante esta situación?, ¿realmente es posible un cambio?. Si el ejército dispone de magníficos psicólogos, ¿por qué no se aprovechan como es debido?.

Así pues, tras una buena crítica, debería haber una solución igual de buena, por lo que intentemos dar un propuesta de intervención al problema:

Lo que ha quedado claro es que una exhaustiva evaluación psicológica es primordial en la discriminación de personas aptas para la misión. Por ello, sería necesario prestar los recursos suficientes para realizar entrevistas personales y con ayuda de test psicométricos (como puedan ser MILLON, 16 PF o MMPI), realizar una correcta evaluación.

Una vez realizada la entrevista, podremos comenzar con un adecuado entrenamiento de preparación mental, implicando un enfoque integrador, que infunde los principios de control emocional, cognitivo y conductual enfocado a un contexto realista de la misión.

Sería de gran ayuda un registro de respuestas fisiológicas y cognitivas a situaciones de estrés, enfocadas a situación conflictivas que puedan darse en zona de operaciones, así como registros de recursos en acción en el ejercicio, toma de decisiones y posibles reacciones que pudieran aparecer. Es importante conocer las capacidades y diferencias de sí mismo para un mejor desempeño en el ejercicio y más aún cuando implica un elevado nivel de alerta durante períodos tan largos, que pueden llegar a ser agotadores fisiológica y psicológicamente (4 a 6 meses).

Es importante proporcionar instrucción sobre técnicas para mantener el control cognitivo y emocional in situ adaptadas a cada uno de los participantes (desde técnicas de relajación, como técnicas de control de pensamientos disfuncionales). De esta forma, se realizarán ensayos para consolidar

intrínsecamente un adecuado manejo de las técnicas aplicables, cuanto mayor adaptación experimenten y más conocimientos aplicables puedan absorber, mayores serán los beneficios que puedan lograr en cuanto al control cognitivo/emocional/conductual. El mejor tratamiento es proporcionar herramientas suficientes para un mejor manejo de emociones para un adecuada ventilación de sentimientos en entornos no habituales.

Una vez en zona de operaciones, es importante la accesibilidad, siempre que sea necesario, al equipo de psicología, como la disposición que se pueda tener a cualquier otro del equipo de sanidad. Y con ello la confidencialidad que como sanitarios conlleva. Esto debe ser conocido por todos y cada uno de los participes de la misión.

Siempre que fuera posible, realizar terapias grupales semanales donde puedan exponer los problemas que puedan están viviendo. Serían productivas situaciones de mediación entre las personas que puedan tener conflictos en la misión, junto con charlas mensuales promoviendo la motivación y resiliencia enfocadas a la misión para fomentar la confianza profesional y proteger la satisfacción en el desempeño del trabajo. Posibles ejercicios de focalizar la atención, búsqueda de soluciones, manejo de situaciones conflictivas…Promover la cohesión y la moral de la Unidad podría prevenir el inicio de trastornos ocasionados por el estrés, así como aumentar las estrategias de afrontamiento.

No hay que olvidarse del período de adaptación a la vuelta a casa, el tiempo no se ha detenido mientras han estado trabajando fuera de sus hogares y es importante que ellos lo sepan, que aunque hayan sucedido cambios, sean capaces de asimilarlos, y las emociones y sentimientos que vayan a experimentar, sean conocidas para no causar un posible impacto. En ocasiones “la vuelta a la realidad” debe realizarse adecuándose a cada uno de los miembros de la misión y siempre con el apoyo psicológico necesario que demanden.

Calonge Pérez, Sara Doñagueda Navarro, Leticia

Thelma está tomando una cerveza en un bar de Malasaña con su amiga Louise. Ambas tienen unos 25 años y disfrutan de pasar tiempo juntas. Louise le está contando a Thelma que está cansada de su novia, que esta no la trata bien, la insulta cuando discuten y después de esto, deja de hablarle durante días. Además, sospecha que la engaña con otra persona. Durante la conversación, Thelma le propone alternativas a Louise (ya conoce la situación y sabe que esta relación no le va bien a su amiga e intenta sacarla de ahí) a las cuales esta última siempre responde con un “sí, pero…”. Al cabo de un rato, Thelma comienza a enfadarse por la conducta de su amiga (parece que nada le vale, piensa). Finalmente, se levanta de la mesa y le dice que igual se merece una relación así, que parece que se está buscando que la traten mal con su actitud pasiva. Louise rompe a llorar y ambas terminan sintiéndose confusas, enfadadas y tristes.

¿Alguna vez te ha pasado que te enganchas en discusiones una y otra vez y no sabes salir de ellas? ¿Los de tu alrededor incluso comentan “ya están estos con lo suyo”, cuando esto sucede? ¿La sensación posterior es de malestar? ¿Sientes que no resuelves y se repite de manera cíclica?

Los juegos psicológicos son una patología de la comunicación y se llevan a cabo de una forma no necesariamente consciente, se aprenden en la infancia y están sustentados en una serie de roles que Karpman (1968) definió con las siguientes características:

  • Víctima: Considera a los demás responsables de sus pensamientos, conductas y sentimientos, no pudiendo hacerse cargo de sí misma.
  • Perseguidor: Establece límites injustos y descuenta las necesidades, deseos y emociones de las demás personas. Suele haber una gran carga de crítica hacia los demás.
  • Salvador: Necesita que le necesiten y se rodea de gente dependiente procurando que esta necesidad se mantenga. Persigue al Perseguidor de la Víctima y a la Víctima restándole o fomentando su no autonomía.

 

  • No confundir estos roles con realidades. Una víctima de violencia de género, ASI, atentado terrorista etc. es una víctima real, las descripciones de estos roles responde a formas de estar en el mundo y relacionarse con el entorno.

 

Los juegos psicológicos son útiles porque nos dan sensación de control, ayudan a obtener caricias (negativas), confirman nuestros mapas cognitivos, se experimentan sentimientos conocimos, estructuran el tiempo y fomentan y mantienen el vínculo simbiótico con las personas con las que jugamos habitualmente (Martorell, 1988). A su vez, y a pesar de los beneficios (a corto plazo) de estas formas de comunicación, los juegos psicológicos limitan nuestra relación con los demás y nos impiden desarrollarnos y vincularnos de forma plena.

Algunas de las propuestas para eliminar los juegos psicológicos son:

  • Tomar consciencia de la dinámica y el funcionamiento de los mismos.
  • Reflexionar sobre los beneficios de seguir jugando al juego o de frenarlo desde el Yo Adulto.
  • Pensar en alternativas para cubrir carencias y necesidades personales.
  • Buscar mecanismos y herramientas para utilizar en el momento que alguien nos involucre en algún juego.
  • Poder desarrollar habilidades asertivas respectando mis derechos y los de los demás (sanando así al Perseguidor).
  • Implantar habilidades de cuidado hacia los demás, pero sin hacer de más inhabilitando al otro y aprendiendo a cuidar también de nosotros mismos (sanando así al Salvador).
  • Aprender a dejarnos cuidar y mimar por los demás y a hacernos cargo de nosotros mismos (sanando así a la Víctima).

Muchas personas que acuden a un psicólogo refieren quejas relacionadas con la alteración de su bienestar emocional y calidad de vida. Estos síntomas tienen que ver con la presencia de dificultades para adaptarse a situaciones, principalmente en el ambito familiar, social o laboral, que requieren de la puesta en marcha de mayor cantidad de recursos de los que se utilizan habitualmente.

La forma en la que una persona piensa, siente y actua ante un evento determinado tiene que mucho que ver con el conjunto de creencias que se desarrollan en el sistema cultural en el que esta inmerso, la familia en la que se cría y de la que forma parte, las experiencias que vive a lo largo de la vida, la manera en la que se relaciona consigo mismo, con los otros y el mundo, así como de rasgos estables de personalidad que por medio de estas vivencias se van formando, entre otros factores.

Es por ello, que a la hora de llevar a cabo un proceso psicoterapeútico, es importante que el psicólogo no se centre únicamente en los síntomas que el paciente traslada en la consulta, sino que estos sirvan como una señal para evaluar y tomar conciencia de forma más detallada de su guión de vida y la función que cumple esta sintomatología, con el objetivo de comprender cómo se origina y mantiene el problema por el que acude.

Así, cada individuo a lo largo de la vida va formando esquemas complejos con los que interpreta el mundo, a sí mismo y a los otros, que tienen mucho que ver con los patrones de vinculación que establece en la infancia con sus cuidadores primarios, siendo los primeros años de vida fundamentales para el desarrollo cerebral y psicosocial.

En este sentido, es necesario que el o la terapeuta entienda las necesidades propias de cada paciente, y por medio de la relación terapeútica pueda favorecer la reparación de la persona, facilitando una relación de seguridad, en la que predominen muestras de apoyo, validación e implantación de límites adaptativos, que faciliten su proceso de cambio.

Citando a Richard Erskine: “es a través de una relación de cuidado y de comprensión que está en sintonía, una relación que cuida cada una de las transaciones, lo que permite a la persona empezar a curarse, porque es en esa relación donde la persona puede hablar de los traumas, la confusión, la tensión de su cuerpo, es a través de esta relación respetuosa, consistente y empática, que la gente puede empezar a hablar de cosas que antes tenía que negar y ahora puede experimetar en la relación terapeútica, estando de una forma diferente con la otra persona”.

Por lo tanto, por medio de la psicoterapia integradora, la persona que acude a terapia puede experiementar una relación interpersonal adaptativa, en la que se facilita la modificaciñon de los esquemas relacionales internos, se propicia la comprensión de uno mismo y se desarrollan estrategias adaptativas de afrontamiento, permitiendo la reducción de la síntomatología inicial y finalmente persiguiendo la mejora de la calidad de vida.

 

Marta García García

Psicóloga y docente Grupo NB Psicología.

 

Bibliografía

  • Alvarez, F., & Opazo. (2004). La integración en psicoterapia. Barcelona: Paidós.
  • Erskine, R. G. (1994). Shame and self-righteousness: Transactional analysis perspectives and clinical interventions. Transactional Analysis Journal, 24, 86-102.
  • Erskine, R. G. (1998), “Attunement and involvement: therapeutic responses to relational needs.” International Journal of Psychotherapy, 3, 235-244.
  • Erskine, R. G., (2010) “Integrating Expressive Methods in Relational Psychotherapy,” International Journal of Integrative Psychotherapy, 1, 55–80.
  • Erskine, R.G. & Moursund, J.P. (2010). Integrative psychotherapy in action, Karnack Books, London. (Originally published 1988, Sage Publications, Newbury Park, CA & London.)
  • Moursund, J.P. & Erskine, R.G. (2003). Integrative psychotherapy: The art and science of relationship, New York: Thompson/Wadsworth (Brooks/Cole).
  • Wallin, D. (2012). El apego en Psicoterapia, Bilbao: Desclée de Brouwer.

 

ORGANIZA: NB PSICOLOGÍA – INSTITUTO ESPAÑOL DE PSICOTERAPIA INTEGRADORA

Viernes 5 de octubre de 2018 de 16 a 20:30h. PRESENCIAL Y ONLINE

Programa:

Situación actual en psicoterapia: ¿por qué una terapia integradora es necesaria?” Nerea Bárez. Directora de NB Psicología y Presidenta del IEPI.

Sesión clínica. Presentación de un caso desde la perspectiva integradora. Sandra Bermejo. Psicóloga en Paz de Roda, Máster en Psicoterapia Integradora por NB Psicología y UDIMA.

Mesa de debate: “Las estrategias de afrontamiento en la psicoterapia integradora” Marta García. Psicóloga del equipo NB Psicología.

“La importancia de la familia en los trastornos adictivos. Una propuesta integradora” Jose María Cortés. Psicólogo del equipo NB Psicología.

Inscripción gratuita.

Dirección: C/Isaac Peral 14, Bajo A. Madrid. (Sede NB Psicología)

Estudiaste Psicología, ¿para qué?

Has terminado un Máster, o varios, ¿para qué?

La pregunta no pretende ser capciosa, irónica ni hacer daño. Tan sólo pretende que te plantees el objetivo para el que has hecho todo esto. El fin que querías conseguir con ello.

E insisto, ¿para qué?, no ¿por qué? Esta última pregunta nos hablaría de las causas, de lo que nos llevó a tomar esa decisión. Que eso, en este momento, ni importa ni ayuda.

Importa el objetivo, el para, lo que pretendes conseguir ahora que ya lo tienes. El OBJETIVO siguiente. Saber dónde quiero ir para saber hacia dónde empezar a dirigirme.

La Psicología ofrece multitud de posibilidades profesionales. Tener claro a qué quiero dedicarme facilita mucho la tarea y ayuda a conocer la dirección en la que encaminar mis pasos. Como se dice en la obra Alicia en el país de las maravillas, “Si no sabes dónde vas, cualquier camino te sirve”.

Crear tu objetivo para saber el camino a escoger.

Como un artista crea su obra. Visualizando el producto final, teniendo en cuenta los conocimientos y materiales que tiene, las técnicas que domina, los recursos con los que cuenta y los apoyos externos que podría obtener. Y, además, tener claro lo que necesita seguir aprendiendo o adquiriendo.

El producto final, mi obra. Dónde me veo dentro de, por ejemplo, 5 años es una pregunta interesante que nos podemos hacer. Visualizarnos felices y realizados en ese momento. Habiendo conseguido lo que nos hace llevar una vida laboral plena.

Con esa imagen en el horizonte, piensa, ¿qué he tenido que hacer o conseguir durante esos cinco años para llegar allí?

Pasos, pasos, pasos… más que pensar en recorridos largos, piensa en pasos cortos, en pinceladas, que vayan mostrando, visualizando el producto final, tu obra.

Lo que tengo, lo que me falta, lo que me sobra, lo que puedo mejorar.

Las opciones son variadas. Trabajar en un Centro, tener mi Centro, alquilar despachos. Cómo darme a conocer por los Centros, conseguir pacientes, buscar el mejor precio. Adultos, adolescentes, niños. Redactar mi curriculum, crear una página web, buscar posibilidades por toda mi ciudad. Para una cosa u otra, conocer el mercado, la competencia. Las gestiones legales para unas y otras actividades, presupuesto, financiación, ayudas…

Por supuesto, cumplir con la legalidad vigente. Colegiación, seguro de responsabilidad civil, alta en Impuesto de actividades económicas, alta en autónomos, alta en registro de protección de datos… son los requisitos mínimos para el trabajo como autónomo. Si trabajas para otros o decides crear una empresa, varían. La legalidad es primordial.

Para todas esas y más, hay que tener claro que no vale todo. Las decisiones que tomemos deberían irnos acercando al objetivo final.

El objetivo final y los pasos. Los que hemos tenido que ir dando para llegar. Conseguir el siguiente paso es más fácil que llegar al final.

Teniendo en cuenta, además, que nuestra evolución personal y profesional también puede que nos vaya llevando por otro camino. Esas desviaciones también hay que valorarlas y observar si variamos el objetivo o abandonamos el camino que estamos recorriendo. Aprovechar las oportunidades que se nos ofrecen o descartarlas para llegar dónde queríamos.

Las situaciones cambian, nosotros también. Siempre imprescindible tener claro PARA QUÉ hacemos lo que hacemos. Qué queremos lograr.

Juan Carlos Serrano

Psicólogo

Me gustaría reflexionar desde este post sobre dos conceptos, importantes y conocidos por muchos de vosotros, pero que seguramente no los habéis puesto en relación…

El primero de los términos que quiero introducir es el de “apego”. Diferentes autores han ofrecido una definición sobre lo que entendemos por apego; Bowlby (1988) lo definió como “una forma de comportamiento que resulta en el niño como consecuencia de tener y mantener una proximidad con la otra persona, con la que se identifica claramente y de la mejor manera posible”. El establecimiento de un apego seguro permite a los niños explorar el mundo sin temor, y autoconstruirse como personas seguras de sí mismas y de sus capacidades. Por el contrario la constitución de un apego inseguro, esto es, algún tipo de déficit en esa identificación que antes apuntábamos, podría dar lugar a distintos problemas de tipo conyugal, parental (en relación con los hijos), e incluso cuadros psicopatológicos de distinta índole, incluidos los trastornos de la personalidad.

La segunda de las ideas a considerar es la de perfeccionismo. Con frecuencia se juzga esta característica presente en algunas personas como algo malo. A menudo se considera que ser perfeccionista, genera ansiedad, frustración o insatisfacción, pues uno se plantea metas que no son alcanzables o realizables. Sin embargo podemos decir que esto no tiene por qué ser así. En este sentido consideraremos la existencia de un perfeccionismo bueno o adaptado y uno malo o desadaptado. Existen notables diferencias entre uno u otro, pero sin duda una muy característica es la finalidad con la que se persiguen esas metas altas. En el caso del perfeccionismo adaptativo se persigue la satisfacción que produce su consecución, en cambio en el caso del desadaptativo se busca evitar consecuencias negativas asociadas a su no realización.

Las personas con un perfeccionismo adaptativo suelen ser productivas, extrovertidas y creativas mientras que aquellas que presentan un perfeccionismo más disfuncional suelen presentar frecuentemente síntomas de ansiedad, depresión, y rasgos importantes de autocrítica. En este sentido la persona con perfeccionismo desadaptado puede ver comprometida de forma severa su autoestima.

El perfeccionismo desadaptado y apego inseguro comparten la concurrencia de la ansiedad en las personas que los presentan.

Llegados a este punto, cabe preguntarse qué relación hay entre perfeccionismo y estilo de apego. Digamos que los niños desarrollan conductas perfeccionistas al verse en una relación de identificación (relación de apego) con personas que emiten este tipo de conductas. Sin embargo la forma en que se modulen las expectativas parentales dará lugar a un tipo de perfeccionismo u otro. De esta forma elevadas exigencias y expectativas darán lugar al desarrollo de un perfeccionismo adaptativo; por el contrario la demanda de altas expectativas sujetas a críticas, unido a dureza en el trato, un excesivo control y una ausencia importante de conductas de validación, por parte de los padres en el contexto de la relación de apego, dará lugar al desarrollo de un perfeccionismo desadaptado. El infante buscara la seguridad que no obtiene de su relación con su figura referente (madre/ padre), con la emisión de conductas “perfectas”, aunque estas sean a todas luces imposibles de materializar.

La dureza en el trato y las actitudes controladoras de los padres hacia lo hijos son buenos predictores del desarrollo de un perfeccionismo disfuncional. Estos padres suelen presentar un elevado nivel de autocrítica, algo que trasponen de forma efectiva a sus hijos. Son padres con un estilo de apego más evitativo.

En el polo opuesto encontramos los padres con un perfeccionismo adaptativo que alentaran a sus hijos a esforzarse y conseguir sus metas, ganando estos así en confianza y seguridad sobre sus capacidades. Estos padres suelen estar más ajustados a un apego de tipo ansioso ambivalente.

Los primeros años de vida se ven claramente marcados por el tipo de relación de apego que establecemos con nuestros padres y por la forma en que estos nos hacen llegar las expectativas que tienen sobre nosotros. De esta forma el refuerzo positivo y las conductas validadoras favorecerán el desarrollo de un perfeccionismo más adaptado, en el contexto de un apego más ansioso. En cambio la exigencia unida a la crítica, el control (signo de desconfianza en las capacidades del niño) o la dureza en el trato (ausencia de validación de emociones y opiniones; actitudes autoritaria), son ítems que facilitan la constitución de un perfeccionismos más disfuncional, en el marco de un apego evitativo.

Apego ansioso: “Los niños tratan de mantenerse cerca de la figura de apego mientras está presente y exploran muy poco. Hay ansiedad ante la separación (e incluso antes), se muestran muy dependientes de la madre cuando está, lloran cuando la madre no está y luego no logran calmarse ante el reencuentro, la madre no les consigue consolar, se muestran molestos por el abandono por lo que se mantienen cerca de la madre cuando esta regresa pero a la vez rechazan su contacto físico. Son extremadamente cautelosos con los extraños incluso estando presente la figura de apego. Son niños muy difíciles de tranquilizar. Este apego aparece ante madres quisquillosas, incoherentes o que miran en pro de su propia conveniencia (y no la del hijo)”. Fte: http://apegosposibles.com/aprende/apego-infantil

Apego evitativo: “Hay poca ansiedad ante la separación con la madre y poco interés en el reencuentro, no miran a los ojos de la madre, rehuyen el contacto visual. Sí lloran cuando están solos (pero no si hay un extraño). Aceptan que les reconforten los extraños aunque también pueden ignorarlos, pero suelen ser muy sociables con ellos. Este apego aparece ante madres lentas en respuesta a las necesidades del niño y frías (hay poco contacto afectivo).” Fte: http://apegosposibles.com/aprende/apego-infantil

JM Cortés Psicoterapeuta Familiar y de Pareja. Psicologo Sanitario, Col. No M-23501.

El duelo es el proceso de adaptación normal que sigue a la pérdida de un ser querido, y se produce independientemente de la edad que tengamos. No hay dos duelos iguales así como tampoco hay dos personas iguales, pero en el caso de niños y adolescentes, el proceso tiene características particulares:

  • El niño vive rodeado de actividad, y el duelo no implica gran ruptura (como en los adultos) con esta realidad. Siguen haciendo deberes, acudiendo a cumpleaños, entrenando… y es precisamente el mantenimiento de estas rutinas lo que acorta y facilita la elaboración del proceso de duelo de niños y adolescentes
  • Es responsabilidad del adulto ofrecer al menor un espacio en el que poder expresar, si necesita, lo que siente o piensa sobre el duelo. La manera de expresar es diferente: así como los adultos recurren a las palabras, el niño presenta una expresión más corporal y conductual.
  • Los más pequeños tienen una comprensión limitada de la muerte y no han adquirido aún determinados conceptos asociados (que veremos a continuación)

Ante un fallecimiento, es muy frecuente que en las familias asalten dudas como: “¿Se lo decimos al niño? ¿lo va a entender? ¿y si se traumatiza? ¿es malo que nos vean llorar?...”

Dado que la prioridad de los padres es, en muchos casos, proteger a sus hijos, no es extraño que puedan pensar que evitarles el tema de la muerte es la mejor opción. Pero la realidad es que lejos de ahorrarles sufrimiento, se les está apartando de una experiencia fundamental en nuestras vidas. A esto se le une una serie de problemas añadidos:

  1. Callar o dar explicaciones erróneas les genera confusión y por tanto adquieren una idea equivocada de la muerte. En muchas ocasiones, no es necesario que suceda un fallecimiento alrededor del menor, ya que el propio desarrollo evolutivo les hace cuestionarse estos temas, sentir curiosidad… Es importante que puedan elaborar su concepto de muerte y que esté ligado a lo que realmente es.
  2. Pueden sentirse excluidos de tal experiencia familiar (y de los rituales de despedida) y engañados al conocer más adelante la realidad, tan diferente en ocasiones de las explicaciones que se les dio inicialmente.
  3. Evitarles el sufrimiento de la noticia les impide también aprender habilidades necesarias para afrontar los contratiempos que la vida les irá poniendo (y no siempre estarán sus padres para protegerles de ellos)
  4. Si los niños perciben angustia alrededor y resistencias al intentar preguntar por ello pueden pensar: “Papá pone mala cara si pregunto, será que es algo muy malo”. En resumen, en lugar de evitar sufrimiento, se llega a generar el efecto contrario.

Ya que conocemos la importancia y utilidad de comunicar fallecimientos a los menores…

QUIÉN: El niño escuchará esta noticia preferiblemente de sus padres, o en cualquier caso de una persona muy querida y cercana a él. Además, es importante que la persona elegida se vea capaz de comunicar la información de manera triste pero no desbordante, para no asustar.

CUÁNDO: Lo antes posible. Esperar puede dejarles fuera de rituales y complicar el manejo de situaciones posteriores. No hay consenso sobre si los niños deben o no participar en dichos homenajes. En cualquier caso, si lo hacen, les explicaremos previamente en qué consisten, que no son obligatorios y que no pasa nada si prefieren no acudir. Respecto a los adolescentes, puede ser para ellos más triste sentirse apartados de la familia (en un momento en que el sentimiento de pertenencia es tan importante) que la tristeza propia del ritual.

DÓNDE: Se optará por un lugar íntimo, libre de interrupciones, donde el niño se sienta cómodo para expresar sus emociones e inquietudes.

CÓMO: Empezaremos por la información esencial e iremos añadiendo detalles a medida que el niño exprese sus dudas.

  • Se le dirá la verdad, por dura que sea, pero adaptándola a su desarrollo cognitivo. No hay que temer usar las palabras muerte/muerto, ya que es lo adecuado en estos momentos.
  • Le insistiremos en que él no es responsable. El pensamiento mágico de la etapa infantil les lleva a creer que las cosas pasan por lo que ellos hacen.
  • Garantizaremos su seguridad, que no se quedarán solos ni desprotegidos, que sufrirán el menor número posible de cambios…
  • Se le dirá que la persona que ha muerto no va a ser olvidada ni reemplazada. Ayuda para ello hablar de ella, de cómo nos sentimos, de lo que nos gustaba hacer juntos…
  • Les explicaremos la importancia de que expresen lo que sienten. No tienen por qué ocultar sus emociones, avergonzarse, temer preocuparnos o fingir que no ha pasado nada.
  • Procuraremos que adquieran una idea correcta de la muerte y sus implicaciones, informándoles de aspectos que no tienen por qué tener asumidos:
    • Irreversibilidad: los niños suelen ver la muerte como un viaje o un “sueño” más largo de lo normal. Por ello, es necesario hablar expresamente de que la persona ha muerto y no la vamos a volver a ver. Así reducimos también su incertidumbre asociada al momento de vuelta del fallecido, las fantasías asociadas, la frustración de por qué no les ha llevado con ellos…
    • Universalidad: el niño debe saber que todos morimos, pero al transmitir esta idea cuidaremos que no asuman que ocurrirá inmediatamente. Por ello, y sobre todo con los más pequeños, podemos introducirles el concepto de muerte, pero retrasando su implicación para momentos evolutivos en que estén más preparados (ej. “Lo normal es que yo muera cuando tú seas mayor y puedas cuidarte solito…”)
    • Cese de la función: el pensamiento concreto del niño le hace creer que el “cuerpo muerto sigue funcionando” y por tanto ve, escucha, respira… Esto les puede llevar a esperar respuestas o a temer sentirse observados. Por tanto, es nuestra labor decirles que cuando las personas mueren, dejan de oír, hablar, respirar, su corazón no late… aunque pueden seguir vivas en nuestros recuerdos. (ej. “La abuelita ya no está y no podrá venir a hacerte galletas, pero puedes acordarte del sabor que tenían y las veces que le ayudaste a prepararlas”)
    • Hay una causa: aclararles que la muerte se ha producido por una causa física (sin entrar en detalles morbosos e innecesarios) evita que puedan sentirse responsables de ello.

Paula López Rodríguez

Psicóloga del equipo NB Psicología.

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