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3. BLOG NB

Nb Psicología

Cuenta una popular fábula africana que había una vez una rana muy bondadosa que vivía en las orillas del río Níger. Un día se acercó un escorpión y le dijo:

  • Necesito cruzar el río urgentemente pero no sé nadar, por favor ayúdame a cruzar al otro lado, conduciéndome sobre tu espalda.

 

La rana, conocedora de los atributos naturales de su receptor, le contestó:

  • Sé quién eres, inyectas veneno, no voy a poner en peligro mi vida.

 

El escorpión se lo volvió a pedir desde su real emoción de impotencia ante aquél estado en que se encontraba. Le explicó, además, que era imposible que le hiciera ningún mal, ya que en ese caso él se ahogaría con ella en mitad del río.

La rana estuvo dudando un tiempo, hasta que finalmente, el lógico argumento del escorpión se impuso y decidió que por qué no, quizá sí que podía salvarle sin morir en el intento. Subió al escorpión a su lomo e iniciaron el viaje hacia el otro extremo del río. Cuando se encontraban a mitad de camino, la rana sintió un profundo dolor punzante por todo su cuerpo. Entonces supo que iba a morir.

  • Ahora moriremos los dos, ¿por qué lo has hecho?- espetó nuestro anfibio al escorpión-. Lo siento, ranita, no pude evitarlo, es mi naturaleza -contestó él-.

 

Nos podríamos inventar muchos finales alternativos a esta fábula. O podríamos quedarnos con el que está. Una rana que por bondad, muere a manos de escorpión incapaz de hacer algo diferente. También podemos pensar que vaya inocente era la rana, cómo no se dio cuenta de que iba a morir. O dudar de si el escorpión le mintió o realmente estaba convencido de que lograría vencer su naturaleza.

Pasa en ocasiones que hay personas-rana que les gusta salvar y se encuentran con personas- escorpión. Gran parte de las veces las personas-rana fracasan en su intento de salvación. Nadie puede salvar a nadie, esa es la gran paradoja. Altruismo o egoísmo, ¿de verdad creemos que son incompatibles? Quizás se puedan ser las dos cosas, al igual que se puede estar triste y contento a la vez.

En definitiva, si identificas que en ocasiones eres o has sido una persona-rana, piensa en un final alternativo para esta fábula. Uno en el que ser altruista no pase por el menoscabo de tu persona.

Escrito por Ana Moyano psicóloga del equipo NB.

La mayoría de las personas nos hemos planteado alguna vez cómo una situación de violencia de género puede afectar a las mujeres que la están sufriendo y cómo este tipo de situaciones generan consecuencias a corto y a largo plazo a todos los niveles.

Pero, ¿qué pasa con los niños y las niñas que están viviendo esta situación?

Es un mito que dentro de la violencia de género en la pareja, la conducta del agresor no sea un riesgo para los hijos y las hijas. Desde que los padres y las madres están imaginando tener un bebé, su relación de pareja está afectando al futuro hijo que tengan. Por ejemplo, si es deseado o no, o si es fruto de abusos sexuales hacia la mujer que está siendo víctima de violencia de género. También es muy importante cuando la madre está embarazada. Por ejemplo, si la madre está expuesta a situaciones estresantes o no, o si tiene que estar escuchando gritos e insultos continuamente.

Cuando el hijo o la hija nace, el riesgo se hace más evidente. Durante los primeros meses, es fundamental el vínculo seguro entre un cuidador/a principal (que suele ser la madre) y el bebé, ya que él bebé es totalmente dependiente y debe establecer una base segura para poder explorar el mundo. En situaciones de violencia de género se dan circunstancias que no facilitan un vínculo sano y seguro por los constantes conflictos que se producen llenos de cambios repentinos, gritos que alteran la seguridad de los y las menores y determinan una menor disponibilidad en los cuidados y la protección de las personas adultas por el estrés en el que se encuentran inmersas.

La exposición a la violencia de género origina consecuencias negativas en la infancia, independientemente de la edad de los niños y niñas que la sufren. En función de la edad se harán evidentes estas consecuencias de una manera o de otra, pero los efectos negativos se traducen en síntomas psicológicos como ansiedad, depresión, enuresis, alteraciones del sueño, problemas de conducta, estrés post-traumático, dificultades de aprendizaje, déficit de atención con hiperactividad, etc.

Por otro lado y dado que los niños aprenden a definirse a sí mismos, a entender el mundo y cómo relacionarse con él a partir de lo que observan en su entorno más próximo, es alarmante el modelo que estos niños y niñas están viviendo en su casa. Los niños y niñas aprenden a autorregularse y a entender el significado y funcionamiento de las relaciones interpersonales, a partir de lo que observan y de lo que viven en su familia. Estos niños y niñas víctimas de violencia de género observan y viven relaciones violentas, desigualitarias y ambivalentes, entre otras cosas.

Por tanto, aunque no todos los niños y niñas nos van a mostrar su dolor, es importante tener en cuenta que a ellos también les duele la violencia de género. Tratar de acompañarles en la integración y comprensión de sus vivencias para que puedan darles sentido y así ser un poco más libres para poder responsabilizarse de no repetir este tipo de relaciones en el futuro.

Escrito por Inés Alonso psicóloga del equipo NB.

La capacidad de amar del ser humano es uno de los grandes movilizadores del mundo. Ha llenado páginas y páginas de libros. Las personas por desamor consultamos a terapeutas, sacerdotes, quiromantes, psiquiatras y un largo etcétera.

Eric Berne fue uno de los precursores de las investigaciones sobre el amor. Este definió la cariciacomo la unidad de reconocimiento humano.

Decía el psicólogo Claude Steiner que “son tan necesarias para la vida humana como otras necesidades biológicas primarias, tales como los alimentos, el agua y el cobijo; necesidades que, de no satisfacerlas, conducen a la muerte”. Las caricias pueden ser positivas o negativas. Las positivas consisten en besos, abrazos, cumplidos, guiños, sonrisas. Las caricias negativas son gritos, insultos, empujones. Hay dos premisas básicas: preferimos las caricias positivas a las negativas, es decir, es mejor un abrazo que un empujón, pero un empujón es mejor que nada.

Vivimos en una sociedad escasa de caricias, por lo que recurrimos a las enlatadas, esas a través de las cuales se lucran las empresas de cosméticos, coches o clínicas de cirugía estética. Creemos que las caricias son restringidas y si otros las tienen, para nosotros no habrá suficientes. Nos hemos creído el cuento de la escasez. Pero no es así. La capacidad del ser humano para amar es infinita. Una premisa para abandonar la economía de caricias es hacer crítica de los mandatos que la definen.

  • No des caricias, aunque tengas para darlas
  • No pidas caricias cuando las necesites
  • No las aceptes, aunque las quieras
  • No rechaces las caricias cuando no las quieras
  • No te des caricias a ti mismo

Así pues, permítete dar todas las que tengas para dar, pide las caricias que necesites, acéptalas cuando quieras, rechaza las que no te gustan o no te apetecen en ese momento y acaríciate todos los días. Sólo así terminaremos con la restricción de caricias y podremos desarrollar más ampliamente nuestra intrínseca capacidad de amar y ser amados.

Artículo escrito por Ana Moyano, psicóloga del equipo NB Psicología

Fue en 1951 cuando el psicólogo social Solomon Asch llevó a cabo una serie de experimentos para demostrar cómo nuestras conductas y nuestros juicios pueden verse modificados en función del comportamiento del grupo en el que nos encontramos. Para ello, solicitó a nueve estudiantes que participaran en un ´estudio de percepción visual´ en el cual les mostrarían diversas líneas dibujadas para determinar cuáles eran más largas, más cortas o exactamente iguales. La realidad del experimento era que, de los nueve estudiantes, ocho eran cómplices del investigador y sólo uno era el sujeto real del experimento.

Se les mostraba a los participantes dieciocho pares de tarjetas de forma sucesiva. Un ejemplo de esas tarjetas sería la imagen mostrada debajo de este texto, en la que los sujetos debían decir qué recta de la tarjeta B era de la misma longitud que la recta de la tarjeta A:

 

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En las dos primeras pruebas, todos los sujetos responden correctamente. Sin embargo, en la tercera, contestan erróneamente. Al llegar el turno del sujeto real del estudio, podemos observar cómo se amolda a lo que el grupo contesta a pesar de que está viendo que la respuesta es incorrecta, cediendo así a la presión de grupo y sintiéndose parte de él. A continuación, aparece el enlace que remitirá a un vídeo mostrando parte del experimento de Asch: https://www.youtube.com/watch?v=tAivP2xzrng

 

Durante el experimento, pudieron observar que, más que el número de participantes, lo importante era la unanimidad, es decir, que todos estuvieran de acuerdo (aunque la respuesta fuera incorrecta). Las ocasiones en las que el sujeto encontraba a otra persona que no respondía igual que el resto del grupo, tenía más capacidad para defender su postura sin sentirse incómodo.

Según el psicólogo social Serge Moscovici, los principales aspectos que influyen en la presión de grupo son:

  • Las características del sujeto expuesto a la presión grupal.
  • Las características del grupo origen de la presión.
  • La relación entre el individuo y el grupo.

Estos experimentos demuestran cómo nos dejamos influenciar y comenzamos a ir en contra de nuestras propias opiniones con tal de conformar a nuestro grupo social, con tal de conseguir su aceptación. La necesidad de sentirnos incluidos, aprobados o aceptados está presente de forma constante en nuestras vidas, ya sea en la familia, en el trabajo, en el colegio o en nuestro grupo de amigos. Sorprendentemente, la mayoría cedemos a la presión. Es fundamental conocer qué tipo de mecanismos operan cuando nos relacionamos y de qué manera nos vamos adaptando a los diferentes sistemas en los que estamos inmersos, tanto en el sistema más íntimo e inmediato, ´microsistema´ (familia, amigos…), como en el marco más cultural, ideológico, económico y político ´macrosistema´.

Escrito por Ana Gaudioso psicóloga del equipo NB.

Hablamos y hablamos de celos, de estar celos@s. Dejamos de hacer cosas cuando este sentimiento aparece, pedimos a nuestras parejas que sean ellas las que dejen de hacer cosas, bebemos, fumamos, comemos, ligoteamos con otr@s, nos vemos pelis de acción, nos enfadamos… cuando sentimos celos. Para evitarlos, que se vayan. Basta, quiero dejar de sufrir.
Pero… ¿de qué hablamos cuando lo hacemos de celos?

1. En realidad esta palabra es un muro tras el cual se encuentran dificultades diversas como miedo al abandono, inseguridad, sentimientos de inferiodidad o ____ (pregúntate a qué responden tus celos y pon el espacio lo que te venga). Identificar a con qué conectan es el primer paso para comenzar a manejar el malestar que pueden generarte.

2. Los celos tienen que ver con nuestra historia biográfica, estilos de apego, características psicológicas y condicionamientos culturales. ¿Condicionamientos culturales? Pues sí. Uno de los mitos más extendidos en torno al amor es que “Si una persona te cela es que te quiere de verdad”. Esto ha hecho mucho daño al establecimiento de vínculos afectivos sanos, al enlazar necesidad de posesión con amor. ¿Realmente el amor es eso? Los celos NO son románticos.

3. No somos celos@s, sino que hay ocasiones en las cuales no sentimos celos@s. No hagas de esto que te pasa una identidad.
4. Utiliza los celos como una señal de alerta, pero sin proyectar tus miedos en tu pareja. Busca dentro de ti. De esta manera podrás ahondar en cómo gestionarlos mejor. Si valoras que no puedes sol@ aprovecha para pedir ayuda.  Puedes apuntarte a un taller, comenzar psicoterapia, realizar prácticas de meditación, hacer deporte… Cuídate.

5. Habla con tu pareja de cómo te sientes. No desde su culpabilización, sino de una manera productiva. Pídele ayuda, se honest@ y étic@. Podéis crear pactos para ayudaros a la hora de vivir estas experiencias de una manera menos dañina.

6. Y recuerda: “Los celos te pueden llevar a los lugares en los que más necesitas curarte.” Deborah Anapol.  Love without Limits.

Artículo escrito por Ana Moyano, psicóloga del equipo del Centro de Psicología NB

¿ES BUENO HABLAR DE SEXO CON LOS NIÑOS/AS?

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Las preguntas “incómodas” de los niños/as Es completamente normal que a partir de cierta edad, los niños/as empiecen a cuestionarse aspectos relacionados con su propio cuerpo (alrededor de los tres años), la sexualidad básica y las diferencias sexuales y de género (alrededor de los cuatro años). Además, ellos y ellas no suelen tener ningún problema […]