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Nb Psicología

Muchas personas que acuden a un psicólogo refieren quejas relacionadas con la alteración de su bienestar emocional y calidad de vida. Estos síntomas tienen que ver con la presencia de dificultades para adaptarse a situaciones, principalmente en el ambito familiar, social o laboral, que requieren de la puesta en marcha de mayor cantidad de recursos de los que se utilizan habitualmente.

La forma en la que una persona piensa, siente y actua ante un evento determinado tiene que mucho que ver con el conjunto de creencias que se desarrollan en el sistema cultural en el que esta inmerso, la familia en la que se cría y de la que forma parte, las experiencias que vive a lo largo de la vida, la manera en la que se relaciona consigo mismo, con los otros y el mundo, así como de rasgos estables de personalidad que por medio de estas vivencias se van formando, entre otros factores.

Es por ello, que a la hora de llevar a cabo un proceso psicoterapeútico, es importante que el psicólogo no se centre únicamente en los síntomas que el paciente traslada en la consulta, sino que estos sirvan como una señal para evaluar y tomar conciencia de forma más detallada de su guión de vida y la función que cumple esta sintomatología, con el objetivo de comprender cómo se origina y mantiene el problema por el que acude.

Así, cada individuo a lo largo de la vida va formando esquemas complejos con los que interpreta el mundo, a sí mismo y a los otros, que tienen mucho que ver con los patrones de vinculación que establece en la infancia con sus cuidadores primarios, siendo los primeros años de vida fundamentales para el desarrollo cerebral y psicosocial.

En este sentido, es necesario que el o la terapeuta entienda las necesidades propias de cada paciente, y por medio de la relación terapeútica pueda favorecer la reparación de la persona, facilitando una relación de seguridad, en la que predominen muestras de apoyo, validación e implantación de límites adaptativos, que faciliten su proceso de cambio.

Citando a Richard Erskine: “es a través de una relación de cuidado y de comprensión que está en sintonía, una relación que cuida cada una de las transaciones, lo que permite a la persona empezar a curarse, porque es en esa relación donde la persona puede hablar de los traumas, la confusión, la tensión de su cuerpo, es a través de esta relación respetuosa, consistente y empática, que la gente puede empezar a hablar de cosas que antes tenía que negar y ahora puede experimetar en la relación terapeútica, estando de una forma diferente con la otra persona”.

Por lo tanto, por medio de la psicoterapia integradora, la persona que acude a terapia puede experiementar una relación interpersonal adaptativa, en la que se facilita la modificaciñon de los esquemas relacionales internos, se propicia la comprensión de uno mismo y se desarrollan estrategias adaptativas de afrontamiento, permitiendo la reducción de la síntomatología inicial y finalmente persiguiendo la mejora de la calidad de vida.

 

Marta García García

Psicóloga y docente Grupo NB Psicología.

 

Bibliografía

  • Alvarez, F., & Opazo. (2004). La integración en psicoterapia. Barcelona: Paidós.
  • Erskine, R. G. (1994). Shame and self-righteousness: Transactional analysis perspectives and clinical interventions. Transactional Analysis Journal, 24, 86-102.
  • Erskine, R. G. (1998), “Attunement and involvement: therapeutic responses to relational needs.” International Journal of Psychotherapy, 3, 235-244.
  • Erskine, R. G., (2010) “Integrating Expressive Methods in Relational Psychotherapy,” International Journal of Integrative Psychotherapy, 1, 55–80.
  • Erskine, R.G. & Moursund, J.P. (2010). Integrative psychotherapy in action, Karnack Books, London. (Originally published 1988, Sage Publications, Newbury Park, CA & London.)
  • Moursund, J.P. & Erskine, R.G. (2003). Integrative psychotherapy: The art and science of relationship, New York: Thompson/Wadsworth (Brooks/Cole).
  • Wallin, D. (2012). El apego en Psicoterapia, Bilbao: Desclée de Brouwer.

 

ORGANIZA: NB PSICOLOGÍA – INSTITUTO ESPAÑOL DE PSICOTERAPIA INTEGRADORA

Viernes 5 de octubre de 2018 de 16 a 20:30h. PRESENCIAL Y ONLINE

Programa:

Situación actual en psicoterapia: ¿por qué una terapia integradora es necesaria?” Nerea Bárez. Directora de NB Psicología y Presidenta del IEPI.

Sesión clínica. Presentación de un caso desde la perspectiva integradora. Sandra Bermejo. Psicóloga en Paz de Roda, Máster en Psicoterapia Integradora por NB Psicología y UDIMA.

Mesa de debate: “Las estrategias de afrontamiento en la psicoterapia integradora” Marta García. Psicóloga del equipo NB Psicología.

“La importancia de la familia en los trastornos adictivos. Una propuesta integradora” Jose María Cortés. Psicólogo del equipo NB Psicología.

Inscripción gratuita.

Dirección: C/Isaac Peral 14, Bajo A. Madrid. (Sede NB Psicología)

Estudiaste Psicología, ¿para qué?

Has terminado un Máster, o varios, ¿para qué?

La pregunta no pretende ser capciosa, irónica ni hacer daño. Tan sólo pretende que te plantees el objetivo para el que has hecho todo esto. El fin que querías conseguir con ello.

E insisto, ¿para qué?, no ¿por qué? Esta última pregunta nos hablaría de las causas, de lo que nos llevó a tomar esa decisión. Que eso, en este momento, ni importa ni ayuda.

Importa el objetivo, el para, lo que pretendes conseguir ahora que ya lo tienes. El OBJETIVO siguiente. Saber dónde quiero ir para saber hacia dónde empezar a dirigirme.

La Psicología ofrece multitud de posibilidades profesionales. Tener claro a qué quiero dedicarme facilita mucho la tarea y ayuda a conocer la dirección en la que encaminar mis pasos. Como se dice en la obra Alicia en el país de las maravillas, “Si no sabes dónde vas, cualquier camino te sirve”.

Crear tu objetivo para saber el camino a escoger.

Como un artista crea su obra. Visualizando el producto final, teniendo en cuenta los conocimientos y materiales que tiene, las técnicas que domina, los recursos con los que cuenta y los apoyos externos que podría obtener. Y, además, tener claro lo que necesita seguir aprendiendo o adquiriendo.

El producto final, mi obra. Dónde me veo dentro de, por ejemplo, 5 años es una pregunta interesante que nos podemos hacer. Visualizarnos felices y realizados en ese momento. Habiendo conseguido lo que nos hace llevar una vida laboral plena.

Con esa imagen en el horizonte, piensa, ¿qué he tenido que hacer o conseguir durante esos cinco años para llegar allí?

Pasos, pasos, pasos… más que pensar en recorridos largos, piensa en pasos cortos, en pinceladas, que vayan mostrando, visualizando el producto final, tu obra.

Lo que tengo, lo que me falta, lo que me sobra, lo que puedo mejorar.

Las opciones son variadas. Trabajar en un Centro, tener mi Centro, alquilar despachos. Cómo darme a conocer por los Centros, conseguir pacientes, buscar el mejor precio. Adultos, adolescentes, niños. Redactar mi curriculum, crear una página web, buscar posibilidades por toda mi ciudad. Para una cosa u otra, conocer el mercado, la competencia. Las gestiones legales para unas y otras actividades, presupuesto, financiación, ayudas…

Por supuesto, cumplir con la legalidad vigente. Colegiación, seguro de responsabilidad civil, alta en Impuesto de actividades económicas, alta en autónomos, alta en registro de protección de datos… son los requisitos mínimos para el trabajo como autónomo. Si trabajas para otros o decides crear una empresa, varían. La legalidad es primordial.

Para todas esas y más, hay que tener claro que no vale todo. Las decisiones que tomemos deberían irnos acercando al objetivo final.

El objetivo final y los pasos. Los que hemos tenido que ir dando para llegar. Conseguir el siguiente paso es más fácil que llegar al final.

Teniendo en cuenta, además, que nuestra evolución personal y profesional también puede que nos vaya llevando por otro camino. Esas desviaciones también hay que valorarlas y observar si variamos el objetivo o abandonamos el camino que estamos recorriendo. Aprovechar las oportunidades que se nos ofrecen o descartarlas para llegar dónde queríamos.

Las situaciones cambian, nosotros también. Siempre imprescindible tener claro PARA QUÉ hacemos lo que hacemos. Qué queremos lograr.

Juan Carlos Serrano

Psicólogo

Me gustaría reflexionar desde este post sobre dos conceptos, importantes y conocidos por muchos de vosotros, pero que seguramente no los habéis puesto en relación…

El primero de los términos que quiero introducir es el de “apego”. Diferentes autores han ofrecido una definición sobre lo que entendemos por apego; Bowlby (1988) lo definió como “una forma de comportamiento que resulta en el niño como consecuencia de tener y mantener una proximidad con la otra persona, con la que se identifica claramente y de la mejor manera posible”. El establecimiento de un apego seguro permite a los niños explorar el mundo sin temor, y autoconstruirse como personas seguras de sí mismas y de sus capacidades. Por el contrario la constitución de un apego inseguro, esto es, algún tipo de déficit en esa identificación que antes apuntábamos, podría dar lugar a distintos problemas de tipo conyugal, parental (en relación con los hijos), e incluso cuadros psicopatológicos de distinta índole, incluidos los trastornos de la personalidad.

La segunda de las ideas a considerar es la de perfeccionismo. Con frecuencia se juzga esta característica presente en algunas personas como algo malo. A menudo se considera que ser perfeccionista, genera ansiedad, frustración o insatisfacción, pues uno se plantea metas que no son alcanzables o realizables. Sin embargo podemos decir que esto no tiene por qué ser así. En este sentido consideraremos la existencia de un perfeccionismo bueno o adaptado y uno malo o desadaptado. Existen notables diferencias entre uno u otro, pero sin duda una muy característica es la finalidad con la que se persiguen esas metas altas. En el caso del perfeccionismo adaptativo se persigue la satisfacción que produce su consecución, en cambio en el caso del desadaptativo se busca evitar consecuencias negativas asociadas a su no realización.

Las personas con un perfeccionismo adaptativo suelen ser productivas, extrovertidas y creativas mientras que aquellas que presentan un perfeccionismo más disfuncional suelen presentar frecuentemente síntomas de ansiedad, depresión, y rasgos importantes de autocrítica. En este sentido la persona con perfeccionismo desadaptado puede ver comprometida de forma severa su autoestima.

El perfeccionismo desadaptado y apego inseguro comparten la concurrencia de la ansiedad en las personas que los presentan.

Llegados a este punto, cabe preguntarse qué relación hay entre perfeccionismo y estilo de apego. Digamos que los niños desarrollan conductas perfeccionistas al verse en una relación de identificación (relación de apego) con personas que emiten este tipo de conductas. Sin embargo la forma en que se modulen las expectativas parentales dará lugar a un tipo de perfeccionismo u otro. De esta forma elevadas exigencias y expectativas darán lugar al desarrollo de un perfeccionismo adaptativo; por el contrario la demanda de altas expectativas sujetas a críticas, unido a dureza en el trato, un excesivo control y una ausencia importante de conductas de validación, por parte de los padres en el contexto de la relación de apego, dará lugar al desarrollo de un perfeccionismo desadaptado. El infante buscara la seguridad que no obtiene de su relación con su figura referente (madre/ padre), con la emisión de conductas “perfectas”, aunque estas sean a todas luces imposibles de materializar.

La dureza en el trato y las actitudes controladoras de los padres hacia lo hijos son buenos predictores del desarrollo de un perfeccionismo disfuncional. Estos padres suelen presentar un elevado nivel de autocrítica, algo que trasponen de forma efectiva a sus hijos. Son padres con un estilo de apego más evitativo.

En el polo opuesto encontramos los padres con un perfeccionismo adaptativo que alentaran a sus hijos a esforzarse y conseguir sus metas, ganando estos así en confianza y seguridad sobre sus capacidades. Estos padres suelen estar más ajustados a un apego de tipo ansioso ambivalente.

Los primeros años de vida se ven claramente marcados por el tipo de relación de apego que establecemos con nuestros padres y por la forma en que estos nos hacen llegar las expectativas que tienen sobre nosotros. De esta forma el refuerzo positivo y las conductas validadoras favorecerán el desarrollo de un perfeccionismo más adaptado, en el contexto de un apego más ansioso. En cambio la exigencia unida a la crítica, el control (signo de desconfianza en las capacidades del niño) o la dureza en el trato (ausencia de validación de emociones y opiniones; actitudes autoritaria), son ítems que facilitan la constitución de un perfeccionismos más disfuncional, en el marco de un apego evitativo.

Apego ansioso: “Los niños tratan de mantenerse cerca de la figura de apego mientras está presente y exploran muy poco. Hay ansiedad ante la separación (e incluso antes), se muestran muy dependientes de la madre cuando está, lloran cuando la madre no está y luego no logran calmarse ante el reencuentro, la madre no les consigue consolar, se muestran molestos por el abandono por lo que se mantienen cerca de la madre cuando esta regresa pero a la vez rechazan su contacto físico. Son extremadamente cautelosos con los extraños incluso estando presente la figura de apego. Son niños muy difíciles de tranquilizar. Este apego aparece ante madres quisquillosas, incoherentes o que miran en pro de su propia conveniencia (y no la del hijo)”. Fte: http://apegosposibles.com/aprende/apego-infantil

Apego evitativo: “Hay poca ansiedad ante la separación con la madre y poco interés en el reencuentro, no miran a los ojos de la madre, rehuyen el contacto visual. Sí lloran cuando están solos (pero no si hay un extraño). Aceptan que les reconforten los extraños aunque también pueden ignorarlos, pero suelen ser muy sociables con ellos. Este apego aparece ante madres lentas en respuesta a las necesidades del niño y frías (hay poco contacto afectivo).” Fte: http://apegosposibles.com/aprende/apego-infantil

JM Cortés Psicoterapeuta Familiar y de Pareja. Psicologo Sanitario, Col. No M-23501.

El duelo es el proceso de adaptación normal que sigue a la pérdida de un ser querido, y se produce independientemente de la edad que tengamos. No hay dos duelos iguales así como tampoco hay dos personas iguales, pero en el caso de niños y adolescentes, el proceso tiene características particulares:

  • El niño vive rodeado de actividad, y el duelo no implica gran ruptura (como en los adultos) con esta realidad. Siguen haciendo deberes, acudiendo a cumpleaños, entrenando… y es precisamente el mantenimiento de estas rutinas lo que acorta y facilita la elaboración del proceso de duelo de niños y adolescentes
  • Es responsabilidad del adulto ofrecer al menor un espacio en el que poder expresar, si necesita, lo que siente o piensa sobre el duelo. La manera de expresar es diferente: así como los adultos recurren a las palabras, el niño presenta una expresión más corporal y conductual.
  • Los más pequeños tienen una comprensión limitada de la muerte y no han adquirido aún determinados conceptos asociados (que veremos a continuación)

Ante un fallecimiento, es muy frecuente que en las familias asalten dudas como: “¿Se lo decimos al niño? ¿lo va a entender? ¿y si se traumatiza? ¿es malo que nos vean llorar?...”

Dado que la prioridad de los padres es, en muchos casos, proteger a sus hijos, no es extraño que puedan pensar que evitarles el tema de la muerte es la mejor opción. Pero la realidad es que lejos de ahorrarles sufrimiento, se les está apartando de una experiencia fundamental en nuestras vidas. A esto se le une una serie de problemas añadidos:

  1. Callar o dar explicaciones erróneas les genera confusión y por tanto adquieren una idea equivocada de la muerte. En muchas ocasiones, no es necesario que suceda un fallecimiento alrededor del menor, ya que el propio desarrollo evolutivo les hace cuestionarse estos temas, sentir curiosidad… Es importante que puedan elaborar su concepto de muerte y que esté ligado a lo que realmente es.
  2. Pueden sentirse excluidos de tal experiencia familiar (y de los rituales de despedida) y engañados al conocer más adelante la realidad, tan diferente en ocasiones de las explicaciones que se les dio inicialmente.
  3. Evitarles el sufrimiento de la noticia les impide también aprender habilidades necesarias para afrontar los contratiempos que la vida les irá poniendo (y no siempre estarán sus padres para protegerles de ellos)
  4. Si los niños perciben angustia alrededor y resistencias al intentar preguntar por ello pueden pensar: “Papá pone mala cara si pregunto, será que es algo muy malo”. En resumen, en lugar de evitar sufrimiento, se llega a generar el efecto contrario.

Ya que conocemos la importancia y utilidad de comunicar fallecimientos a los menores…

QUIÉN: El niño escuchará esta noticia preferiblemente de sus padres, o en cualquier caso de una persona muy querida y cercana a él. Además, es importante que la persona elegida se vea capaz de comunicar la información de manera triste pero no desbordante, para no asustar.

CUÁNDO: Lo antes posible. Esperar puede dejarles fuera de rituales y complicar el manejo de situaciones posteriores. No hay consenso sobre si los niños deben o no participar en dichos homenajes. En cualquier caso, si lo hacen, les explicaremos previamente en qué consisten, que no son obligatorios y que no pasa nada si prefieren no acudir. Respecto a los adolescentes, puede ser para ellos más triste sentirse apartados de la familia (en un momento en que el sentimiento de pertenencia es tan importante) que la tristeza propia del ritual.

DÓNDE: Se optará por un lugar íntimo, libre de interrupciones, donde el niño se sienta cómodo para expresar sus emociones e inquietudes.

CÓMO: Empezaremos por la información esencial e iremos añadiendo detalles a medida que el niño exprese sus dudas.

  • Se le dirá la verdad, por dura que sea, pero adaptándola a su desarrollo cognitivo. No hay que temer usar las palabras muerte/muerto, ya que es lo adecuado en estos momentos.
  • Le insistiremos en que él no es responsable. El pensamiento mágico de la etapa infantil les lleva a creer que las cosas pasan por lo que ellos hacen.
  • Garantizaremos su seguridad, que no se quedarán solos ni desprotegidos, que sufrirán el menor número posible de cambios…
  • Se le dirá que la persona que ha muerto no va a ser olvidada ni reemplazada. Ayuda para ello hablar de ella, de cómo nos sentimos, de lo que nos gustaba hacer juntos…
  • Les explicaremos la importancia de que expresen lo que sienten. No tienen por qué ocultar sus emociones, avergonzarse, temer preocuparnos o fingir que no ha pasado nada.
  • Procuraremos que adquieran una idea correcta de la muerte y sus implicaciones, informándoles de aspectos que no tienen por qué tener asumidos:
    • Irreversibilidad: los niños suelen ver la muerte como un viaje o un “sueño” más largo de lo normal. Por ello, es necesario hablar expresamente de que la persona ha muerto y no la vamos a volver a ver. Así reducimos también su incertidumbre asociada al momento de vuelta del fallecido, las fantasías asociadas, la frustración de por qué no les ha llevado con ellos…
    • Universalidad: el niño debe saber que todos morimos, pero al transmitir esta idea cuidaremos que no asuman que ocurrirá inmediatamente. Por ello, y sobre todo con los más pequeños, podemos introducirles el concepto de muerte, pero retrasando su implicación para momentos evolutivos en que estén más preparados (ej. “Lo normal es que yo muera cuando tú seas mayor y puedas cuidarte solito…”)
    • Cese de la función: el pensamiento concreto del niño le hace creer que el “cuerpo muerto sigue funcionando” y por tanto ve, escucha, respira… Esto les puede llevar a esperar respuestas o a temer sentirse observados. Por tanto, es nuestra labor decirles que cuando las personas mueren, dejan de oír, hablar, respirar, su corazón no late… aunque pueden seguir vivas en nuestros recuerdos. (ej. “La abuelita ya no está y no podrá venir a hacerte galletas, pero puedes acordarte del sabor que tenían y las veces que le ayudaste a prepararlas”)
    • Hay una causa: aclararles que la muerte se ha producido por una causa física (sin entrar en detalles morbosos e innecesarios) evita que puedan sentirse responsables de ello.

Paula López Rodríguez

Psicóloga del equipo NB Psicología.

El trauma sucede cuando algo es demasiado. Demasiado fuerte, demasiado rápido, demasiado temprano. La mayor parte de las veces, cuando hablamos de trauma, nos vienen a la cabeza experiencias de maltrato, violaciones, accidentes, muertes y no tenemos en cuenta otro tipo de experiencias. Desde la perspectiva de un adulto, muchas de las situaciones que describiremos pueden parecer insignificantes, pero para un niño, vulnerable y sin recursos ante un mundo que no conoce, puede resultar devastador.

Algunas experiencias que se encuadran dentro del trauma oculto o encubierto son:

  • La ausencia de límites: el aprendizaje y el respeto de los límites personales e interpersonales es un sinónimo de cuidado. En los casos en los que los límites no están presentes, los niños no aprender a decir “no”, tienden a hacerse cargo de cosas y asuntos que no corresponden a su edad o por el contrario, no se responsabilizan de lo que sí les corresponde. La ausencia de límites genera inseguridad y desprotección, es como ir un día a trabajar sin saber a qué hora tienes que entrar, cuáles tu sitio, las funciones que tienes que realizar, cómo ir vestido…

 

  • El aglutinamiento: Las dificultades de diferenciación o individuación en las familias tiene como consecuencia que los niños no puedan discernir entre el yo y los otros, pudiendo a llegar a confundir lo interno con lo externo. Vivir las emociones a través de lo que sienten los demás y no de las propias genera una sensación de desbordamiento emocional y frustración, ya que no sólo no aprenderán a hacerse cargo de las propias, sino que es imposible que consigan calmar las de los otros.

 

  • La inversión de roles: Hace los niños se sientan muy valorados como adultos y no puedan ser niños. Recibir mensajes como “es una niña muy responsable” “es muy maduro para su edad” hará que tiendan a ignorar sus necesidades y a cubrir las de los demás. Pueden mostrar dificultades en autocuidado, regulación emocional, no saber protegerse y sentirse invisibles.

 

  • La sobreprotección: es un trauma silencioso que va minando la autoestima, la seguridad en uno mismo y los recursos. Muchas veces se confunde estar demasiado preocupado o atento con amor, sin embargo, la sobreprotección implica carencia de presencia emocional, incapacidad de poder conectar emocionalmente con el otro. Los niños que la reciben presentan mucha inseguridad, miedos intensos e incapacidad para ser autónomos.

 

Las experiencias descritas también son desbordantes, también generan daños en los seres humanos. Aunque puedan parecer más sutiles, a largo plazo pueden llegar a ser incluso más dañinos que los traumas más visibles. Es importante tenerlo en cuenta para poder repararlo de una manera adecuada.

 

Rocío Hernández Bahlsen

La terapia de pareja es un instrumento psicológico utilizado para facilitar a las parejas la resolución de sus conflictos, crisis, diferencias, permitirles una convivencia feliz y mejorar su calidad de vida. Muchas veces se busca a una pareja para encontrar intimidad, apoyo, comprensión, compartir valores y alcanzar juntos objetivos y metas. Sin embargo, es posible que ante la aparición reiterada de conflictos y de expectativas no resueltas se generen fuertes sentimientos de insatisfacción, vivenciando periodos dolorosos en pareja, caracterizados por mucho sufrimiento y malestar (Barraca, 2016), ante los que se necesita buscar soluciones para prevenir la aparición de otras posibles problemáticas como ansiedad, depresión, abuso de sustancias y conductas de riesgo para la salud (Snyder, Castellani y Whisman, 2006).

En la actualidad, la terapia de pareja ha dejado de ser percibida como un recurso al que acudir únicamente ante situaciones desesperadas o de fuertes enfrentamientos, siendo, cada vez más, una de las alternativas a las que recurren las parejas ante sus dificultades cotidianas (Jonhson y Lebow, 2000). En este sentido, existen múltiples estudios metanaalíticos que nos permiten apreciar la gran utilidad que tiene la terapia de pareja para poder reducir las tensiones que se producen en las relaciones (Snyder, Castellani y Whisman, 2006).

Así, la terapia integral de pareja es considerada la evolución de la terapia conductual tradicional (Jacobson y Margolin, 1979). En este modelo, se introduce el concepto de aceptación como premisa fundamental, permitiendo ser la clave que facilita la resolución de los problemas, convirtiéndose en una propuesta más efectiva, que no se basa únicamente en promover el cambio de sus miembros sino en la aceptación emocional entre ambos (Jacobson y Cristensen,1996).

En este sentido, los terapeutas que llevamos a cabo terapia integral de pareja entendemos que cada uno de los miembros de una pareja cuenta con su propia historia y vulnerabilidades que le llevan a presentar una determinada actitud, es por eso que consideramos fundamental llevar por bandera la aceptación incondicional de cada uno de los individuos que forman la pareja. De este modo, se validan las preocupaciones y las experiencias emocionales sin juzgar, acusar o culpar, permitiendo ser un modelo de aceptación para la pareja desde el momento en que deciden comenzar la terapia (Barraca, 2016).

“La resolución de numerosos problemas de pareja se consigue mejor cambiando el contexto en el que se vuelve problemática la conducta que cambiando la conducta problemática” (Koerner, Jacobson y Christensen, 1994, p. 113). Así la terapia integral de pareja de importancia a los problemas que surgen en el presente, pero teniendo en cuenta aquellas circunstancias que afectan a cada miembro de la pareja, es decir prestando atención a la historia personal de cada uno para poder entender el comportamiento y la aparición de determinados conflictos en el presente.

Para Jacobson y Cristensen (1996), los autores que integran el concepto de aceptación en la terapia integral de pareja, el trabajo en aceptación se lleva a cabo por medio de tres estrategias: la unión empática, la separación unificada y la tolerancia. La unión empática pretende contextualizar la conducta de cada miembro de la pareja explicando el comportamiento que genera conflicto como un patrón aprendido a lo largo de su historia personal. De esta forma, ante el dolor que genera una situación problemática, se facilita que la pareja comprenda el comportamiento del otro a través de sus vulnerabilidades y la manifestación de sus experiencias internas (pensamientos y sentimientos), reduciendo la acusación y mejorando la intimidad entre ambos. A su vez, la separación unificada pretende que la pareja tome conciencia del principal problema que presentan, identificando el tema principal e intentando que lo perciban como algo externo a la relación, valorándolo desde fuera de la misma y de los sentimientos propios, facilitando así la proposición de alternativas de solución en común, con las que ambos se sientan beneficiados. A sí mismo, las estrategias de tolerancia pretenden aprender a sobrellevar ciertos aspectos de la conducta problema cuando no se llega a un proceso de aceptación, realizando representaciones de la conducta en consulta, valorando aquellos aspectos que se pueden llegar a tolerar, aprendiendo una forma adaptativa de gestionar dicho conflicto y generando un modelo que se reproducirá después en la vida cotidiana.  

Finalmente, es importante destacar que se han realizados numerosos estudios que arrojan resultados muy satisfactorios y prometedores en relación a la eficacia de la terapia integral de pareja, la cual cuenta con mecanismos basados en la aceptación emocional, permitiendo a los integrantes de la pareja buscar un camino para resolver sus incompatibilidades y mejorar su intimidad, siendo el factor que parece influir en que los cambios y mejoras llevados a cabo en terapia se mantengan a largo plazo (Doss, Thum, Sevier, Atkins y Christensen, 2005).

Escrito por Marta García – Psicóloga Sanitaria colegiada nº M-26434

Bibliografía.

Barraca, J. (2016). Terapia Integral de Pareja. Una intervención para superar las diferencias irreconciliables. Madrid: Síntesis. 

Doss, B.D., Thum, Y.M., Sevier, M., Atkins, D.C. y Christensen, A. (2005). Improving relationships: mechanisms of change in couple therapy. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 73, 624-633.

Jacobson, N.S. y Christensen, A. (1996). Integrative Couple Therapy: promoting acceptance and change. Nueva York: Norton.

Jacobson, N.S. y Margolin, G. (1979). Marital Therapy: Strategies Based on Social Learning Behavior Exchange Principles. Nueva York: Brunner/Mazel.

Jonhson, S. y Lebow, J. (2000). The “coming of age” of couple therapy: A decade Review. Journal of Marital and family Therapy, 1, 23-38.

Koerner, K., Jacobson, N.S. y Christensen, A. (1994). Emotional acceptance in integrative behavioral couple therapy. En Hayes, S.C., Jacobson, N.S., Follette, V.M. y Dougher, M.J. (Eds.), Acceptance and change: Content and context in psychotherapy (pp. 109-118). Reno, NV: Context Press.

Snyder, D. K., Castellani, A. M. y Whisman, M. A. (2006). Current status and future directions in couple therapy. Annual Review of Psychology, 57, 317-344.

La externalización del síntoma es una técnica psicoterapéutica que surge en el seno de la Terapia Narrativa. Fue creada en la década de los 80 por Michael White y David Epston. La Terapia Narrativa hunde sus raíces en la Terapia Familiar Sistémica y entiende la terapia como un proceso conversacional en el que los clientes y los terapeutas co-construyen nuevos significados, historias alternativas, posibilidades y soluciones.

Los pioneros de la técnica se dieron cuenta de que al entrevistar a las familias sobre el problema de los hijos hablaban del menor como si fuera el contenedor de los males, una especie de caja de pandora responsable de las desgracias familiares.  Esta forma de hablar acerca de los problemas o de los síntomas resultaba muy culpabilizadora, se etiquetaba al niño dando por hecho que el problema formaba parte de su identidad, lo que debilitaba las creencias de la familia y del paciente frente al cambio. En un intento de desculpabilizar y fomentar el cambio, White ideó una forma de conversar que separa lingüísticamente el síntoma de la identidad del paciente, “el problema es el problema, no el paciente”. A esta manera de conversar se le dio el nombre de externalización del síntoma  y persigue los siguientes objetivos:

  • Evitar la culpabilización del portador del síntoma
  • Aumentar la responsabilidad de todos los miembros sistema familiar
  • Ayudar a la persona a diferenciarse de las etiquetas diagnósticas (depresivo, hiperactivo, anoréxica, etc.)
  • Combatir la sensación de fracaso que aparece en muchas ocasiones ante la persistencia del problema pese a los intentos de solución
  • Abrir nuevas perspectivas sobre la visión del problema
  • Permitir a las personas abordar de un modo más tolerable los problemas que les atormentan
  • Ofrecer opciones de diálogo, y no de monólogo, entorno al síntoma

 

Cualquier problema que se traiga a terapia puede externalizarse. Emociones como el miedo o la rabia, problemas de conducta, adicciones, la ansiedad,  la timidez, la hiperactividad, etc. Además de separar el síntoma de la persona mediante la lingüística, este abordaje terapéutico nos da la oportunidad de cosificar, personificar o darle forma al problema. Para ello podemos utilizar objetos, muñecos, plastilina, dibujos y cualquier herramienta que pueda ayudarnos a sacar el problema hacia fuera. En este proceso, el problema se convierte de manera explícita y visual en una entidad separada, externa. Cuando puede separarse claramente el problema de la persona, se hace posible explorar a través de preguntas circulares la función del síntoma y la dinámica relacional del mismo tanto con el paciente como con su entorno.

Debido a lo desagradables que pueden resultar síntomas psicológicos como la ansiedad o dificultades relacionales como la timidez, puede resultar extraño pararnos a pensar que puedan servir para algo. Que pese al malestar que generan tengan una función o nos ayuden a algo. Externalizar el problema en cuestión nos da la oportunidad de ver el síntoma en relación. Nos da la oportunidad de preguntarle a la ansiedad desde cuándo está ahí, ¿cuándo vino? ¿para qué vino? Si pudiera hablar…¿qué diría? ¿Qué hago yo cuando tengo ansiedad? ¿me alejo de ella? ¿le doy la espalda? ¿me enfado con ella? ¿intento ignorarla? ¿por qué cree ella que la sigo necesitando? ¿qué tendría que pasar o qué tendría que hacer yo para que la ansiedad no tenga venir?

Escrito por Rocío Hernández – Psicóloga Sanitaria colegiado nº M-29103

BIBLIOGRAFÍA

Beyebach, Mark 24 ideas para una psicoterapia breve. Herder, Barcelona, 2006.

López De Martín, Silvia Roxana TERAPIAS BREVES: LA PROPUESTA DE MICHAEL WHITE Y DAVID EPSTON Facultad de Psicología, Universidad Nacional de Tucumán. Argentina

Mark Beyebach y Alberto Rodríguez Morejón PRACTICAS DE EXTERNALIZACION: LA ENSEÑANZA DE HABILIDADES PARA EXTERNALIZAR PROBLEMAS Master Universitario de Formación de Terapeutas Sistémicos, Universidad Pontificia de Salamanca.

Russell y M. Carey (2004) EXTERNALIZACIÓN: PREGUNTAS MÁS FRECUENTES Capítulo 1 de S. Narrative therapy: responding to your questions. Adelaide: Dulwich Centre Publications.

White, Michael y Epston, D. (1996) Medios narrativos para fines terapéuticos. Paidós, Barcelona, 1996.

Iván Castillo Ledo, Hilda I. Ledo González , Yasiel del Pino Calzada Técnicas narrativas: un enfoque psicoterapéutico

¿Alguna vez te has preguntado de donde sale eso que oyes en tu interior, esa voz de persona sabia que dice cosas como “no deberías”? Las dudas e indecisiones diarias dependen de la lucha entre nuestros diferentes tipos de memoria…Un laberinto complicado que condiciona nuestra toma de decisiones.

 

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) de Hayes, Stroshal y Wilson (1999) forma parte de
las Terapias de Tercera Generación, siendo la más completa dentro de esta 3a ola de terapias. Las
Terapias de Tercera Generación se caracterizan por estudiar los eventos psicológicos incluyendo los
trastornos, como interacciones entre la persona y su entorno, entendidas de acuerdo con el pasado y
el presente del sujeto. Estas terapias emergen por el desconocimiento sobre porque funciona o
fracasa la Terapia Cognitiva, por la existencia de concepciones radicalmente funcionales del
comportamiento y las investigaciones de la función adaptativa que cumplen el lenguaje y el
pensamiento. A este enfoque o perspectiva se le denomina contextualismo funcional, los métodos
y técnicas de intervención suelen ser más indirectos y basados en la experimentación plena de
sentimientos y emociones. Por lo tanto, proporciona una nueva perspectiva de la psicopatología.
Partiendo de esta base la ACT pretende cambiar la manera en la que nos relacionamos con nuestros
pensamientos y emociones negativas a través de la aceptación psicológica del malestar y la
clarificación de los valores personales de cada uno, aumentando así la flexibilidad psicológica.
Mediante metáforas, paradojas y ejercicios experienciales, la persona aprende a contactar con sus
pensamientos, sentimientos, recuerdos y sensaciones, tanto los temidos como otros. Diversos
estudios han demostrado que si tratamos de reprimir pensamientos y emociones que generan
malestar y sufrimiento, es esa represión la que genera un sufrimiento patológico, pues experimentar
malestar es natural y cumple un función adaptativa. Por su parte, en el proceso de clarificación de
valores se trata de delimitar con la persona que cosas son importantes para su vida, donde está y a
donde quiere llegar si las barreras de pensamientos y emociones negativos no existieran, tanto en
sus relaciones de pareja, como familiares,laborales y sociales. ACT busca por tanto generar las
condiciones para que la persona se “de cuenta” de que lo que actualmente hace está en dirección
contraria a lo que realmente quiere.

El objetivo pues será generar un repertorio extenso y flexible de acciones encaminadas a avanzar
hacia objetivos suscritos en direcciones personalmente valiosas, contactando con el presente
plenamente y conscientemente.
La ACT sostiene que la base de los trastornos psicológicos se encuentra en el lenguaje que
generamos, que nos produce pensamientos y sensaciones que vivimos como molestos. Este patrón
de regulación verbal ineficaz se denomina evitación experiencial, y se asienta en una cultura que
promueve la “necesidad de sentirse bien” y, por tanto, de “suprimir el malestar”. El placer y el
sufrimiento son dimensiones del mismo continuo, uno no existiría sin el otro y esta dimensión se

ampliaría por el hecho de ser verbales. La tarea del terapeuta sería romper las reglas verbales no
funcionales como “deja de pensar”, “piensa en algo positivo”, “si no estoy feliz algo va mal
conmigo”.

Las principales técnicas utilizadas en ACT son el uso de metáforas, el empleo de paradojas y los
ejercicios experienciales. Las primeras son efectivas si contactan con la función de la evitación que
realiza la persona, además son fáciles de recordar. Con respecto a las paradojas se resalta la
contradicción de aplicar construcciones verbales a fenómenos no controlables y que proporcionan
resultados paradójicos. Por ejemplo, “No sentir miedo a hablar en público” el resultado que
consigue es el contrario , paradójicamente aumenta dicho miedo. Los ejercicios experienciales
tratan de contactar con el Yo en el contexto donde se dan nuestras acciones y pensamientos,
mientras los acontecimientos se suceden hay una parte de nosotros que permanece en el tiempo, que
es más que lo que se siente en un momento determinado. Una vez se conecta con esta parte se
expone al cliente a los eventos privados desde esa posición. La experiencia es más efectiva que la
argumentación o discusión para mostrar los defectos y problemas que genera el lenguaje.

Por lo tanto los elementos clave en ACT serían:
1. Defusión cognitiva:los pensamientos, imágenes, recuerdos y otras cogniciones no son
reglas que haya que obedecer sino que forman parte de nosotros y podemos cambiarlas hacia
nuestro propio beneficio.
2. La aceptación: mostrarle al paciente que los intentos de control del malestar no le han
llevado más que a aumentar su sufrimiento.
3. Ponerse en contacto con el momento presente: hacer un esfuerzo consciente con lo que
esta sucediendo “aquí y ahora”, experimentar el mundo de forma más directa para que las
personas describan los acontecimientos actuales, en lugar de predecirlos y juzgarlos.
4. Yo- Observador: observar que los pensamientos y emociones son aspectos periféricos de
nosotros, vienen y van pero no son la esencia de lo que somos. Se trata de observar quien
somos realmente y demostrar que no somos lo que pensamos.
5. Tratamiento orientado a valores: clarificar que es lo más importante, qué clase de persona
queremos ser, qué es lo significativo y qué queremos representar en esta vida.
6. Compromiso con sus propios valores: establecer metas guiadas por valores e involucrarse
en acciones efectivas para alcanzarlas.
La ACT se ha mostrado efectiva en varios estudios de caso. La ACT ha sido comparada con
tratamientos cognitivos, tratamientos habituales, condiciones placebo o lista de espera (revisiones
en Hayes,2004, 2004 y Hayes et al., 2004, Hayes y Strosahl,2004). ACT se ha mostrado mejor o
igualmente eficaz que los tratamientos cognitivos al finalizar los tratamientos, pero los pacientes de

ACT se han mostrado mejor en el seguimiento. También ha resultado eficaz para evitar cronicidad y
alterar de forma notable el curso de secuelas y síntomas variados. Estos resultados se han mostrado
en depresión, estrés laboral, sintomatología psicótica, TOC, ansiedad, fobia social, consumo de
drogas, esclerosis múltiple, psico-oncología, tricotilomanía, miedos y preocupaciones, diabetes,
epilepsia, dolor crónico y autolísis (Luciano, Gutiérrez y Páez-Blarrina, 2006).
El análisis de los procesos verbales de cambio implicados en los distintos métodos es un trabajo
iniciado hace años pero todavía insuficiente (Barnes-Holmes et al., 2004; Luciano, Rodríguez y
Gutiérrez,2004). A pesar de estas limitaciones se ha evidenciado la consistencia en la separación de
los pensamientos y sentimientos negativos y las acciones valiosas en la persona (véase revisión en
Hayes et al.,2004) , lo que implicaría un cambio funcional de estos procesos psicológicos sin que se
reduzca su impacto a corto plazo(Luciano, Gutiérrez y Páez-Blarrina, 2006).

Personalmente el punto fuerte de esta terapia en particular y de las terapias de Tercera Generación
en general es la re- conceptualización del término sufrimiento y lo considerado psicopatológico,
concibiéndolo como parte de un proceso mental normal dando respuesta a un contexto anormal.
Otro de los puntos clave ha sido la recuperación de los valores filosóficos promulgados por
numerosos estudios sobre el ser humano que consideran la dimensión sufrimiento-placer como parte
intrínseca de la vida, además de necesario con una función de regulación del organismo.
Por último, el verbalizar y clarificar los valores personales de cada uno posibilita orientar nuestras
actuaciones hacia unos objetivos valiosos.
La gran utilidad de esta terapia no solo sirve para hacer frente a problemas como la ansiedad,
depresión, traumas, adicciones, TCA…etc sino que los elementos de atención plena son eficaces
para cualquier persona que quiera mejorar su rendimiento en el entorno laboral o social. Además el
carácter breve de esta terapia la convierte en un enfoque más atractivo para los que quieran dominar
la atención para algún fin específico.

Debido a la novedad de este enfoque son todavía pocos los estudios experimentales que lo ponen a
prueba y evidencian sus limitaciones. No obstante, ACT promulga que experimentes las emoción y
los pensamientos y que aprendas a vivir con ellos encaminándote hacia donde quieres ir, sin
embargo, si nos vemos continuamente desbordados por nuestra emoción y pensamientos sin un
adecuado manejo no podremos trabajar tampoco en la dirección hacia nuestros valores. Por lo tanto,
siempre es adecuado aprender estrategias que nos permitan cierto grado de regulación emocional.
Así mismo el empleo de técnicas como las metáforas y las paradojas requieren que la persona
disponga de un adecuado rendimiento cognitivo y de lenguaje que le permita extrapolar el
contenido de estas técnicas a su historia personal,personas con dificultades en el pensamiento y en
el lenguaje no se beneficiarían lo suficiente de esta intervención. Por ejemplo, pacientes con
esquizofrenia con fuga de ideas, bloqueo de pensamiento, pensamiento circunstancial, tangencial o
perseverante.

Es mucho el camino que le queda por recorrer a las Terapias de Tercera Generación pero es
innegable su gran aporte al mundo de la psicología dejando de estigmatizar y patologizar procesos
que son normales y necesarios en el ser humano.

“Mónica Loren, psicóloga en prácticas en NB Psicología”

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