El trastorno límite de la personalidad (TLP) es un tipo de trastorno clínico cuya prevalencia se sitúa entre el 1,6 % y el 5,9% de la población general, siendo tres veces más frecuente en mujeres que en hombres.

Este trastorno se caracteriza, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-5), por

  1. Un patrón persistente de relaciones, imagen corporal y emociones inestables en las relaciones, la propia imagen, y las emociones (es decir, desregulación emocional) y pronunciada impulsividad

Este patrón persistente se caracteriza por 5 o más de los siguientes síntomas:

  • Esfuerzos desesperados para evitar el abandono (real o imaginario).
  • Relaciones inestables e intensas que alternan entre la idealización y la devaluación de la otra persona.
  • Una imagen o un sentido de sí mismo inestable.
  • Impulsividad en 2 o más áreas que podrían provocar daños en la persona (p. ej., relaciones sexuales sin protección, atracones de comida, conducción imprudente).
  • Comportamiento y/o gestos suicidas, amenazas o automutilación.
  • Los rápidos cambios en el estado de ánimo, que duran por lo general solo unas horas y rara vez más de unos pocos días.
  • Sentimientos persistentes de vacío.
  • Ira inapropiadamente intensa o problemas para el control de la ira.
  • Pensamientos paranoides temporales o síntomas disociativos graves provocados por el estrés.
  1. Además, los síntomas deben haber comenzado en la edad adulta temprana, pero pueden ocurrir durante la adolescencia.

Estos son los criterios por los que se entiende el TLP. Las personas que sufren este trastorno experimentan un gran sufrimiento y malestar, que además les dificulta el día a día, así como en el desarrollo de su trabajo y relaciones sociales.

Tras este tipo de diagnósticos, nos encontramos en la mayor parte de las ocasiones, con personas que han sufrido situaciones traumáticas. Diferentes investigaciones plantean traumas relacionados con abuso físico y negligencia en la infancia en personas diagnosticadas de TLP.

Es muy necesario un correcto diagnóstico, pues en ocasiones son personas que han sido diagnosticadas previamente de ansiedad, depresión, fobia social, trastorno de estrés postraumático, abuso de sustancias o trastorno bipolar u otros trastornos de la personalidad.

Es también necesaria una medicación pautada por un psiquiatra, siendo preferiblemente acudir a un psiquiatra de referencia que observe la evolución del caso, así como el reajuste de la medicación si es necesario.

El trabajo con estos pacientes debe ser estable, duradero en el tiempo y sólido, donde se pueda hacer una intervención tanto en la sintomatología presente como en el pasado y en las situaciones traumáticas que influyeron en el desarrollo del trastorno. Es necesario un trabajo en el vínculo terapeuta paciente, donde el paciente tenga un espacio personal con alguien en quien pueda confiar, donde se sienta aceptado y recogido.

Es necesario también un trabajo con la familia y el entorno, en el que la familia pueda entender las dificultades asociadas a este tipo de trastorno y tenga pautas para manejar situaciones difíciles consecuentes a la sintomatología del TLP.

Desde NB psicología se plantea un trabajo transversal, entendiendo el TLP no como un diagnóstico únicamente, sino viendo a la persona que sufre esta realidad, para poder acompañar en el autoconocimiento, el desarrollo y la estabilización emocional; realizando tanto un trabajo de la situación actual como del pasado.

Vera Celada

Psicóloga sanitaria en NB Psicología

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