Al nacer un bebé, nace su madre con él. E igual que antes del nacimiento, va el embarazo, también los cambios de la madre comienzan con la gestación.

Todos estos cambios tienen como finalidad optimizar la gestación, el parto y el posparto, para garantizar la supervivencia física y psíquica del bebé (sin comprometer demasiado la salud de la madre).

Este maravilloso engranaje necesita de ajustes en la mujer: cambia su cuerpo, cambia su identidad, cambia su forma de pensar y el contenido de sus pensamientos, y cambia su cerebro.

Ya sabemos para qué cambia el cerebro, pero ¿cómo es esto posible?

El papel de las hormonas

Es posible gracias a las hormonas. No hay momento en la vida del ser humano con mayor revolución hormonal que el embarazo. Las mujeres nos vemos invadidas por ellas (estrógenos, prolactina, oxitocina…), y tal aporte nos hace más eficientes en aspectos que necesitará el bebé.

Mediante estudios con neuroimagen (resonancia magnética) se ha visto cómo ciertas áreas cerebrales se hiperactivan, mientras que otras ven disminuido su funcionamiento.

¿Cuáles son estos cambios cerebrales?

Muy resumidamente, se dan estos dos cambios principalmente:

  1. Hiperestimulación del circuito mesolímbico y mesocortical dopaminérgico. Esta hiperactivación facilita:
  1. El enamoramiento con el bebé. Es el llamado circuito del placer, por lo que cualquier estímulo relacionado con el bebé, hará que la madre sienta atracción. También es el circuito que explica las adicciones, lo que explicaría, por ejemplo, el dolor que siente una mujer a la que se separa de su bebé en el posparto más temprano.
    1. El desarrollo de una sofisticada alerta ante posibles peligros para el bebé. Nos especializamos en detectar riesgos para prevenir problemas a nuestros hijos. Así protegemos al bebé, que depende al 100% de nosotros.
    1. La teoría de la mente. Un bebé, por su inmadurez, necesita de una madre (u otra figura de cuidados) que le “lea”, que le traduzca, que sepa cuáles son sus necesidades y las de respuesta.
  • Reducción del volumen de sustancia gris cerebral. Como si de una obra de jardinería se tratara, las hormonas provocan que la sustancia gris se despeje (reduciéndose las conexiones sinápticas). Esto permite una especialización en los cuidados sin que otras funciones se entorpezcan, es decir, no hay problemas de memoria, aunque erróneamente se ha pensado que sí.

¿Son cambios permanentes?

En primer lugar, hay que explicar que los cambios cerebrales no deben ser entendidos como un envejecimiento del cerebro, si no como una especialización o maduración del mismo.

Y respecto a la duración de los cambios, se sabe que al menos duran seis años tras el parto. Aunque la intensidad de los cambios no es tan notable, no se vuelve a línea base (momento previo a la concepción), sino que se llega a un mantenimiento del impacto cerebral. Todo esto se produce por la huella que el embarazo provoca en el cerebro, pero también por la exposición al niño y por la crianza. Es decir, el cerebro se modifica por el embarazo y por el sistema de cuidados. Esto explica, de hecho, por qué también se han visto cambios en los padres (o parejas), en padres adoptivos…

Por eso, entre otras cosas, se dice que la maternidad cambia. Y así debe ser para que todo funcione. Si algo interrumpiera este proceso, aparecerían problemas que comprometerían la salud física y psicológica de los bebés y las mamás. En estos casos, la ayuda profesional es imprescindible. En NB Psicología contamos con un equipo especializado en Psicología Perinatal que podrá asesorarte con lo que necesites.

Paula López

Psicóloga sanitaria en NB Psicología

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