Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es la principal causa mundial de discapacidad. Se trata de una enfermedad muy frecuente, que tienen aproximadamente 280 millones de personas. La depresión comprende un problema de salud serio, donde el estado de ánimo y las respuestas emocionales que se dan en la persona, se distinguen de otros problemas cotidianos de la vida. De esta manera, cuando la depresión es recurrente y de intensidad moderada o grave, causa un sufrimiento notable en diferentes áreas de la vida de una persona (laboral, familiar, social, etc.) llegando incluso hasta el suicidio (cuarta causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 19).

Actualmente, nos encontramos en una época donde los problemas emocionales cada vez son más frecuentes en las conversaciones rutinarias del día a día. La depresión, junto con la ansiedad, han empezado a ser un concepto normativo en nuestro entorno, pero, ¿cómo sé si lo que me ocurre tiene que ver con un diagnóstico de depresión o con una etapa donde mi estado de ánimo frecuenta más la tristeza?

Sentirse triste es un criterio integral del diagnóstico de depresión; sin embargo, sentirse triste en ciertos momentos o etapas de la vida no conlleva necesariamente el desarrollo de una depresión. La tristeza es una emoción primaria que experimentan todos los seres humanos y son varios los eventos o circunstancias que nos pueden hacer sentir así (una pérdida de un ser querido, una ruptura de pareja o un incumplimiento de expectativas); sin embargo, como todas las demás emociones, una gestión adaptativa de la misma (llorar, tener un espacio para el desahogo o hacer deporte) puede resultar en un alivio de la emoción que rebaja su intensidad sin llegar a producir una disfuncionalidad en la vida de la persona.

Por el contrario, la depresión es una enfermedad de salud mental reconocida y clasificada en el manual diagnóstico DSM-5, que afecta a varias áreas de la vida de una persona, llegando a causar disfuncionalidad. El criterio que distingue con mayor diferencia estos dos conceptos tiene que ver con el tiempo de duración, ya que, para poder ser diagnosticado de depresión, se deben cumplir 5 o más criterios de los siguientes durante más de 2 semanas seguidas, siendo al menos uno el estado de ánimo depresivo o la pérdida de interés o placer:

  1. Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día.
  2. Marcada disminución del interés o placer en todas o casi todas las actividades.
  3. Pérdida de peso significativa sin hacer dieta o ganancia de peso.
  4. Insomnio o hipersomnia casi todos los días.
  5. Agitación o enlentecimiento psicomotores casi todos los días.
  6. Fatiga o pérdida de energía casi todos los días.
  7. Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados casi todos los días.
  8. Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión casi todos los días.
  9. Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida recurrente o una tentativa de suicidio o un plan específico para suicidarse.

A modo de conclusión, podemos decir que lo que distingue a la tristeza de la depresión comprende el tiempo de duración que acompaña a la persona, así como la disfuncionalidad o no que produce en las diferentes áreas de su vida, llegando incluso a ser muy costoso llevar actividades diarias básicas como pueden ser la higiene personal o la alimentación.

Marta Domínguez

Psicóloga sanitaria en NB Psicología

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