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“Tengo miedo al dolor en el parto” “Me preocupa cómo voy a encajar que mi cuerpo cambie” “¿Y si miro a mi bebé y no lo quiero?” “Estoy nerviosa por si me pasa algo a mi o a mi bebé”

Este tipo de miedos y preocupaciones son comunes en las mujeres embarazadas, me las plantean continuamente en la consulta y es uno de los principales trabajos que llevamos a cabo en terapia, además de fomentar el autocuidado, aprender a regular los diferentes estados emocionales, resolver posibles conflictos no resueltos que afloran en el embarazo, mejorar la relación de pareja y favorecer el vínculo con el bebé, entre otros objetivos y demandas.

Como detalla Stern (1998) en su libro “el nacimiento de una madre”, una madre tiene que nacer tanto física como psicológicamente haciendo un hueco a su nueva identidad, aspecto que favorece la actitud maternal. De esta forma, la mama lleva a cabo un trabajo psíquico del que se desprenden ilusiones, sueños, fantasías, cómo será ella como madre, cómo imagina al bebé, cómo llevará a cabo su pareja el rol de padre o madre, y por supuesto aparecen miedos (se está comprobando que también hay cambios a nivel cerebral en el padre).

En las últimas décadas el miedo al parto es algo que se ha normalizado, percibiendo el acto de parir como un evento repleto de riesgos, dificultades y dolor. Autores como Zborowski, que realizó varios estudios en relación al dolor en los años 50, llega a la conclusión de que la percepción del dolor está condicionada por la persona y su educación.

 A su vez, Henrietta Otley (2011) identifica que en los últimos años ha disminuido la confianza de las mujeres en su capacidad para dar a luz, viéndose fomentada por la falta de seguridad en los profesionales obstétricos, contar con baja autoestima, vivir el embarazo y etapas previas con sintomatología ansiosa y depresiva, contar con una red social pobre o dificultades en la relación de pareja, factores que promueven el miedo al parto. Este miedo, a su vez, puede generar un aumento de la tensión corporal y activación fisiológica, favoreciendo una experiencia de parto negativa, pudiendo desencadenar un mayor miedo ante partos futuros o repercusiones psíquicas posteriores como lo que conocemos como depresión postparto.

Por todo ello, es recomendable acudir a clases de preparación al parto, a un grupo donde poder poner nombre a estos miedos y compartirlos, contar con profesionales de la salud con quien nos encontremos seguras, apoyo social y por supuesto buscar un profesional de la psicología que nos oriente cuando estos miedos o preocupaciones no nos dejen disfrutar del embarazo plenamente.  

Marta García García.

Psicóloga Sanitaria del Grupo NB Psicología.

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