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Existe la idea de que una persona es independiente cuando vive solo, tiene trabajo y funciona en el día a día. Pero, ¿es esto una independencia emocional?

Lo cierto es que una independencia física, no implica que emocionalmente seamos independientes. Es por esto que tan importante es una cosa como la otra, y a veces sin esta independencia emocional no se logra la independencia física.

Individuarse nos permite ser libres. Desarrollarnos a todos los niveles. Implica ser capaces de desarrollar nuestra forma de ver el mundo y elegir el camino que queremos tomar. Implica que tomamos decisiones por nosotros mismos y no por miedo o por otras personas. Esto es un camino que se va dando poco a poco, pero el primer paso es saber que todos debemos diferenciarnos de nuestra familia para poder ser adultos a todos los niveles. Vamos consiguiendo individuarnos cuando dejamos a un lado lo aprendido en la familia para poder ir generando nuestra propia forma de ver el mundo y de relacionarnos con los demás.

Pero individuarse va más allá de ser independiente, consiste en generar una idea propia y una forma de relacionarnos con los demás. Habrá influencia del entorno, pero surgirá tras un trabajo personal donde podamos elegir qué valores nos conforman, como nos queremos relacionar con los demás

Imaginar, que tuviésemos que meter en una maleta nuestra forma de ver el mundo, a nosotros mismos, al futuro… Esta maleta estaría cargada de aprendizajes familiares. Algunos de estos aprendizajes nos ayudarían y nos harían crecer, y otros aprendizajes y contenidos debemos crearlos nosotros.  ¿Qué meterías tú en esa maleta?  ¿Qué es lo que tiene y qué es lo que te gustaría que estuviera?  Este ejercicio nos puede ayudar a tomar conciencia del camino que queremos tomar, y hacia donde nos queremos dirigir.

Pero ¿Cómo hacer este trabajo? Es importante conocer nuestras necesidades y deseos. Expresar a todos los niveles. Comunicarnos, sentir, probar, hacer, deshacer… Dejarnos llevar para ver qué nos pide el cuerpo y qué cambios necesitamos. Debemos también aceptarnos a todos los niveles. Nuestras virtudes y nuestros defectos, nuestras fortalezas y debilidades.

Según Bowen, uno de los autores que más ha escrito sobre este concepto, la individuación es el proceso por el cual una persona se diferencia emocionalmente de su familia de origen. Según los hijos van creciendo, la separación va siendo progresiva hasta la adolescencia, donde, si todo va bien, se conseguirá mayor independencia y menos fusión con la familia de origen. Posteriormente, la individuación se irá dando hasta llegada la etapa adulta, donde este hijo elegirá su forma de ver el mundo, sus creencias y opiniones y como desarrollará su vida en la etapa adulta.

Pero esto no implica alejarnos por completo de nuestra familia de origen. Implica sentirnos vinculados y poder relacionarnos con ellos sin sentirnos mal por tomar otras decisiones distintas de las que la familia tomaría, o tener opiniones distintas sobre el mundo.

Ahora, os animo a plantearos ¿Cómo os sentís cuando decidís algo con lo que no está de acuerdo vuestra familia? ¿Cómo reaccionan ellos? ¿Os influye a la hora de tomar decisiones?

Si hay sentimientos de culpa o vergüenza asociados, es importante trabajar en todo esto. Una terapia psicológica nos ayudará a manejar las emociones asociadas a este tipo de situaciones, así como poder tomar las mejores decisiones para nosotros y para nuestra vida. De esta forma, sentiremos que somos auténticos, podremos estar orgullosos de nosotros mismos y podremos tener una relación más armoniosa, tanto con nosotros como con nuestra familia de origen.

Vera Celada, psicóloga

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