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La anosognosia es un término clínico utilizado para referirse a la “no conciencia de la enfermedad”. Esta afectación es una de las posibles secuelas que pueden quedar en las personas tras sufrir un daño a nivel neurológico.

A veces, este síntoma resulta muy confuso para las personas de alrededor, ya que no logran entender como ante la evidencia de no poder utilizar la mano izquierda, la persona no puede reconocer su incapacidad, por ejemplo. Esta situación va acompañada de reacciones emocionales que pueden derivar en conflicto. Os voy a traer un ejemplo ficticio e ilustrativo para que comprendáis mejor este hecho:

Juan y Maria llevan más de 40 años casados, y él siempre se había encargado de realizar los arreglos de la casa. Toda la vida se había dedicado a realizar reformas, algo que él disfrutaba, llegando incluso a construir desde la cero la vivienda familiar. Hace unos meses Juan sufrió un ictus en el hemisferio derecho, afectando a la movilidad y motricidad de su parte izquierda del cuerpo, teniendo además dificultades en la percepción espacial izquierda, unido a la anosognosia. Durante este tiempo, María ya ha tenido que recoger varias veces del suelo a Juan tras subirse a las escaleras para realizar algún arreglo en casa. No entiende como Juan no es capaz de reconocer sus limitaciones físicas. Esto produce conflictos en la pareja, ya que María continuamente intenta ponerle límites a Juan, pero él no los acepta al no reconocer dificultad. Juan está más irascible y enfadado, ya que no entiende porqué su mujer ahora no le deja hacer nada en casa y lo trata como un “inútil”.

En este ejemplo vemos, como ambos miembros de la pareja pueden estar sufriendo en la relación. Se necesita integrar la idea de enfermedad y que esto deje de estar generando conflictos en casa, pero no están siendo capaces. Hay espacio para la confusión en la pareja y una posible atribución del conflicto a las características personales, en lugar de pensar que forma parte de un daño a nivel neurológico. Las parejas se resienten e incluso pueden llegar a terminar en una ruptura de la relación.

Conocer la magnitud de las secuelas de un daño neurológico puede ayudarnos a colocar la responsabilidad en su correspondiente lugar. Puede ser de ayuda conocer las consecuencias a nivel comportamental de esas lesiones o daños. Sobre todo, en este caso, para ayudarnos a construir una narrativa diferente de la intencionalidad de los actos de la persona. Gestionar este tipo de situaciones es una tarea complicada.  Aunque parece que, desde la comprensión del daño, la persona y la situación, es desde el lugar en el que podremos empezar a encontrar una interpretación que nos ayude encontrar algo más de alivio. 

En este ejemplo me he referido a un ictus como el posible origen de la anosognosia y he seleccionado la hemiplejia con parálisis incompleta como trastorno del cuerpo. No es el único origen posible, ya que pueden ser otros los daños, como: la enfermedad de alzheimer y otras demencias, afasias, agnosias y algunos trastornos de la memoria como el síndrome de Korsakoff, entre otros.

Ante este tipo de casos, sería adecuada la presencia profesional de un neuropsicólogo, encargado del proceso de neurorrehabilitación de la persona afecta, así como, el acompañamiento de un proceso terapéutico que ayude a integrar y convivir con la idea de enfermedad en la pareja o a nivel familiar.

Kevin Tito Ortega

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