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FAMILIAS NO CONVENCIONALES COMO CONTEXTOS DE INTERVENCIÓN

Silvia Perea Sánchez

La sociedad española ha experimentado un gran cambio en los últimos años. La familia es la base de esta sociedad, pero su estructura en nuestra actualidad ¿es la misma que hace unas décadas?

La familia es una de las instituciones fundamentales que podemos analizar para valorar este cambio. En ella se ha producido un cambio ideológico en cuanto a los valores que son prioritarios, una transformación económica, en cuanto al reparto de funciones y trabajos entre sus miembros y un cambio demográfico, en cuanto a que la composición de la misma se organiza en unidades u hogares que tienen otro tamaño y otra estructura.

A partir de la Constitución de 1978 cambian los principios básicos sobre los que se asienta la familia, que serán los de libertad e igualdad en las relaciones interpersonales. Se declara la igualdad entre los hombres y las mujeres en todos los ámbitos de la vida social. La diversidad familiar se extiende y se van aceptando con mayor naturalidad las nuevas formas de convivencia. Aumentan los hogares unipersonales, los monoparentales, los de parejas sin hijos y se nombran abiertamente las parejas del mismo sexo. Todas estas formas de convivencia han existido siempre, lo novedoso es la naturalidad con la que se aceptan y su aumento en relación con la reducción del número de hogares formados por parejas que viven con sus hijos. Los cambios que se han ido dando en la fisonomía de la familia han tenido una repercusión muy importante en la sociedad española, pero el cambio que queremos destacar aquí es la evolución de la percepción sobre las familias homoparentales. Sobre aquellas familias compuestas por dos personas del mismo sexo, que cuidan niños biológicos o no y que lo hacen bien, o no, como cualquier adulto.

Es este tipo de familias, las más recientes, las que han suscitado un gran interés en el ámbito de la investigación e intervención psicológica pues al ser un modelo familiar tan reciente, no hay todavía datos suficientes (y para algunos nunca los habrá) que avalen o recelen de su viabilidad.

Pero, ¿qué es una familia homoparental al uso?  Es la familia constituida por dos padres o por dos madres homosexuales. Todo quedaría en una nueva forma de familia si no existiera la posibilidad y el hecho de que parejas homosexuales realicen funciones de padres y madres. No son pocas las personas que no las consideran idóneas para la crianza y la educación de hijas e hijos. La adopción y la maternidad-paternidad de gays y lesbianas suscitan un gran debate profesional y social, aunque existan leyes (en algunos países aún no) que hayan dejado claro el derecho legítimo a ejercer de padres, la sociedad, o parte de ella, no ha otorgado ese derecho por completo. Las parejas homosexuales sufren la discriminación y el acoso no sólo de la sociedad, sino de las instituciones. No son iguales ante la ley y se suelen enfrentar, en la discusión jurídica de su vida familiar, a restricciones en las visitas a sus hijos, pérdida de custodia y prohibición de adoptar, entre otros.

Lo que más parece inquietar a la sociedad respecto de este nuevo modelo de familia no es su propia existencia o su creciente visibilidad social, sino la incidencia que este formato familiar pueda tener en los hijos e hijas que crecen en él; es decir, su desarrollo como persona, y si éste modelo incide negativamente, o no lo hace, en el desarrollo psicológico de los pequeños. Otra traba importante son los estereotipos comunes a este colectivo, que no están respaldados por ningún tipo de información veraz. Las preocupaciones sociales por la proliferación de familias homoparentales se basan en la salud mental de las lesbianas y los gays, aun cuando La Asociación Psiquiátrica Americana se pronunció en 1973 diciendo que “la homosexualidad per se no implica deterioro en el juicio, estabilidad, confiabilidad o en general de las habilidades sociales o vocacionales” eliminando de su Manual de Trastornos Mentales (DSM II) la homosexualidad, que se incluía en la sección de desórdenes sexuales.

Uno de los roles esenciales en la relación cuidador/a-niño/a y una de las claves en el desarrollo psicológico de la persona son las figuras de apego. Los gays y lesbianas pueden ser igualmente adecuadas figuras de apego para los niños y niñas que crían y educan.

Lo que realmente hay que preguntarse es qué es lo que necesita en realidad un niño y una niña. Esta pregunta tiene sólo una respuesta: el niño o la niña necesita a su lado adultos que les quieran, les cuiden, protejan y atiendan sus necesidades. En este sentido y para los niños y las niñas el debate social sobre si los padres y las madres tienen que ser heterosexuales, gays o lesbianas es irrelevante, es un debate que sólo importa a los adultos y que se aleja de los verdaderos intereses de los niños y las niñas.

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