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Vivimos en una sociedad obsesionada con el cuidado del cuerpo a nivel físico. Se da especial relevancia a la belleza, los hábitos alimenticios, el ejercicio físico… pero ¿dónde queda el cuidado a nivel mental? Con esto, no pretendo restar importancia a los cuidados puramente físicos y corporales, soy firme defensora del autocuidado, y de hecho, éstos influyen directamente sobre la salud mental y son imprescindibles. Pero y ¿qué pasa con nuestra mente? ¿Cómo influye la forma de vernos, hablarnos y tratarnos a nosotros mismos? ¿Cómo afecta la manera en la que nos percibirnos?

En la actualidad, uno de los problemas más frecuentes en la práctica clínica son los relacionados con el deterioro de la autoestima. La baja autoestima conlleva una percepción negativa sobre uno mismo, y es un factor que nos puede llegar a limitar mucho en nuestra vida diaria. Sin ser conscientes de ello, la baja autoestima correlaciona con el desarrollo de otro tipo de problemas como ansiedaddepresión, estrés, adicciones, etc. A pesar de que hay muchos factores que influyen en el desarrollo y mantenimiento de estos trastornos, la autoestima es una fuente de la que se nutren todos ellos.

Pero, ¿qué es exactamente la autoestima? ¿Es lo mismo que el autoconcepto? ¿Qué relación existe entre ellos? Te lo explicamos a continuación:

El autoconcepto hace referencia a la imagen que tiene cada persona de sí misma, su personalidad, su forma de ver la vida, ideas, creencias, etc.   Es el propio sentido de identidad, lo que ve una persona de sí misma como individuo.

El autoconcepto está formado por diferentes áreas. Según Mc Kay y Fanning (1999) son 8 áreas diferentes:

  • Aspecto físico: alto, moreno, ojos marrones, …
  • Cómo me relaciono con los demás: (dotes y debilidades en las relaciones) cercano, simpático, dicharachero, extrovertido…
  • Personalidad: (rasgos de personalidad positivos y negativos) responsable, desconfiado, divertido, …
  • Cómo me ven los demás: Culto, desordenado, irritable, …
  • Rendimiento en la escuela/trabajo
  • Ejecución de tareas cotidianas: higiene, salud, …
  • Funcionamiento mental: Capacidad para resolver problemas, creatividad, capacidad para aprender, …
  • Sexualidad: Cómo nos percibimos a nosotros mismos como persona en el ámbito sexual.

Sin embargo, aunque la autoestima se parece mucho al autoconcepto, ésta implica una valoración positiva o negativa de los aspectos anteriormente comentados.  Esto significa que el autoconcepto implica la percepción que tenemos de nosotros mismos y la autoestima es la valoración que hacemos de esas áreas que componen el autoconcepto.

Por tanto, el autoconcepto hace referencia a los aspectos cognitivos del conocimiento de uno mismo, por ejemplo, cómo pensamos sobre nosotros mismos, qué ideas y opiniones tenemos sobre nosotros mismos, sean realistas o no. Y la autoestima hace referencia a los aspectos evaluativos-afectivos, es decir, el grado de satisfacción personal con uno mismo, la forma en que valoro las capacidades y atributos que creo poseer. De esta forma, la actitud de aprobación con uno mismo dependerá de la medida en que se ajusten el yo ideal y el yo real, cuanta menos diferencia haya entre ambos más alta será la autoestima.

Cuando la valoración que hacemos de nosotros mismos es negativa, se produce un desequilibrio entre el autoconcepto y la autoestima y puede afectar a nuestra manera de estar, de actuar en el mundo y de relacionarnos con los demás.

Pero y si tengo una baja autoestima ¿significa que no la voy a poder cambiar? ¿De qué depende que sea buena o mala? Es importante saber que nos formamos esa imagen a lo largo de nuestra vida, desde la infancia. Se forma a partir de las experiencias que vivimos y la forma en que interiorizamos esas experiencias en nuestros esquemas de pensamiento internos. Por lo tanto, es algo que sí es modificable y se puede cambiar. 

Siempre es un buen momento para trabajar y mejorar la autoestima. Al fin y al cabo, seguir fortaleciendo nuestro yo día a día e ir construyendo una identidad y autovaloración fuerte, nos permite relacionarnos mucho mejor con los demás y sobre todo, con nosotros mismos.

¿De qué forma puedo mejorar mi autoestima? Vamos ir paso a paso trabajando nuestra autoestima y para ello podemos imaginarnos una escalera: la escalera de la autoestima.  Para pasar de un peldaño a otro es necesario trabajar y superar el anterior escalón por lo que los pasos a seguir serán los siguientes:

  • Auto-reconocimiento: supone reconocerse a sí mismo, reconocer las necesidades, habilidades, potencialidades y debilidades de uno mismo: cómo actúa, por qué actúa y qué siente. 
  • Auto-aceptación: es la capacidad que tiene el ser humano de aceptarse como realmente es. Es admitir y reconocer todas las partes de sí mismo como un hecho.  

En palabras de Albert Ellis: “Autoaceptación quiere decir que la persona se acepta a sí misma plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta como si no se comporta inteligente, correcta o competentemente, y tanto si los demás le conceden como si no le conceden su aprobación, su respeto y su amor”. 

  • Auto-valoración: la capacidad de evaluar y valorar las cosas que son buenas de uno mismo, aquellas que le hacen sentir bien, crecer y aprender. Es buscar y valorar todo aquello que le haga sentirse orgulloso de sí mismo. 
  • Auto-respeto: expresar y manejar de forma conveniente sentimientos y emociones, sin hacerse daño ni culparse. El convencimiento real de que los deseos y las necesidades de cada uno son derechos naturales. Respetarse a sí mismo ayuda a respetar a los demás. 
  • Auto-superación: cuando la persona es consciente de sus cambios, crea su propia escala de valores, desarrolla y fortalece sus capacidades, se acepta y se respeta; está siempre en constante superación. Por lo tanto, tendrá un buen nivel de autoestima, mejorando la capacidad para pensar y tomar decisiones. 

No olvidemos que la autoestima se debe trabajar y nutrir día a día. Al fin y al cabo, la vida es un vaivén de emociones que afectan tanto de forma positiva como negativa a la forma en que nos vemos a nosotros mismos. Por ello, es importante aprender estrategias eficaces que nos hagan fuertes en momentos de debilidad y nos permitan recuperar el equilibrio cuando nos sentimos más vulnerables. Si crees que necesitas ayuda para encontrar ese equilibrio, no dudes en consultar con un profesional especializado, ya que:

“Usted mismo, tanto como cualquier otro en el universo entero, merece su amor y afecto”(Buda)

– Paula Ximénez de Embún Gómez Universidad Villanueva (MPGS)Prácticas NB Psicólogos  

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