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¿Déficit de atención parental?

¿Déficit de atención parental?

El Déficit de Atención en niños es un diagnóstico popular que la mayoría de la gente conoce. No obstante, hay una variación de este trastorno que ha pasado algo desapercibido, y cuyas características son las siguientes:

Criterios diagnósticos del TDAH-P (Trastorno por Déficit de Atención en Padres)

1. Seis o más de los siguientes síntomas de desatención han persistido por lo menos durante 6 meses con una intensidad que es desadaptativa e incoherente en relación con el nivel de desarrollo de sus hijos:

  • A menudo no presta atención suficiente a los detalles o incurre en errores por descuido en las tareas parentales, en el trabajo o en otras actividades
  • A menudo tiene dificultades para mantener la atención en tareas o en actividades lúdicas con sus hijos, debiendo éstos jugar solos
  • A menudo no sigue instrucciones y no finaliza tareas propias del cuidado parental, encargo u obligaciones en su entorno familiar (no se debe a comportamiento negativista o a incapacidad para comprender las instrucciones, simplemente, no atiende las necesidades de sus hijos)
  • A menudo tiene dificultad para organizar tareas y actividades en lo referente a los cuidados de sus hijos
  • A menudo evita, le disgusta o es renuente en cuanto a dedicarse a tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido, como estar con sus hijos un rato largo, dormir con ellos o atenderles sin estar a la vez entretenido con otras tareas, como la limpieza, cocina, dispositivos móviles o electrónicos o simplemente, sus propios asuntos
  • A menudo se distrae fácilmente por estímulos irrelevantes mientras sus hijos requieren atención (móviles, televisión, etc…)

Seis o más de los siguientes síntomas de hiperactividad-impulsividad han persistido por lo menos durante 6 meses con una intensidad que es desadaptativa e incoherente en relación con el nivel de desarrollo de sus hijos.

  • Hiperactividad
    • A menudo mueve en exceso las manos o los pies o se remueve en el asiento cuando tiene que prestar atención plena a sus hijos o cuando éstos se mueven de acuerdo al nivel de desarrollo que presentan
    • A menudo deja de estar cerca de su bebé cuando éste más lo necesita o en otras situaciones en las que es inapropiado hacerlo
    • A menudo se inquieta excesivamente cuando su hijo salta o corre en situaciones en las que es completamente esperable que lo haga (en los adolescentes o adultos que han sufrido inhibición constante por parte de los adultos durante su infancia,  puede limitarse a sentimientos subjetivos de inquietud)
    •  A menudo tiene dificultades para jugar o dedicarse tranquilamente a actividades de ocio con sus hijos pequeños
    • A menudo ‘está en marcha’ o actúa como si ‘tuviera un motor’ cuando sus hijos requieren su atención
    • A menudo habla demasiado poco con sus hijos de temas relevantes para el nivel de desarrollo de éstos
  • Impulsividad
    • A menudo precipita respuestas antes de haber sido completadas las preguntas por parte de sus hijos, creyendo que tiene las respuestas a todas las preguntas que éstos puedan hacer
    • A menudo tiene dificultades para guardar turno, y a menudo interrumpe o se inmiscuye en las actividades de otros (completa las tareas de sus hijos o les impide que desarrollen su movimiento y desarrollo de manera autónoma)
    • A menudo se irrita con comportamientos normales en un niño pequeño, como que se mueva, llore, se queje o simplemente hable

Este trastorno no se encuentra descrito en ningún manual de clasificaciones diagnósticas. Es más, me lo acabo de inventar, pero para ello no he tenido más que ir sustituyendo dos o tres palabras de cada criterio de la descripción oficial del TDAH  (enlace) No obstante, y aunque no exista oficialmente, es un problema habitual, que puede darse en padres y madres de niños clasificados como “problemáticos”. Una variante de este problema lo sufren algunos maestros de escuelas de niños pequeños, cuando muestran un evidente déficit de atención a las necesidades propias de los niños pequeños de sus aulas. Ambas versiones, generan una influencia muy perjudicial en los niños pequeños y en su desarrollo, pudiendo alterar el mismo hasta el punto de provocar lo que sí cuadraría entonces con un TDAH o incluso, con otros trastornos aún más graves.

Proponer en el futuro DSM este trastorno sería un proyecto totalmente inviable.  Sin duda, realizar una clasificación diagnóstica tan agresiva como la expuesta anteriormente, resultaría sumamente culpabilizante para los padres. Al fin y al cabo, nadie hace esto intencionadamente, y es obvio que la gran mayoría de padres pretenden lo mejor para sus hijos, por lo que ponerles una etiqueta similar podría ser traumatizante y avergonzante. Normalmente, falta mucha información sobre cómo llevar a cabo una crianza desde el apego, no basada en el castigo, y respetando en todo momento la naturaleza de los niños.  Pero, no es justo que esta desinformación genere un daño irreversible en los niños, futuros adultos y padres de nuevos niños.

A modo de reflexión, creo que sería bueno prestar algo más de atención a la parte parental en las clasificaciones diagnósticas infantiles. Si culpabilizaría a un padre recibir este diagnóstico (¿ficticio?) en una consulta de psicología, ¿os imagináis lo que puede hacer sobre un niño? ¿Diagnosticar un trastorno basado en el movimiento “excesivo” y la inquietud?

Personalmente, me ha costado años de profesión y práctica clínica llegar a la conclusión de que tenemos un cajón de sastre cómodo con el diagnóstico del TDAH. Por defecto, los profesionales debemos asumir y aceptar esta etiqueta, y hablar de ella respetuosamente, ofreciendo tratamientos a los niños que la llevan, basándonos exclusivamente en una descripción de síntomas que sin duda, pueden confundirse con el desarrollo de un niño normal. Pero si fuéramos mínimamente sensibles con la condición infantil, y coherentes con lo que sabemos sobre el desarrollo, ¿es realmente un trastorno infantil? ¿es ético extraer de la ecuación en el diagnóstico al sistema familiar? ¿un niño es independiente de lo que sucede en su entorno?

Pueden existir realmente verdaderas alteraciones neuropsicológicas que afecten al desarrollo y que se concentren en el área atencional pero, ¿y si no son más que diferencias? ¿necesariamente un niño que se mueve mucho más que otros o que aguanta menos tiempo de concentración en tareas (declaradamente) aburridas es un niño trastornado? ¿Tiene un déficit de atención o es simplemente una configuración diferente de sus mecanismos de aprendizaje? Empieza a haber evidencia científica en este sentido (http://psicologiayneurociencia.com/2015/08/10/los-ninos-con-tdah-aprenden-con-movimiento/) y seguro se debe a la visión crítica de algunos profesionales con este asunto.  Sea como sea, en las evaluaciones o tratamientos infantiles, nunca deberíamos despreciar la influencia sistémica, por lo que  cualquier diagnóstico de estas características, aunque solo sea por compasión, debería ser un diagnóstico del niño y sus padres compartido.

Artículo escrito por Nerea Bárez (psicóloga)

Comments (8)

  1. F Diaz
    Sep 25, 2017

    Como opinión personal creo que hay un abuso en el diagnostico del TDHA, metiendo en el mismo saco a muchos menores que no debieran recibir medicación. No podemos obviar que ahí quedan englobados niños que simplemente son inquietos, en vista de que los criterios diagnostios tienden a ser excesivamente amplios.

    Cierto es que puede darse una situación en la que haya un trastorno real de TDHA, proceder a la medicación de niños aún en fase de desarrollo me parece, a título personal, excesivo.

    Antes de que se generalizase el TDHA como un trastorno, se contemplaba la existencia de unos niños más inquietos o traviesos que los demás, sin que esto tuviera las repercusiones que tiene hoy día.

    Cabría plantearse la siguiente cuestión ¿Hay que adaptar el sistema educativo a los niños o al revés? Creo que estamos “adaptando” mediante medicación a esos niños para que encajen en el sistema.

    Adjunto un video muy interesante referente a la educación, en torno al minuto 3:34 aproximadamente se hace referencia al TDHA.
    https://www.youtube.com/watch?v=WbOtm0zkxLQ
    Un ejemplo, de una charla TED sobre un famoso caso de una bailarina, que hoy día seria diagnosticada como TDHA.
    https://www.youtube.com/watch?v=KqRDCheMCqo

    La situación se escapa de las manos, esto va más allá de una sensación subjetiva, como muestra esta noticia que alertaba sobre un exceso en los diagnósticos.
    https://elpais.com/sociedad/2013/04/02/actualidad/1364903542_739753.html

    Creo interesante mencionar este artículo en el que se comentan de forma más amplia y detallada algunas de las controversias asociadas a dicha clasificación diagnostica.
    https://revistas.unimilitar.edu.co/index.php/rlbi/article/viewFile/963/705

    Para finalizar, no hay más que ir a un centro escolar para comprobar como algunos menores toman medicación, los padres de esos niños no la tomaron y tan mal no les ha ido.

    • María del Carmen Gil Prieto
      Sep 28, 2017

      En cuanto a la pregunta que planteas, no sé si habría que cambiar o amoldar el sistema educativo. Probablemente estos niños deberían recibir más apoyo en el colegio, pero donde sí habría que cambiar sería en la forma de educar y de estar “más encima” como por ejemplo con los deberes. Estos niños se cansan de estar sentados en la silla leyendo un libro o haciendo ejercicios por lo que los padres no deben dejar libertad absoluta para que se levanten cuando les plazca y no retomen el trabajo. Siempre debe haber descansos pero los padres deberían velar por que sus hijos se acostumbraran a terminar las tareas y así estarían contribuyendo a su educación y aprendizaje.

  2. María del Carmen Gil Prieto
    Sep 28, 2017

    En los últimos años está habiendo un sobrediagnóstico del TDAH y esto puede ser por el afán de crear una patología con problemas normales tanto de la infancia como de la adultez.

    Creo que lo importante no es verificar si el TDAH existe o no, sino identificar a aquellos niños que tengan dificultades para compensarlas lo antes posible e identificar las condiciones psicosociales que les envuelven.

    Es normal que los niños se aburran de prestar atención a la misma tarea durante un tiempo, que quieran moverse, que interrumpan conversaciones de otros para llamar la atención… pero estas conductas no deberían dar derecho a etiquetar a un niño en una entidad diagnóstica.
    En ocasiones, los padres sienten un alivio al escuchar este diagnóstico en su hijo porque sienten que les libera de la culpa y les resta responsabilidad en cuanto a su comportamiento. Por lo tanto, son muchas veces estos padres quienes, sin saber, sugieren que se les ponga la etiqueta.

    Es cierto que estos niños mejoran en atención, por ejemplo, con medicación, igual que si yo tomara anfetaminas para estudiar toda una noche. Pero esta mejoría es artificial y deberíamos luchar porque a estos niños y a sus padres se les enseñaran otro tipo de técnicas educativas con el mismo fin.

    http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20141020/abci-trastorno-deficit-atencion-201410171200.html

    https://www.fundacioncadah.org/web/noticia/decir-que-el-tdah-no-existe-es-una-irresponsabilidad-y-una-temeridad.html

  3. ROCÍO BAZO
    Oct 2, 2017

    Hola, buenas noches,

    me ha parecido interesante el artículo. Solo habiendo leído el título me podía imaginar lo que venía detrás, me ha gustado verlo desarrollado. Nunca había leído nada parecido, pero en seguida he conectado con esa idea, a lo mejor no tanto la parte del DSM literal, pero que por supuesto no hay que dejar de lado lo que este trastorno, y la etiqueta, implica a nivel familiar, y no solo como consecuencia, sino como causa, como círculo vicioso, más bien. Podría poner muchos artículos que vayan en la línea contraria, pero creo que no tendría mucho sentido, porque no los apoyo.

    En resumen, con lo que he leído hasta ahora del TDAH, me quedo con la idea que quiere transmitir este último artículo.

  4. Mónica Lorén
    Oct 3, 2017

    Bajo mi punta de vista creo que actualmente es un trastorno sobrediagnosticado en los niños y esta condición puede agravar la problemática del niño que lo padece. Por un lado, exculpa de responsabilidad a los padres proporcionando una “explicación científica” al comportamiento de sus hijos visto desde el punto de vista de la enfermedad, de esta manera tantos padres como niños son sujetos pasivos y la solución es externa a ellos (medicación), y por otro lado, puede llegar a proporcionar una justificación atribuida internamente, estable y global que puede condicionar la manera en la que el niño se relaciona con el entorno a largo plazo. Además de todo esto el mecanismo psicológico de la Profecía Autocumplida es susceptible de actuar en este tipo de casos. Según el sociólogo RobertK. Merton quién acuñó el termino lo define como:

    “Una profecía autocumplida es una falsa definición de una situación o persona que evoca un nuevo comportamiento, el cuál hace que la falsa concepción se haga verdadera. Esta validez engañosa perpetúa el error. El poseedor de la falsa creencia, percibirá el curso de eventos como una prueba de que estaba en lo cierto desde el principio”

    http://saberpsicologia.com/articulos/habilidades-sociales/la-profecia-autocumplida-o-efecto-pigmalion/1667

    Por eso considero una irresponsabilidad profesional diagnosticar o encasillar a un niño sin tener las evidencias suficientes solo porque encaje en una serie de criterios diagnósticos que ofrecen una explicación y un alivio de la ansiedad a corto plazo pero un problema mayor a largo.

    Considero que tanto los padres como la escuela deben asumir más responsabilidad en este tipo de casos y desde la psicología optar por un abordaje diferente, más enfocado en las virtudes que en los inconvenientes.

    Y creo que sería interesante plantearse algunas cuestiones relacionadas con todo esto, ¿A quién afecta más esta problemática? ¿al niño que lo padece o al malestar que genera en los padres el hecho de pensar que es su responsabilidad? Y muy en la línea con mi compañera Irene, ¿esta enferma la escuela focalizandose y premiando el tipo de conocimiento lógico-matemático e ignorando el resto? o considerando que lo correcto es sentarse y guardar silencio durante 50 minutos mientras el profesor habla sin fomentar el dialogo y el pensamiento crítico.

    Existen casos graves de inatención e hiperactividad y que pueden ser el síntoma de una alteración neuropsicológica y creo que precisamente por este motivo es una irresponsabilidad atribuir estos problemas a niños que simplemente tienen un funcionamiento diferente y probablemente necesiten otras vías de estimulación. A lo mejor es simplemente un niño con características distintas a las que la sociedad actual dictamina que son las adaptativas.

  5. Irene de Miranda
    Oct 3, 2017

    Me ha parecido muy interesante la propuesta. Me gustaría opinar a dos niveles:
    – Sobre el modelo etiológico del “trastorno”. Lo más aceptado hoy en día es que se trata de un trastorno multifactorial. Se considera un trastorno heterogéneo con diferentes subtipos, resultado de las distintas combinaciones de los diversos factores de riesgo (genéticos y ambientales) que actúan conjuntamente.
    Para ver un resumen cortito de la etiología del TDAH:
    https://www.researchgate.net/profile/Xavier_Gastaminza2/publication/234129189_Etiologia_del_TDAH/links/0912f50f6ec1f08360000000.pdf

    Si bien los científicos no han encontrado un marcador biológico definitivo para este trastorno (en realidad, no se ha encontrado aún para ningún trastorno mental de manera unívoca y definitiva), se quita importancia a los factores psicosociales, por no estar demostrada tal relación (es decir, que o bien no se ha estudiado lo suficiente o bien los resultados (aún) no son definitivos). ¿Acaso son unos factores más importantes que otros, a igual nivel de pobres conclusiones validadas científicamente?
    Sobre este tema, relación entre genética, individuo y sociedad, este artículo es muy interesante:
    https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=7&ved=0ahUKEwj5v7OFhdDWAhVCbVAKHWodB1cQFghMMAY&url=http%3A%2F%2Fhist.library.paho.org%2FSpanish%2FBOL%2Fv118n3p254.pdf&usg=AOvVaw3mofk-QJauKbEXf-40Y7_P

    Entonces, nos queda integrarlo todo bajo un enfoque biopsicosocial (Engel, 1977) enmarcado dentro de la teoría de sistemas, que aplicado a la psicopatología infantil nos lleva a entender que es en la confluencia entre estos 3 tipos de factores, cuando puede aparecer el trastorno.
    Para una discusión sobre el concepto de salud y el modelo biopsicosocial, entre otros:
    http://www.redalyc.org/html/2990/299022819009/

    En realidad, esto no es más que decir que niños con ciertas particularidades cerebrales funcionales (en las funciones ejecutivas, por ejemplo), en la interacción con un ambiente determinado: prenatal, perinatal, exposición a infecciones y sustancias nocivas, nutricional, y también psicosocial (dinámica familiar, estilos parentales, interacción social, medio escolar…), no desarrollan un funcionamiento estándar que se manifiesta en los criterios diagnósticos (por ejemplo DSM 5). Por lo tanto, el problema no está en el niño, ni tampoco en la familia o la escuela. Lo que no parece adecuado bajo este esquema, es buscar los síntomas sólo en el niño, que es el que se considera “enfermo” o “trastornado”. ¿Está enferma la escuela cuando permite una única forma de aprender, basada en los resultados en pruebas estándar, en la reproducción del contenido más que en el proceso de aprendizaje?, ¿Está enferma la familia cuando no establece normas simples, coherentes y estables que regulen el funcionamiento familiar en el día a día? Parece más lógico que circunstancias adversas múltiples configuran una forma de funcionar del niño, que a su vez influye en su medio, generando formas de trato, que a su vez influyen de nuevo en el niño.
    Para mí, el estudio del sistema etiológico de los síndromes es más importante que el uso de los sistemas clasificatorios, porque se puede considerar que éstos utilizan categorías que estigmatizan y unifican a los niños. ¿Es necesario clasificar a un niño con trastorno TDAH?. Al respecto, son muchas las voces que hablan de un “síndrome TDAH”, donde a través de una evaluación exhaustiva llegamos al conocimiento del problema concreto de cada niño, pues no todos los niños con TDAH tienen las mismas dificultades a nivel social, problemas de rendimiento escolar, comorbilidad con otros trastornos (ansiedad, depresión, trastornos de conducta…), etc. Así, no habría un trastorno, sino una condición individual, que en algunos casos derivará en un trastorno o no. Yo no soy experta en este trastorno, pero cuando leo o escucho a los expertos que trabajan en el día a día con ello, comentan que el TDAH se expresa de manera diferente en cada niño, en función de otras variables psicológicas (nivel intelectual, carácter internalizante o externalizante…), del entorno escolar (adaptación curricular o no, etc..) y familiar (estilo parental, pautas de crianza, desarrollo del apego, habilidades comunicativas, atención e interacción con el niño…), etc…

    – Más allá del tema de si hay o no trastorno, tenemos el tema del tratamiento. Bajo un modelo médico o biologicista, se prescribe medicación a los niños para mejorar su “rendimiento académico, familiar…”, lo que supone un dilema ético a mi entender. Por ejemplo, ¿podemos dar medicación para que los niños rindan más en el deporte? ¿Cuál es el límite? Con el lanzamiento de nuevos fármacos a partir de 1997, se les hace gran publicidad y se multiplica un 40% el uso de los mismos. Además, el trastorno se justifica y se valida por la propia reducción de los síntomas asociada al tratamiento farmacológico. Son muchas las voces que se alzan criticando la relación entre los sistemas diagnósticos y la industria farmacológica (Allen Frances, Brett Deacon, Robert Whitaker…)
    Igualmente, la psicopatología, heredera del modelo médico, tiene una tendencia a achacar a factores internos las causas del trastorno: ver en el individuo “trastornado” déficits, disfunciones en la función psicológica (perdón por la redundancia), como causa del trastorno. A partir de ello, se proponen técnicas o tratamientos que reparen la disfunción subyacente. Cuando por otro lado, vemos que distintos tratamientos o técnicas que apelan a diferentes mecanismos tienen igual eficacia, (o ninguna, sin la variable relación terapéutica). Creo que identificar causas múltiples que interactúan entre sí, nos permite trabajar a varios niveles en el tratamiento y la prevención. Si la herencia es inamovible (hoy por hoy), nos queda el nivel psicológico (entrenamiento para mejorar el funcionamiento cognitivo por compensación, regulación emocional, autocontrol, habilidades sociales…). Y fundamentalmente nos queda la prevención y la intervención a nivel psicosocial con la familia y la escuela.
    A modo de conclusión: me gustaría ver una evolución desde los sistemas de clasificación de trastornos a una visión más global de los mismos. El propio concepto de trastorno, además, se rige por determinados criterios objetivos (orgánicos, funcionales), pero también, subjetivos (cómo se siente la persona con sus síntomas) y socioculturales (lo que se considera adecuado en un momento histórico y en un contexto cultural…). Por ejemplo, se ha demostrado que hay un factor de heredabilidad alto del TDAH, lo que nos lleva a preguntarnos, cuál fue el valor adaptativo en los millones de años de la evolución de nuestra especie de estas características, (junto con otras presentes en otros síndromes como los del espectro autista, etc….) para que hayan llegado hasta nuestros días. ¿A qué comportamientos adaptativos para la especie estuvieron asociados estas características diferenciales? ¿Cuál es el potencial de este tipo de personas? ¿Cómo podemos ayudar a las familias y a la sociedad a aprovechar ese potencial?

  6. Cristina Sesma de Hoyos-limón
    Oct 5, 2017

    El artículo me ha parecido interesante por el hecho de darle “otra vuelta de tuerca” al diagnóstico del TDAH. Mi única formación o experiencia sobre este tema se reduce a lo que me han podido enseñar en el Máster de Psicología General Sanitaria y a mi experiencia en las prácticas en el Grado de Psicología. En esas prácticas, estuve trabajando con niños diagnosticados de TDAH con 8 y 10 años y debo decir que hasta que no convives de cerca con estos niños, no sabes realmente como funciona.

    Desde mi humilde opinión creo que cuando se trata de niños deberíamos tener principal interés en ellos y en sus necesidades y no dejarnos llevar en muchas ocasiones por lo intereses sociales o los de los propios padres. Para mí, es importante destacar a la industria farmacéutica en este asunto, ya que detrás de este aparente trastorno neurobiológico, existen muchos intereses económicos de vender medicamentos y de que las personas se perciban a ellas mismas como enfermas de por vida. Como bien dice este artículo, si somos capaces de tener en cuenta como podrían sentirse los padres si se les diagnosticara un trastorno similar, ¿por qué no estamos igual de sensibilizados con los niños?.

    Actualmente pienso que se está dando una tendencia a patologizar la infancia y los problemas de la vida en general. Nos estamos acostumbrando a obtener todo lo que queremos de inmediato y a no ver las posibles consecuencias que todo ello puede acarrear. Este diagnóstico se está convirtiendo en un “efecto ansiolítico” para los padres. Se está consiguiendo dar a los padres una explicación desculpabilizadora que los empuja a no responsabilizarse de lo que le pueda estar pasando a su hijo. Todo ello además, con la percepción de control con respecto a sus hijos con el tratamiento pertinente que este trastorno lleva consigo.

    A mi parecer nadie tiene en cuenta los efectos de estos fármacos ya que son los primeros que limitan la posibilidad de aprender habilidades y de superar dificultades. Es exageradamente perjudicial y muy injusto, que un niño desde su temprana edad, tenga que asumir que para mejorar su estado mental, físico y su ambiente familiar, va a tener que medicarse y depender de ello toda la vida.

    Termino diciendo que este problema no es más que el reflejo de ambientes y dinámicas familiares poco funcionales. Digamos que el niño sería el síntoma de que algo no esta marchando como debería. Y hasta ahora las terapias han demostrado que trabajar sólo con el síntoma no soluciona el problema verdaderamente.

  7. LANDER AGIRRE ETXEBARRIA
    Oct 6, 2017

    Existe una gran controversia en torno al TDAH que mantiene dividida a la comunidad científica. Por un lado hay quienes defienden la existencia de dicho trastorno, siendo ésta la patología neurocomportamental infantil y juvenil más frecuente en la actualidad (Cardo y Severa, 2008). Por el otro nos encontramos a aquellos que refieren que el término TDAH es una invención y por tanto se trata de una “enfermedad ficticia”.

    Antes de nada conviene mencionar un hecho importante que ha influido en la medicalización del comportamiento humano: el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM). Surgió con la idea de ser una herramienta para facilitar el diagnóstico y el tratamiento de los distintos trastornos mentales mediante la clasificación de los mismos; también con la idea de crear un lenguaje común entre los profesionales de la salud mental que facilite la comunicación entre ellos, indistintamente del modelo teórico o de la corriente de la que provengan.

    Desde la aparición de la primera edición del manual se han publicado otras 5 más y cada vez son más las nuevas patologías que se están añadiendo. Indudablemente es una herramienta necesaria y muy potente en el mundo de la psiquiatría y psicología, no obstante debemos ser cautos en nuestro intento de patologizar todo comportamiento humano. El hecho de que un niño sea movido, confronte a sus padres o profesores, desobedezca, no atienda en clase o no cumple con las tareas escolares no implica que su conducta deba ser modificada o suprimida mediante fármacos y desde luego no demuestra la presencia de un trastorno.

    Según los últimos datos publicados por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) el 7% de los niños lo padecen, o mejor dicho, han sido diagnosticados con TDAH. Si atendemos a estas cifras progresivamente crecientes, casi “epidémicas”, resulta inevitable formularnos la pregunta: ¿existe dicho trastorno o es una “invención” que origina grandes beneficios económicos?

    En ausencia de biomarcadores cognitivos, metabólicos o neurológicos que aporten datos contrastados sobre la existencia del TDAH, el diagnóstico se basa en unos criterios que, en mi opinión, carecen de entidad clínica. Se basan en la observación por parte del padre o del profesional, de determinados criterios o parámetros que los niños “normales” se supone deben cumplir. ¿Pero cuál es la frontera entre lo normal y lo patológico? Tal y como afirmó Krishnamurti “no es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.

    Aquí dejo un enlace muy interesante que plantea el dilema de lo que es normal o patológico y sobre como algunas enfermedades pueden ser inventadas por conflictos de interés
    http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/viewArticle/1869/2018

    Con esto no pretendo negar que éstos niños tengan problemas que deban ser abordados pero desde luego ponerles una etiqueta diagnostica no siempre es lo más adecuado. Estas valoraciones clínicas pueden influir en la manera en que gran parte de los padres y profesores ven a los niños que tienen que educar y en la manera que ellos se perciben a sí mismos. Por consiguiente, el hecho de catalogarlos como “no sanos” o como fuera de lo normal, les puede llegar a incapacitar socialmente (Golden, 1991).

    Considero que los padres y en menor medida los profesores son las personas que tienen el control para tomar decisiones que influyen en la vida y la salud mental del niño y por tanto, su sintomatología puede estar relacionada con determinadas carencias afectivas de los adultos, que no satisfacen por completo sus necesidades.
    Gran parte de estos individuos podrían desplegar todo su potencial en un entorno más seguro, cercano, en el que se sienta atendido y se tengan en cuenta sus intereses e inquietudes. No obstante resulta mucho más interesante encontrar una anomalía cerebral que justifique o exima al padre de toda responsabilidad en lo que le pasa al niño.

    En cualquier caso no creo que la solución esté en medicar al niño; un fármaco puede una disminuir su nivel de actividad o puede aumentar significativamente su capacidad de atención, pero en ningún caso va a eliminar los problemas de base que provocaron que el niño se comportara de una forma inadecuada. Por tanto creo que es necesario alejar el foco de atención de la biología o la genética y apuntar hacia los elementos que envuelven la vida del menor y por ende, que repercuten en su comportamiento.

    Un último enlace, de cinco especialistas de distintos campos que debaten acerca de los temas más controvertidos en torno al TDAH.
    http://www.comunidad-tdah.com/noticia/tdah-un-problema-que-requiere-ayuda-se-llame-como-se-llame

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