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Si digo sexo…

Imagínate una escena de película. La cámara enfoca a dos personas a los pies de una chimenea. Se besan, acarician y desnudan lentamente bajo una mullida y cálida manta. Poco a poco, la cámara va desplazándose hacia la puerta de la estancia… hasta que finalmente, la escena de funde al negro.

Piensa durante unos segundos y responde:

  1. ¿Qué sexo tienen nuestros protagonistas?
  2. ¿Qué práctica sexual se te ocurre que llevarán a cabo?

Voy a intentar adivinar vuestras respuestas:

  1. Mujer y hombre.
  2. Coito

La capacidad predictiva de nuestras respuestas viene de la mano del concepto de imaginario sexual. ¿Qué es el imaginario sexual? Algo así como un concepto generado culturalmente sobre qué es la sexualidad y quién la practica. Este imaginario compartido socialmente es heterosexual, coitocéntrico y restringido a cuerpos con una edad y unas características concretas (jóvenes, esbeltos, sin discapacidad etc.), es decir, es exclusivo y limitante.

¿Tienen sexualidad las personas mayores, con discapacidad, entre dos mujeres u hombres, o tres o cuatro, tienen sexualidad las personas que sobrepasan el peso ideal que promueven los cánones de belleza establecidos? La respuesta es sí. Pero desde la publicidad, prensa, cine, literatura y un largo sin fin de trasmisores culturales, los cuerpos y personas que se relacionan con la sexualidad tiene unas características concretas. Además de unas prácticas concretas.

Entonces… si yo os digo que pensemos en sexo, lo primero que me pasa por la cabeza es coito. Esto no es bueno ni malo en sí mismo. Únicamente resulta de un aprendizaje determinado. El problema es cuando efectivamente, nos terminamos creyendo que el sexo es coito. Esto sería algo así como pensar que la comida únicamente es la pasta y que el resto de alimentos sirven para acompañarla, como mucho. Así me haré pasta de muchas maneras (además, la pasta está muy rica), pero me perderé los potajes, el pescado al horno, un buen cus cús y un largo etcétera de los maravillosos manjares que la dieta mediterránea me proporciona.

No nos limitemos. Tenemos bocas, lenguas, manos, codos, pies, ojos, nariz, mejillas, cuello y una extensa piel susceptible de erótica. Y esta piel, es el órgano de placer más grandioso que existe en nuestra anatomía. Os animo a aprovechar al máximo las múltiples opciones de disfrute que vuestros cuerpos os brindan.

Así pues… ¿Qué vas a comer hoy?

Escrito por Ana Moyano psicóloga del equipo NB.

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