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ESTÁ BIEN, PERO…!

¿Cuantas veces has oído algo parecido? Es posible que nunca lo hayas pensado, de hecho, lo más probable es que hayas convivido con esta frase durante toda tu vida sin reparar en su significado nuclear. La mayoría de las personas que conoces han usado este tipo de reconocimiento alguna vez, incluso es posible que tú mismo seas un usuario habitual de la citada expresión. Si eres padre o madre, puede que pienses que no hay nada de malo en una frase que entiendes que busca señalar aquello en que tu hijo debe mejorar. ¿Qué madre o padre no quiere que su hijo sea mejor que uno mismo? Creo que todos conocemos la respuesta.

Pero entonces, por qué dedicarle un post a una idea que cuenta con tanta aceptación social. La reflexión que aquí se plantea va dirigida a la forma en que usamos esta expresión. Como muchas cosas en la vida, un uso habitual o sistemático marca la diferencia. Miremos por unos instantes a aquellos tiempos en que éramos niños y tratemos de identificar situaciones en las cuales creemos haber escuchado esta frase. ¿Son muchas o pocas? Tal vez podamos identificar como nos sentíamos en aquellas ocasiones. Ahora, volvamos al presente y pensemos si creemos tener cierta dificultad en dar por terminada una tarea, o en sentirnos satisfechos cuando hemos alcanzado un objetivo (a pesar de haber recibido halagos a nuestro trabajo por parte de otras personas). ¿Vemos entonces cierta relación entre el número de ocasiones en que hemos oído, sufrido esta expresión y lo exigentes que somos hoy en día con nosotros mismos?

Llegado este punto, puede que te empieces a considerar una persona un poquito autoexigente y, sin embargo, no recuerdas que tus padres usaran muy a menudo expresiones como a las que aquí nos referimos. Te sería de utilidad saber que una falta de reconocimiento sistemático es un buen motivador para que las personas intenten llegar a una meta que difícilmente dan por alcanzada (pues rara vez han escuchado fórmulas como “bien hecho” o “buen trabajo”). Por ello, en un intento de satisfacer esta meta no definida, has aprendido a esforzarte más y más en tu día a día.

En esencia, cuando nos otorgan el reconocimiento seguido de un “pero” (el cual lo inhabilita) o bien cuando nos niegan todo tipo de reconocimiento a nuestro esfuerzo, nos están mandando un único mensaje: No es suficiente, debes seguir esforzándote! De esta forma, entiendes que la única forma de obtener un reconocimiento pleno es logrando la perfección en aquello que realizas. Sin embargo, lo perfecto es algo tan subjetivo como la razón por la que tenemos un color favorito, preferimos un estilo de música, etc… Durante nuestra crianza necesitamos referentes que nos indiquen cuándo hemos alcanzado un buen trabajo, dando de esta forma la meta por alcanzada. Sin embargo, una vez que ya somos adultos, de nada nos sirve que una persona nos diga que algo está perfecto si nosotros no lo tenemos interiorizado como tal debido a las continuas críticas recibidas (está bien, pero…) o a la falta de reconocimiento explícito cuando éramos niños. Las personas que juzgan lo que hacemos solo serán conscientes de que hemos realizado un trabajo perfecto cuando nosotros mismos así lo consideremos.

Escrito por Jose María Cortés  psicólogo del equipo NB.

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