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Y LO S HOMBRES,¿NO SUFREN TRASTORNOS ALIMENTARIOS?

En la actualidad todo el mundo ha oído hablar de los trastornos alimentarios. No hay quien no conozca directa o indirectamente a alguien que tiene o que ha convivido con alguno de estos problemas. Y lo cierto es que la mayoría de estos trastornos suelen ser comúnmente asociados a mujeres. Tal es así que el boletín epidemiológico de la comunidad de Madrid de Agosto de 2012, indica que el 90% de los ingresos por Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) corresponde a mujeres.

Uno de los principales factores de inicio y mantenimiento de los trastornos alimentarios es la insatisfacción corporal. Ésta se define como la disconformidad y evaluación negativa del propio cuerpo. Viendo la escasa incidencia de los TCA en los hombres habría que preguntarse si la mayoría de los hombres están conformes con su propio cuerpo. La respuesta a esta pregunta es, inevitablemente, que no.

La insatisfacción corporal produce en la persona un malestar significativo. Esto trae consigo que, en determinados casos, las personas afectadas desarrollen ciertas conductas para paliar esos sentimientos negativos que albergan sobre sí mismas y su imagen corporal. Esta insatisfacción se da cuando nos encontramos con un canon de belleza o un modelo ideal con el que no nos sentimos identificados y con el que no podemos evitar comprarnos. Comparación que, en la mayoría de las ocasiones, resulta desfavorable. Y aunque resulta que esta desconexión respecto del canon de belleza imperante no tiene porqué degenerar en la adopción de conductas nocivas, sí es uno de los caminos más comunes hacia este tipo de problemas.

En el caso de la mujer, el ideal que la sociedad impone es el de la extrema delgadez. La persecución de este ideal lleva a muchas mujeres a adoptar prácticas como los vómitos o la restricción alimentaria. Prácticas que parecen quedar justificadas por la consecución del gran objetivo; adelgazar hasta parecerse a las famosas de turno.

Sin embargo, ¿qué pasa en el caso de los hombres? El ideal al que hoy quieren aspirar nuestros compañeros masculinos es un cuerpo 0%. Es decir, un cuerpo musculado y grande pero sin pizca de grasa. Teniendo en cuenta que la meta que quieren conseguir difiere a la de las mujeres, parece lógico pensar que las acciones que realizarán no serán las mismas. Por lo tanto, éstas no encajarían en la clasificación de anorexia o bulimia.

En lo que a alimentación se refiere, hombres y mujeres tienen algunos puntos en común. Para conseguir su “cuerpo perfecto” ambos suelen recurrir a una baja ingesta de determinados tipos de alimentos, o incluso a su exclusión total de la dieta, para evitar así tanto engordar como aportar las tan indeseadas grasas al organismo. Sin embargo, se diferencian en otras muchas.

En el caso de las mujeres, se suele dar la restricción alimentaria o purgar cuando se intenta conseguir la deseada talla 0. Por el contrario, esto a los hombres no les resultaría útil. Para lucir los cuerpos musculosos que se proyectan desde los modelos masculinos imperantes en la sociedad, se suele dar también una restricción de la ingesta de grasas. Pero esto suele estar acompañado por el consumo de alimentos o suplementos que ayuden al desarrollo muscular y no de conductas orientadas a reducir el peso y por lo tanto la masa muscular.

Otra de las cosas que ambos sexos podrían compartir sería la utilización del deporte como método para conseguir sus metas. De nuevo las mujeres podrían utilizarlo, junto con una dieta escasa, para reducir todavía más la grasa acumulada y lograr quitarse esos “kilos de más”. Mientras que los hombres, para alcanzar el aumento del volumen corporal y muscular, acompañarían el deporte de una dieta libre de grasas y abusarían de los suplementos alimentarios como los batidos de proteínas. Y en algunas ocasiones también es común que se acuda al consumo de sustancias médicas muy perjudiciales para la salud –si se usan si regulación médica- como los esteroides anabolizantes.

En casos extremos y cuando la salud comienza a estar en riesgo, este tipo de comportamiento en los hombres podría dar lugar a un trastorno llamado vigorexia. Aunque en la actualidad este trastorno no está contemplado dentro del manual diagnóstico de los trastornos mentales (DSM) como un trastorno en sí mismo, se están llevando a cabo numerosas investigaciones para clasificarlo puesto que, de momento, no encaja en ninguna de las clasificaciones existentes en dicho manual.

Aun así, parece compartir muchas características con los trastornos alimentarios clásicos (anorexia y bulimia). De hecho, cuando empezaron a aparecer casos de hombres que se preocupaban de forma exagerada por su cuerpo y que usaban la alimentación y el ejercicio de una forma poco adecuada en aras de conseguir un cuerpo musculado, se comenzó a llamar a esta alteración “anorexia inversa”.

Ambos tipos de problemas, tanto los trastornos alimentarios clásicos como la reciente vigorexia, parten de un mismo conflicto de base, la insatisfacción corporal. Por tanto, parece sensato pensar que éstos sean la consecuencia de la insatisfacción corporal de la que hablábamos, en interacción con otras muchas variables, tanto personales como familiares, sociales, etc. Esperaremos a ver qué resultados encuentra la investigación al respecto.

Artículo escrito por  Carlota Bravo Psicóloga en prácticas en el Centro de Psicología NB.

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